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SEMANARIO: Soy Chola y me pagan por madrear

A sus trece años se gana la vida a puño cerrado. Su furia la ha convertido en una leyenda en su secundaria. Ella, es una de las causantes de los 50 estudiantes golpeados que ingresan cada semana a la Cruz Roja. Aquí sus confesiones

Por: Francisco Rodríguez
28-Abril-2008 (00:00 a.m.)
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Torreón, Coah.- Le dicen Chola y ese será su nombre para esta historia. Chola ha decidido confiarme cómo gana dinero, con la condición de que no diga su nombre, no le tome fotos y no diga dónde estudia. ¿Su argumento?: que no la corran de su escuela.

Si no cumpliera con esta condición, me golpearía o quizá el día de mañana le hablarían para más trabajos, o quizá para su mala suerte, alguna de sus víctimas podría identificarla para vengarse. Y es que el trabajo de Chola, es un trabajo sucio: golpear estudiantes de secundaria hasta hacerlos llorar. La cuota: de 300 a 500 pesos, dependiendo del contrincante.

Cuando Chola sale de la secundaria pública de su colonia, viste pantalones y playeras holgados, pañuelo en la frente y unos zapatos de charol a los que llama bombitas. Y cuando la ocasión lo amerita, usa una malla en la cabeza para que no la reconozcan. Chola mide cerca de 1.65 metros, es morena y fornida como un roble.

“Nada más ve uno dinero y quiere más y más. Me acuerdo la primera vez que vi el billete, dije ¡ah cabrón! así de fácil”, narra Chola desde la banca de un parque en Torreón.

Chola viste un pantalón de mezclilla tan guango como los de un payaso de circo, una blusa negra de tirantes, un crucifijo grande y unos Converse.

-¿Y cómo empezó todo?, pregunta este reportero.

- Todo fue por una apuesta que me hicieron unas amigas, de brincar unos barandales. Como gané la apuesta me hice famosilla.

- ¿Sólo por eso?
-Es que jugábamos futbol americano y me las chingaba con puros madrazos. A todas las sentaba. Luego vinieron de otra escuela y nos dijeron que no valíamos madre, me empezaron a decir La Chola. Pinches culeras, no sabían en la que se metían. Desde ahí nos peleábamos.

Fue entonces que un estudiante de tercero de secundaria le echó el ojo. “Me dijo: ‘mira, hay un joto que me está chingando, quiero que te lo agarres’. Ah chingados, a mí que me dices”, le contestó Chola.

El estudiante le propuso 200 pesos. Chola le contestó jugando, sin saber hasta dónde llegarían sus palabras: “Yo no cobro 200, yo cobro 400 o 500, dependiendo de quién sea”.

Y el chavo, a quien Chola no conocía, la buscó al siguiente día con un billete de 500 pesos: “Llegó y me dijo, ‘te lo doy ahorita o cuando termines el trabajo’. Yo le dije que me los diera”.

“Yo llegué y le dije al joto: ‘mira, está pasando esto’. Y el joto me explicó que él era el que lo molestaba. Y le dije: ‘mira me quedo con el dinero y mejor me sueno a este viejo’. El jotillo me dio 300 pesos”.

- ¿Y por qué pasó eso?
- Me hice amiga del joto. Y así quedó. El joto se me hizo muy padre y el otro, el Jonatan, no me cayó muy bien, pero no le hice nada.

Así fue como Chola, en dos días se embolsó 800 pesos sin ensuciarse las manos.

‘Para mí no es juego, por eso cobro’
Pero esto no es un juego, semanas después, Tino, a quien Chola llama “El joto”, la buscó. “Allá en Prefema (una escuela) no me bajan de joto. Hay un chavo que no me baja de puto y ahí están mis primas”, le dijo a Chola.

Esta vez fue distinto. Chola le dijo que 500 pesos o nada y al final Tino aceptó. Fue entonces que Chola visitó aquella escuela con el aire de una luchadora profesional, con la mirada muy en alto, dicen que caminaba como sintiéndose dueña de las calles.

Chola pensaba que su víctima sería “un mugrerillo de chavo”, como ella misma dice. Preguntó por Edgar y le dijeron: “Sí, es ese chavo güero que está allá”.

“Pero cuando lo veo, es un altote, ponchado. Me dio miedo, dije chingados ahora qué hago. Nada más veía el billete y decía: pues bueno a ver qué sale”, relata Chola con un tono de orgullo.

Chola se arrimó con el chavo, le preguntó si era Edgar, sólo para cerciorarse. Le pidió un cigarro y Edgar se lo dio. Después el muchacho se buscó el encendedor y en eso ¡pum!, Chola lo golpeó en los genitales.

Chola narra: “Le metí una patada en los bajos. Nada más me volteó a ver sacado de onda. Yo le pegué con las famosas bombitas, los zapatos de charol. Le di una patada a todo lo que me supo. El chavo se cayó de rodillas, nunca me había peleado con un chavo, puras mujeres. Cuando le di la patada me temblaron las piernas, entonces lo que hice fue darle tres chingazos en la cara con el puño cerrado. Antes de que reaccionara salí corriendo. Él ni me conocía”.

Después, Chola regresó a la escuela de Tino. “Ya wey, si quieres ir a verlo”, le dijo Chola. Al siguiente día, cuando se toparon Tino y Chola, él le dice: “te la mamaste, éste wey está internado, le inflamaste todos su esos”. Cuenta Chola que al principio se asustó, pero sabía que debía tener una imagen, un respeto. Tenía que guardar su lugar. Y le contestó: “Para mí no son juegos, por eso cobro”. A partir de ahí, las chavas del barrio comenzaron a pagarle a Chola por trabajitos.

‘Las he mandado a la cruz roja’
La mecánica de Chola es básica: Llega y pregunta “¿tú qué eres de esta chava?” y normalmente le dicen: “Esa chava me caga”. Y a partir de ahí se las agarra a madrazos. Pero eso sí, siempre cobra por adelantado. Recuerda que en una ocasión le pidieron que golpeara a una chava que era hija de una muy amiga de su mamá. 300 pesos el trabajo. La razón: andaba de volada.

“Llegué y le dije: qué chingaos traes tú. Sólo me decía: ‘vas a ver con mi mamá’. Y eso me daba más coraje. Pobre de ti si le dices a mi mamá, estúpida.”. Y Chola la agarró del cabello, la golpeó y la dejó ahí tirada.
- ¿Qué golpes son los que más usas?, pregunto a Chola.

- Chingazos en la nariz y patadas en los bajos, tanto a mujeres como hombres.

- ¿Y cuáles son las razones por las que te piden madrear?
- Unas por celosas, que porque les quieren tumbar a sus viejos. Otros sólo por chismosos.

- ¿Hasta dónde han llegado tus golpes?
- He mandado chavas a la Cruz Roja. Pero con esos madrazos a unas se les quita lo mensas.

- ¿Y qué les dices?
- Les digo: mira estoy aquí porque quieren que te ponga una chinga, ya sabes por qué o por tal chavo. Nomás acuérdate que no debes estar de piruja. Las tengo en el piso, las agarro del pelo y les meto un madrazo en la nariz.

- ¿Qué encargos te han hecho?
- Me dicen, quiero verla con su pinche ojo moradote y con el hocico reventado. Yo siempre les digo: ‘mira yo hago este jale y este jale, pero si por alguna razón ves a esta chava igual, tú me chingas a mí’. Siempre me dicen: ‘Estás loca, no mejor te regalo el dinero’. Así me acostumbré.
- ¿Y qué haces con el dinero?
- Me compro mis playerotas guangas o mis pantalones

‘QUE AL CABO NO ME VOY A MORIR’
En una ocasión, unas chavas de la prepa de la Laguna, llegaron con Chola y le dijeron que le iban a poner una golpiza. Le aseguraron que tenían a una chava que la iba a dejar peor. “Tráeme a la que tú quieras”, les respondió Chola.

“Aún así me dieron nervios, decía ‘nada que quedo en vergüenza. Quién será esa vieja. Con que no me baje la reputación de chingona”, cuenta Chola.

- ¿Es decir que te importa más no quedar en vergüenza que terminar en el hospital?
- (Risas). Sí, es el orgullo. Yo he sobresalido. Yo y otro chavo somos los más chingones de la escuela. Cuando llegó a la hora, las chavas llegaron en un coche y le dijeron: “Ahora sí cabrona, ya llegó quien te va a chingar”. Cuando esa persona se bajó del coche, por un momento se miraron perplejas, incrédulas de quién estaba de frente: era la hermana de Chola.

Chola recuerda entre risas: “Llegó la chava y era mi hermana la que supuestamente me iba a golpear. Llega y me dice: ‘qué haces aquí’; y yo le contesté pues que estaba esperando a la vieja que me iba a chingar. ‘Yo soy esa vieja, wey’, me dice. Entonces las chavas le gritaron: ‘chíngatela, es esa’. Pero mi hermana les respondía: ‘cómo me la voy a chingar si es mi hermana, pendejas’”.

La hermana de Chola es, como dice ella misma, “la más chingona de la otra escuela”. En otra ocasión, cuando le pagaron por golpear a un hombre, éste se le adelantó: “órales, que te pagaron para que me chingaras, órales qué esperas”, le decía el chavo mientras se le cuadraba a Chola. En eso Chola, con el colmillo de una peleadora callejera, le dijo: “¡cómo chingas!” y de la nada se sacó su cinto y ¡pum!, con los 35 centímetros cuadrados de hebilla le dio de lleno en la boca. “Le tumbé un diente”, dice engreída Chola.

- ¿Alguna vez te has sentido mal?, le pregunto a Chola.
- Nunca me sentí mal porque todas las veces son chavas que las veía y me caían mal. Con el jotito sí me arrepentí.

- ¿Qué piensas cuando peleas?
- Siempre digo: ‘Nomás me voy a pelear, que al cabo no me voy a morir’.
- ¿Esto existe en muchas secundarias y prepas?
- Secundarias, principalmente. Una vez una chava perdió a su bebé porque peleaba embarazada y se le vino.
- ¿Y crees que alguna vez se acabe este tipo de actos?
- Las chavillas son bien celosas, esto nunca se va a acabar.

Mientras Chola platica, imagino a sus víctimas tiradas en el asfalto, gritándole: “¡Ya déjame, ya déjame, suéltame, perdóname! Llorando no sólo por el dolor, sino también por estar en esa escuela, por haber conocido a tal chavo o tal chava. Y Chola riéndose de ellas, gritándoles: “¡Cállate, si no quieres que te deje peor!”.

Y Chola jamás se ha vuelto a topar con sus víctimas. Asegura que si eso sucede, y le empiezan a gritar, les respondería.

En la escuela, Chola asegura ser una leyenda. La Prefecta, dice, sabe todo de ella y guarda su distancia. “La que se quiera pasar de lanza conmigo va a valer madre”, dice Chola en un tono desafiante.

- ¿Qué sientes que todo la escuela y a sus alrededores te conozcan?, pregunto a Chola.

- Siento padre, pero sí de repente siento el remordimiento de pobrecitos y pobrecitas; si ellas no tenían nada conmigo, pero pues fue por dinero.

Al final, Chola se retira del parque con la frente en alto. Ha pasado una semana desde su último encargo. Su larga cabellera ondea de un lado a otro. A lo lejos escucho que empieza a chiflar, como tarareando una canción. Chola se pierde entre las calles.

50 lesionados por semana
El doctor Luis Flores Chibli, Director Médico de la Cruz Roja de Torreón, confiesa que cada semana ingresan a la institución de 50 jóvenes de edades que oscilan entre la secundaria y la preparatoria.

Esta estadística representa de un 10 a un 15% de incremento a comparación de años anteriores. Así mismo, confiesa que un 35% de los jóvenes que ingresan son mujeres, cuando en años anteriores sólo abarcaban de un 10 a un 15%.

“Hemos detectado que las muchachas se nos han incrementado más por atención de lesiones infligidas. Recibimos desde casos leves hasta personas bastante lastimadas, lo que nos llama la atención es que cada vez vemos más mujeres más jóvenes que se ven involucradas en riñas, pleitos por golpes contusos o inclusive por armas”, comenta el médico.

El director médico de la Cruz Roja comenta que ya ha escuchado sobre el fenómeno del pago a estudiantes para golpear. Expresa: “Había escuchado de eso. Por un lado se ha incrementado este tipo de personas lesionadas intencionalmente, por fines diversos, ya sea por pago o por algún otro”.

- ¿Cuáles son las principales lesiones?, pregunto al médico.

- Golpes contusos, rasguños y heridas cortantes. Otros más graves son las lesiones penetrantes de tórax o de abdomen o traumatismos encefálicos que ya requieren mayor cantidad de hospitalización. Cada vez hay mayor intoxicación alcohólica en jovencitas de 14 años.

El médico agrega que las adolescentes lesionadas que llegan, arriban con amigos, familiares e incluso ha habido quienes arriban con el maestro de la escuela, lo que respalda el fenómeno.

Luis Flores remata: “En el caso de las chicas, llegan con una alteración emocional muy fuerte que hay que tratar, además de las lesiones propias”.

Autoridades ignoran pleitos
La profesora María de la Luz Ríos Orta, Coordinadora de Secundarias Generales en la Región Laguna de la Secretaría de Educación del Estado, comenta que desconoce tal fenómeno, pues asegura que nadie le ha hecho llegar un reporte.

Manifiesta que el estilo que se da en las secundarias generales debería permitir a los directores que se dieran cuenta de tal situación, debido que se cuenta con trabajadoras sociales, orientadores: “Forzosamente cuando alguien se pelea por ahí afuera tiene que llegar el reporte, a lo mejor indirecto, de que se pelearon y las orientadoras investigan”, insiste Ríos Orta.

“Si no fuera por los directores todavía, los inspectores ya me lo hubieran reportado; ellos están constantemente en las escuelas, cualquier situación anómala vienen y me lo reprochan”, explica.

Aún así, la profesora declara: “De entrada tendríamos que admitir que hay algo de lo que usted me comenta, me pone en alerta. Hay manera de poner manos a la obra”.

“Tendría que ver con mi gente qué está pasando. La propia experiencia me dice que nadie va a hacer por mí lo que yo no haga por mí”.

Así mismo, exhorta a los estudiantes a reflexionar sobre sus actos: “Hacia dónde van esas personas, van a otro campo muy peligroso. Todos a los que se les induce a intoxicarse, creo que esto va para lo mismo, porque al rato te haces como un gángster, al rato no va a ser ella la que se pelee sino va a tener su equipo de peleadoras. Lo vamos a investigar”.

Piden vigilancia
Para el profesor Arsenio Zamora, director de la Escuela Secundaria Federal No. 5, “José Vasconcelos”, el fenómeno de los pleitos afuera de la escuela es la realidad de nuestro entorno.

“Ese fenómeno no lo vamos a negar; han venido a golpear estudiantes aquí en frente. Vienen a golpear a los alumnos por cuestiones personales, a veces los esperan en la parada del camión. No negamos que sí vienen a golpear a los muchachos. Pero no hemos sabido que se les pague para golpear a otras personas”.

Confiesa que la problemática no es nueva y que sucede en todas las escuelas. Además reclama que no existan policías, que no haya ni un guardia: “Hemos necesitado que esté una patrulla y no llega”, dice.

De igual manera, comparte que los videos que han detectado donde golpean a las alumnas, son situaciones que se han resuelto con los padres de familia.

El director de la escuela recuerda un caso: “Tuvimos un muchacho de la banda de guerra que tenía una novia en la Unión (Ejido de Torreón), pero pues se pelearon y vinieron acá y se desquitaron con los estudiantes de la Unión. Es el tipo de problemas que tenemos. Pero no sé si se les pague”.

Así mismo, el director Zamora se queja que afuera de la escuela se venda cocaína y marihuana. Asegura que han decomisado esas drogas en la escuela. “Aquí hay muchas pandillas, seguramente existe lo que comenta. Pero lo que nosotros hemos detectado son los problemas de amenazas, de venta de estupefacientes. Esto es el pan de todos los días en las escuelas. Aquí hasta se brincaban a vender la marihuana”.

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