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Semanario: Memorias de mis putas tristes a la pantalla grande

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  • Redacción
  • 12-Octubre-2009

  • Él dice:
    Primero quiero decir que hasta la fecha, todas las adaptaciones que ha habido de las obras de Gabriel García Márquez han sido muy malas y ése debería ser el primer motivo para impedir que se adapte como guión cinematográfico una novela que además no es muy brillante.

    Aclarados los puntos, vayamos a la discusión que se ha dado las últimas semanas. Resulta que el Gober Precioso quiere poner un millón de dólares, del bolsillo de los poblanos para financiar esta cinta donde un hombre octagenario pide a sus contactos que le consigan a una menor de edad, de preferencia virgen.

    Las feministas de Puebla ya interpusieron una demanda en contra de quien resulte responsable por ser ésta una historia de apología del delito.

    Yo creo que el Nobel puede escribir el tema que quiera, la ficción no es censurable. Lo que me parece de telenovela es que el Gober Precioso quiera lavar sus culpas y las de sus amigos con una historia donde un hombre mayor se enamora de una menor de edad por la que pagó.

    Gay dice:
    Las putas de Gabo están tristes y no es para menos, un grupo de feministas han pegado el grito en el cielo cuando se enteraron que la novela de Gabriel García Márquez iba a ser llevada a la pantalla grande, eso no hubiera sido mayor problema si no es por que el estado de Puebla se apuntó como productor de la cinta. Y pues resulta que el “Gober Precioso” quiere hacer otro regalito a su amigo Succar Kuri: plasmar a 24 cuadros por segundo a una jugosa niña virgen que servirá para saciar los deseos de un viejito cachondo que quiere despedirse de la vida loca. Cuando esta historia salió en forma de novela (la verdad ni está tan buena) no escandalizó a nadie, ¿por qué? Porque se trata de una obra de ficción y porque una obra literaria no debe tener límites ni censura, que refleja una realidad cruel y dolorosa, pues sí ¿y qué?, que hace apología de la porstitución infantil, sí ¿y qué? Al menos a mi no me dieron ganas de violar a una niña virgen después de leerla, ¡Dios me libre! Lo que me parece  una estupidez es que en este país donde no hay industria fílmica, se pare un proyecto por la temática que retrata: eso se llama censura.

    Ella dice:
    Definitivamente Lydia Cacho debió haber existido cuando la meca del cine permitió la adaptación cinematográfica de la novela Lolita. Una joya del cine, dicen unos, literatura que el celuloide elevó a otro nivel, aclaman otros. Apología del crimen, diría Cacho, quien convivió con adolescentes, casi niñas, abusadas sexualmente por adultos; más aun, adultos poderosos.

    Sólo las víctimas de una red de pederastia entienden en toda su magnitud la indignación de la periodista al enterarse que el productor de esta adaptación recibirá dinero de un Gobernador que protegió a quienes abusaron de la confianza, la inocencia, la necesidad y la pureza de menores de edad.

    Cierto que García Márquez es un gran literato, cierto que es incuestionable su talento, pero debe saber que hay mujeres que no deseamos ver en pantalla grande a otra Lolita para deleite de los pederastas. Menos aún, pagada por el “Gober Precioso”. De concretarse el proyecto, la premiere de la cinta será un tributo cinematográfico a la impunidad.

sc

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