- Recibe las últimas noticias suscribiéndote a nuestro Newsletter
- Cambiar email Política de privacidad
|
|
|
|
|
|
A pesar de que el 70 por ciento de los maestros reprobaron vergonzosamente el Examen de Oposición, quienes obtuvieron las calificaciones más altas siguen sin un lugar en la SEP. Aquí le presentamos las historias de Soledad, Imelda, Margarita, Víctor Ramón y José María, quienes, con su boleta de aprobación en mano, pasan buena parte del tiempo haciendo fila afuera del Sindicato a la espera de un sí, en lugar de estar dando clases en las aulas.
En los pasillos de la Sección Quinta del SNTE todos los días hay maestros sin empleo, algunas son chicas bien vestidas o jóvenes en corbata; hay quienes están ahí desde muy temprano y se van pasadas las 18:00 horas, a veces más tarde. Todos esperan una plaza magisterial, algunos desde hace dos años, cuando presentaron y aprobaron el examen de oposición.
“Tenemos que estar aquí, por si sale algo”, platica una joven en minifalda y maquillada como si fuera a una fiesta. Como ella, la mitad de los que suben y bajan las escaleras del edificio ubicado a una cuadra de la Normal del Estado, ni siquiera presentaron el examen, el resto, carpeta en mano, continúan exigiendo un derecho ganado a base de estudio.
Entre ellos está Soledad. Ella es más bien seria, ataviada en traje sastre y maletín café. Heredó la vocación magisterial de su padre, “pero no su plaza, yo nunca quise las cosas así, por eso trabajé en colegios particulares esperando una oportunidad”, revela bajo la sombra de los árboles del edificio sindical.
Para Soledad la corrupción, el clientelismo, las plazas vendidas o heredadas eran vicios que le hacían pensar que nunca iba a poder acceder a un lugar en la educación formal; pero entonces llegó el 2008.
“Todos pensamos que con la Alianza para la Calidad Educativa ahora sí todo iba a cambiar, nos dijeron que nada más le iban a dar plazas a quien pasara un examen. Yo sí me la creí”, revela la maestra.
Así pensaron cientos, miles de profesores recién egresados y otros, con años de experiencia, pero menos favorecidos por el sistema, como Soledad, Imelda, Margarita, Víctor Ramón y José María.
Aquel año se convocó por primera vez al Examen Nacional de Habilidades y Competencias, mejor conocido como Examen de Oposición, al que concurrieron 123 mil docentes de todo el país y que aprobaron solo 31 mil; menos del 30 por ciento.
Soledad fue una de las primeras en apuntarse, sabía que iba a ser difícil, porque para Coahuila solo se habían aprobado 46 plazas y 560 horas docentes. Los solicitantes fueron cuatro mil.
Lo mismo vivió Víctor Ramón Flores Peña, quien dijo “por qué no, yo sé que puedo”, y sin estudiar, dice, aplicó y aprobó el examen seguro de lograr una de las 32 plazas que prometieron en este 2009.
Para esta fecha, Estados como Guanajuato, Veracruz, Sinaloa, Hidalgo, Zacatecas, San Luis, Durango, Nuevo León, el D.F., Morelos y otros nueve más ya anunciaron en sus portales de Internet que se han repartido la mayor parte de las plazas desde mediados de septiembre.
En Coahuila, todavía el 26 de septiembre, Elsa María Martínez, Secretaria General de la Sección Quinta, anunció que se estaba negociando la liberación de las plazas, “también se está haciendo una revisión detallada, para que la plaza que se vaya a entregar sea para un docente que haya logrado un buen desempeño en el examen de oposición”, según lo publicó un diario de circulación nacional.
En este escenario, Semanario entrevistó a cinco maestros; ellos, los que forman parte del 21 por ciento que sí tuvieron un buen desempeño en el examen de oposición, pero que aún no tienen plaza. ¿Cuántos más estarán en su situación?
UNA LARGA ESPERA
“Vámonos para afuera, no nos vayan a oír”, dice sigilosa Soledad luego de iniciada la conversación, “es que ya sabes, tiene una miedo”.
- ¿Miedo de que?, se le pregunta.
- “Pues de que a la mera hora no nos den nada, por andar hablando y, pues, yo ya llevo dos años así”.
En una banca de la Alameda habla de su interés por la materia de Español, sus estudios en la Normal y sus infructuosos intentos hace cuatro años por obtener un lugar en alguna primaria de Saltillo.
Terminó dando clases en varios colegios particulares, hasta que en julio del 2008 envió su papelería para presentar el entonces llamado examen de oposición del Concurso Nacional de Asignación de Plazas Docentes.
Le tocó vivir aquel once de agosto cuando profesores inconformes impidieron que se aplicara el examen, y luego volver a ser citada para presentarlo el 6 de septiembre. Salió de la Normal confiada en sus conocimientos, pero dudosa de la forma en que fuera calificada.
Poco más de una semana después, amaneció con la novedad de que el 67% de los que presentaron en el país habían reprobado. De inmediato fue a un cibercafé y buscó su nombre en la lista. Ahora lo dice sin asombro, pero ese día casi lloró de alegría. Había aprobado.
Con la mirada perdida, ya sin emoción, comenta: “No te puedo decir el lugar que saqué, porque se darían cuenta quién soy, pero sí te puedo decir que estuve entre los primeros diez. Ya me veía yo dando clases”.
Pero pasaron los días, luego las semanas, fue a la Sección Quinta una y otra vez, como aún lo sigue haciendo, pero la respuesta es la misma, “luego les van a llamar” y ese “luego” se volvió interminable. Así llegó la convocatoria del segundo examen en este 2009, y ni siquiera supo cuándo y a quién se le entregaron las plazas del 2008.
Lo peor es que allí, en esos pasillos, se enteró de maestras que llegaban recomendadas y salían con plaza, “todavía recuerdo a una de ellas, rubia, muy guapa, ahí está dando clases en la Normal, y ella ni siquiera presentó el examen, eso todos lo saben, pregunta, todos saben ahí de ella”.
El día que entrevistamos a Soledad (seudónimo) le habían avisado que pasando las elecciones iban a entregar las plazas, por eso pidió permiso en el colegio en el que trabaja, para acudir casi a diario a la Sección Quinta, donde espera “que ahora sí me den una plaza, por eso no te puedo decir mi nombre, no vaya a ser que por andar hablando… ya sabes, que no me den nada… ya ha pasado, no te lo digo al tanteo”.
APRUEBA SIN ESFUERZO
Recién egresado de la Normal, Víctor Ramón Flores ejerció dos años como maestro de Historia en el colegio Lumen, también en el San José, antes Julieta Dávila: “pero yo siempre soñé con dar clases en escuelas públicas, ésa era mi vocación, para eso estudié, y buscaba entrar por medio del Sindicato, pero me di cuenta que ahí todo estaba manipulado”.
Lo que siguió fue apartarse de la actividad docente por poco más de un año e iniciar su propio negocio de venta de auto partes y un pequeño taller, pero su inquietud volvió cuando supo del examen de oposición en el 2008, ese mismo año decidió volver a dar clases.
Consiguió e impartió materias en varios colegios católicos, hasta que en enero del 2009 le confiaron unas horas en el Bilingüe La Cañada. Así llegó la convocatoria del examen de oposición. Se inscribió y luego presentó el 16 de agosto, sin siquiera haber estudiado.
Platica que “estaba seguro de que lo iba a pasar. No me pareció un examen difícil, ni siquiera manipulado, como dijeron algunos. Era lo básico, conocimientos y habilidades que todo maestro que haya estudiado en la Normal debería saber, por eso cuando salieron los resultados no fue una sorpresa verme en el lugar catorce de los aceptables”.
- Y ¿no le da orgullo saberlo?
- “Claro. Pero ahora, no sé, como que siento impotencia, porque no veo claro, ni siquiera lo tuve claro ese día, porque no sabía con quién tenía que pedir esa plaza”.
Víctor recuerda que lo primero que hizo fue buscar en la página web de la SEP, pero no encontró indicación alguna de lo que se debía hacer o con quién acudir para obtener la plaza que justamente había ganado, ni siquiera un responsable o una fecha específica.
Lo anterior fue corroborado por SEMANARIO, pues en el apartado “Consulta de Resultados y Asignación de Plazas”, la única indicación es que “la asignación de plazas estará a cargo de la autoridad estatal”.
Por eso Víctor no supo a dónde ir, hasta que un conocido le comentó que había que presentarse en el Sindicato. Acudió con su número de folio de “aceptable”, pero la respuesta fue la misma que para todos, “luego te van a llamar”; ni siquiera le preguntaron el folio.
Después volvió y encontró una hojita pegada por todos lados que decía: “No hay información sobre las plazas”. Ya ni ganas le quedaron de ir a alguna de las oficinas a preguntar, sabía de antemano la respuesta.
Hubo quien le sugirió que hiciera “guardia”, es decir, estar todos los días en los pasillos del Sindicato esperando el momento en que se liberara alguna plaza, “pero yo no puedo hacer eso, tengo que trabajar para llevar el pan a mi casa, no me puedo quedar ahí sin hacer nada, si no, cómo llevo el sustento a mi familia”, afirma.
El maestro sabe que su posibilidad caduca en tres años y que en cualquier momento le pueden dar la plaza, pero también conoce casos de compañeros que presentaron desde el 2008 y que no les han dado nada, “si ellos no han sido prioridad, imagínate cuándo nos va a tocar a nosotros”, revela con desconfianza.
Esto a pesar de que según las indicaciones de la SEP en su página oficial, “para el caso del ciclo escolar 2009-2010, la asignación podrá darse: al inicio de ciclo, con el otorgamiento de una plaza u horas-semana-mes; o con vacantes que se generen durante el ciclo escolar, siguiendo el orden de prelación de los sustentantes Aceptable”.
PIDE INTERVENCIÓN DE LA FEDERACIÓN
Esta vez a José María Cárdenas Jiménez no le fallaron los cálculos. Pasó contando los años para tener una oportunidad en la educación pública, desde aquel 2001 cuando salió de la Normal Superior con la especialidad en Matemáticas.
Como la mayoría, vivió la decepción de no contar con un “padrino” que le ayudara a conseguir una plaza, por eso, como muchos, se ha empleado en siete escuelas privadas, hasta que las paradojas del destino le pusieron enfrente un examen de oposición.
“Ya estoy cubriendo un interinato en una secundaria, tengo algunas horas, y también en un colegio, pero dije, esta es mi oportunidad, porque es la primera vez que nos dicen que no va a haber corrupción en la entrega de plazas”, dice el maestro.
Para él sí fue difícil el examen. Y es que no pudo conseguir los libros e instrumentos que sugería la guía que le entregaron, además señala que las páginas de internet sugeridas para realizar ejercicios no eran compatibles con algunas computadoras.
Con todo y esas dificultades, llegó a presentar muy temprano. Tuvo tres horas para resolver problemas complejos sin contar con calculadora, después, se fue a su casa y se olvidó por unas semanas del asunto.
Recuerda que “ese domingo que publicaron los resultados yo consulté el mío hasta en la noche, porque mi Internet estaba fallando, no podía creer que lo había logrado”. De inmediato apuntó su número de folio y el lugar alcanzado, el número 24.
No perdió tiempo, al siguiente día acudió a la Sección Quinta, al módulo de secundarias técnicas, ahí escuchó las palabras que aún recuerda: “estamos esperando que se liberen las plazas, pero sí las vamos a repartir, sí va a haber lugares”.
De eso ya pasaron tres meses y José sigue esperando. Cuando se le pregunta que si sabe de los maestros que presentaron desde el año pasado y no les han entregado una plaza, prefiere evadir la mirada, reflexiona un poco y luego se da ánimos a sí mismo para contestar.
“Yo creo que el Gobierno Federal debe cuidar que el sindicato sí nos dé las plazas a quienes aprobamos, porque ése fue su compromiso, yo quiero creer, es más les pido que nos cumplan, que no nos fallen”.
UN FAVORCITO
Dos semanas antes del 18 de octubre pasado, dicen que llegó un “licenciado” al patio de la Sección Quinta y pidió voluntarios para salir a repartir volantes del candidato tricolor, “los que ayuden van a tener prioridad cuando se repartan las plazas”, les dijo. Imelda y Margarita fueron las primeras que levantaron la mano.
Ambas presentaron este año el examen de oposición, Imelda, recién egresada de la Normal, y Margarita, con ocho años como maestra suplente, buscan les otorguen horas clase. Las dos aprobaron ubicándose entre los primeros veinte lugares.
Se conocieron ahí, sentadas en las escaleras de la Sección Quinta, cuando fueron solicitadas por aquel “licenciado” del que sólo recuerdan se dijo llamar Alberto, y que una vez que les dio indicaciones para entregar los volantes, jamás lo volvieron a ver.
“Pero así lo hacen, de repente se necesita algo, del Partido o de alguna marcha o desfile, hasta ir a algún evento donde hacer bola, vienen aquí, porque saben que estamos desesperadas por conseguir trabajo”, revela Imelda.
Margarita acude a dos secundarias cada tercer día, una en la mañana y otra por la tarde, porque tiene solo algunas horas asignadas; también imparte asesorías en su casa y hasta hace trabajos de transcripción, para poder completar para sus gastos.
“Por eso presenté, para que me den más horas, la verdad con las que tengo no completo, ya al menos eso pido, porque veo difícil que me den una plaza”, revela Margarita, divorciada y madre de dos niños que su abuela le cuida mientras ella trabaja.
- ¿Por qué no crees que te toque plaza?
- “Uyyyy, porque una ve los favoritismos, aquí a veces vienen los funcionarios y se van con las más bonitas, una lo ve, y luego nos enteramos que ya les dieron plaza”.
- De plano…
- “Si, o a las que hagan más méritos haciéndoles la barba o con favores, como lo de los volantes”.
UNA ESPERA INTERMINABLE
Imelda por lo pronto no trabaja, vive con sus papás, pero pensó, mientras estudiaba en la Normal, que no sería tan difícil conseguir empleo, a pesar de que sabía las pocas oportunidades que hay.
Platica que se confió en lo que decían en la televisión, que ya no habría corrupción en el reparto de plazas, es más, confiesa, “hasta le dije a mi papá, este año presento el examen de oposición y seguro que lo paso, siempre llevé promedio de nueve y diez en la Normal”.
En efecto lo aprobó y con un puntaje aceptable, pero es fecha que no sabe si recibirá una plaza, por lo pronto, es de las que acude todos los días a la Sección Quinta, carpeta en mano, porque la indicación fue, “después de la elecciones comenzamos a repartir”.
Hay una respuesta que ya parece coro cuando uno va y pregunta entre quienes hacen “guardia”.
- ¿Para cuándo se irán a repartir las plazas?
- “Ya pronto, dicen que en una semana”.
Y para algunos de ellos, esa semana nada más no llega.
sc