Hoy es 4 de julio del 2009
» Ver clima
Publicidad

Envia este artículo a un amigo

Deseo recibir una copia en mi correo electrónico

SEMANARIO: Entorno económico / La mujer…. y sus derechos económicos ineludibles

¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? Sor Juana Inés de la Cruz

Por: Federico Müller
31-Marzo-2008 (00:00 a.m.)
vota:
| Existen  
votos

Su interlocutor la miraba o mejor dicho la contemplaba fascinado.

Sus ojos color miel, lo más parecido a la tonalidad de la que destila el panal, le hacían recordar viejos amores de juventud que ilusoriamente pensaba que estaban sepultados en el baúl de los señeros recuerdos, como un torbellino venían a su mente muchas encantadoras experiencias tan dulces como un beso; y también amargas y tristes como un adiós, que habían quebrantado las fibras más íntimas de su transido corazón, pero todas ellas, convergían en una lastimera e ineluctable conclusión: “es tan corto el amor, y es tan largo el olvido” (extracto del poema 20, Pablo Neruda).

Cómodamente sentados en una pequeña mesa de un restaurante-bar de un lujoso hotel de la ciudad, en un ambiente discreto y sosegado que invitaba a la catarsis y a las confesiones más recónditas del alma, departían sonrisas paladeando sendos martinis secos, acompañados del infaltable producto del olivo.

No obstante, el costo de oportunidad que estaba pagando la hermosa mujer era muy elevado.

Por ello, entre sorbo y sorbo a su exquisita bebida, contestaba casi simultáneamente dos teléfonos celulares que portaba en su bolso, que imitaba el diseño con correa que hace algunos años patentó Coco Chanel, y que provocaba furor en el mercado de la moda femenina, porque esa prenda proporcionaba un valor añadido de garbo y distinción a la mujer que la portaba, pendiendo coquetamente desde su hombro, particularmente en aquellas de talle alto y esbelto.

Económicamente tal vez se justificaba su proceder, porque su absorto admirador y compañero de mesa, ni por broma alcanzaba la estatura económica del súper cliente número 9 (Eliot Spitzer).

En la mesa más próxima a la que ocupaba aquella pareja, se encontraba placidamente sentado un “gringo viejo” que veía despreocupado la amplia pantalla de plasma que nítidamente exhibía el juego de fútbol entre los aguerridos ratoncillos verdes y un combinado de un país centroamericano, el anglosajón solamente se distrajo, y brevemente cuando escuchó, y quitó su vista del televisor para ponerla en la bocina adosada al plafón más cercana a él, que amplificaba, el sonido de la nostálgica melodía “patrulla americana”.

La tranquilidad en aquel lugar se perdió cuando apareció el cantante oficial de la taberna, acompañado de su teclado, que repetía casi hasta la saciedad, después de entonar alguna pegajosa canción “muchas gracias público conocedor y bebedor”.

La conversación entre aquel profesionista subempleado y la joven fémina, se volvía más emotiva a medida que el letrado, casi inconscientemente, confundía ese espacio confinado a los adoradores de Baco con el diván de un psiquiatra que recurre con frecuencia al psicoanálisis como tratamiento para sus sufridos pacientes.

Hablaron de amores y desamores, de experiencias vividas en los caminos de sus vidas, de objetivos y metas no cumplidos y también de la diversidad de caracteres que se presentan en la viña del Señor. De pronto y aparentemente sin proponérselo ninguno de los dos, surgió como un invitado no muy grato en la animada charla: el aspecto económico.

Por lo árido y escabroso del mismo, habrían preferido tratarlo en otra ocasión y en otro lugar. Pero las cosas así se dieron, era como trasladar el comedor o la recamara del hogar a un lugar de esparcimiento.

Por la formación o deformación profesional de alguno de ellos, de buscarle una explicación económica a cualquier acontecimiento que sucede en el mundo y en la vida propia, el tema rebasaba la elemental descripción y adquiría matices de análisis y reflexión.

Su paso efímero por las aulas universitarias le había enseñado a ordenar bien sus ideas y a expresarse de manera clara y concisa. Así qué, y dejando boquiabierto a su acompañante, como si estuviera detrás de un atril, improvisaba una singular exposición, casi a manera de sermón de un predicador protestante, con los consabidos tres puntos o divisiones del asunto: Actividad económica.

Como cualquier otro trabajo en la economía, el ofrecer a los consumidores el servicio de masaje corporal terapéutico es una actividad lícita siempre y cuando cumpla con las condiciones que fijan las autoridades competentes para su operación. Las empresas que se dedican a ese giro, deben contar con los permisos de la Secretaría de Salud del Estado, además de su registro ante la Secretaría de Hacienda como un negocio susceptible de pagar tributo al fisco. Cuando ese servicio lo manejan cadenas de hoteles multinacionales -seguía diciendo- localizadas en centros turísticos del país, adopta el nombre de spa.

En Saltillo simplemente sus clientes las identifican por el nombre de la persona que las regentea, que generalmente es una mujer con experiencia en este tipo de quehaceres, que está convencida de que el masaje corporal es una técnica que ayuda al relajamiento muscular y que aplicada por un profesional en esa área, logra resultados excepcionales sobre todo en personas sometidas a grandes presiones de trabajo o familiares. Atención al usuario y regateo. Las “clínicas” de masaje saltillense, al menos en donde yo laboro, señalaba, presentan una división del trabajo convencional (propietaria-empleadas).

El servicio tiene un costo de 300 pesos, que desembolsa el cliente al llegar. Ingreso que va directamente a la tesorería de la casa, y del cual no obtiene absolutamente nada la masajista.

Ésta, es seleccionada por el consumidor que recibirá el relajante masaje en función de su simpatía, “capacidad instalada” y habilidades en la técnica. Las prestaciones sociales que deberíamos recibir por ley, para nosotras no existen, y dependemos únicamente de las propinas del cliente.

Continúa diciendo con cierta sorna, si por ejemplo para un jefe de familia que laborando 40 horas por semana cobra un salario de mil pesos, demandar ese tipo de terapias, representa un 30 por ciento de su sueldo. En esos casos sí es válido el regateo, pero con una sola condición, debe hacerlo directamente con la propietaria del negocio, y si llegan a un acuerdo, ella misma le brindará el servicio. Articulaciones y redes en la informalidad.

Si se revisa con detenimiento la composición del desempleo, en Saltillo, el estamento correspondiente a los profesionistas universitarios recién egresados ocupa un porcentaje relativamente elevado con respecto al total de parados. El testimonio de aquella “terapeuta muscular” pareciera confirmarlo, pues decía que en su trabajo se presentan un gran número de profesionistas en diversas disciplinas universitarias, que laboran como masajistas hasta que encuentran un empleo en el sector formal de la economía.

Por ello, el índice de rotación es elevado, y también comentaba con cierto dejo de reproche, la publicidad de la “clínica”, se da mediante algunos profesionistas subempleados que hacen recomendaciones a sus clientes cuando los trasladan en sus taxis, pero lo triste es que “a nosotras nos cuesta pagar una comisión al rey del volante”.

Déjanos tu comentario
» Antes de comentar te sugerimos leer la siguiente información dando clic aquí

Estimado Usuario:

Vanguardia defiende irrestrictamente el derecho a la libertad de expresión cuando esta no lesiona, ofende o maltrata la integridad de las personas. Cualquier opinión con comentarios y/o palabras impropias será eliminado, no solamente de la lista de comentarios, sino también serán bloqueados por el sistema los correos electrónicos desde donde se envían, por lo cual quedaría sin efecto cualquier solicitud de información que se haya hecho sobre los servicios que ofrecemos o cualquier suscripción que planee realizar a futuro. Sus comentarios son valiosos para nosotros, hágalos responsablemente.

Condiciones para opinar en nuestros espacio

1.- Te invitamos muy cordialmente a participar en este espacio que esta abierto para ti. Para hacerlo deberás reguistrarte con un nombre y correo electrónico verídico y aceptar responsabilidad plena por las opiniones vertidas.

2.- RESPETO: Queda prohibido el uso de palabras altisonantes, agravios, insultos, malas palabras, amenazas de cualquier índole, insinuaciones difamatorias hacia cualquier persona y/o institución, lenguaje ofensivo, obsceno, sobrenombres de mal gusto, mensajes de violencia o aseveraciones que lastimen la integridad de terceros.

3.- EDICION: El periódico Vanguardia asegura el respeto irrestricto y total a la libertad de expresión de todo usuario que participe en nuestros espacios de opinión. Se reservará el derecho de editar o eliminar mensajes o usuarios que contravengan las disposiciones vertidas en el punto número 2.

4.- CONTENIDOS: El contenido de los comentarios aquí vertidos, previa autorización, pueden ser copiados, reproducidos o distribuidos, siempre y cuando sin ninguna excepción se nombre como fuente al periódico Vanguardia y/o www.vanguardia.com.mx. Queda terminantemente prohibido modificar cualquier contenido a la hora de ser copiado, reproducido o distribuido en otro medio impreso o sitio en internet.

5.- El periódico Vanguardia y / o www.vanguardia.com.mx no se hacen responsable por los comentarios vertidos en este espacio, mismos que tampoco reflejan el criterio editorial, ideología u opinión de este medio impreso y online. Los comentarios vertidos son responsabilidad de las personas que los emiten.

6.- Nos interesan tus comentarios y opiniones: blogs@vanguardia.com.mx

¿Eres usuario nuevo? Registrate Aqui

Comentarios
  • Sin Comentarios.

  • Lo más leido
    • Rango
  • Lo Último
Publicidad