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Dicen que tres cabezas piensan mejor que una... ¿será?
Gay dice:
Pues lo único que están logrando con la censura es que Los Tigres del Norte, quienes ya dieron de sí y ya deberían andar pensando en el retiro, se coloquen como hace tiempo no lo hacían, en las radiodifusoras del país con una rolita que, la verdad, no dice nada que no sea del dominio público.
Lo que sí es que los “tigers” últimamente andan de un mamón que ni ellos se la creen, que están preparando un libro biográfico que quieren que se los escriba Gabriel García Márquez y también afirman que el tema “La Granja” está inspirada en la obra de George Orwell, ¿alguno de los integrantes habrá leído un libro completo de Orwell? O nada más es para hacerse los intelectuales, porque con eso de que son amigos del dedo chiquito de Arturo Pérez Reverte, Carlos Monsiváis y Guadalupe La Fresa, a la que por cierto le amenizaron la boda. Lo que no cabe duda es que los ídolos del pueblo dejaron las cantinas de mala muerte, los frijoles y las tortillas con sal, las llantas repletas de mariguana, los giros negros de la frontera y la eterna oda al inmigrante jodido que tantos dólares les dio a ganar. Ahora son gente bien, hombres cultos, rasuraditos y peinaditos en las mejores boutiques de San Diego, una agrupación de mucho mundo, los representantes del México bárbaro, el cual ni conocen porque tienen a un ejército de hombres inventando canciones “llegadoras” que ellos reciben por fax en la comodidad del Sheraton de Madrid. ¿Por qué tanto escándalo? A estas alturas alguien le cree a estos norteños domesticados. A los jefes de jefes del área de tintes para caballero color caoba azabache.
Ella dice:
A pesar de que vivimos dizque en democracia la censura está a la orden del día, y ahora le tocó a los queridísimos Tigres de Norte que si bien no los aprecian mucho por estos lares, en España hasta les hacen homenaje y son considerados un bastión cultural.
Pero fuera de la eterna discusión de si su música es arte o no, es indudable que sus corridos expresan lo que está pasando en México, pésele a la secretaría de Gobernación o a cualquier politiquillo de cuarta que piensa ilusamente que en los tiempos de Internet es posible sacar algo de circulación.
“Se cayó un gavilán/ Los pollitos comentaron/ Que si se cayó solito/ O los vientos lo tumbaron”, dice la canción en una referencia, para muchos, de lo que le ocurrió a Camilo Mouriño. Y entre que el Gobierno niega la censura y los integrantes del grupo afirman que su corrido no se toca en varias radiodifusoras, es bueno que, con ritmo de acordeón incluido, una canción nos ponga a reflexionar sobre la triste caricatura que es la política en México.
Él dice:
Reflexionar... Reflexionar. ¡Pero si las hordas de palurdos iletrados que pueblan este país son incapaces de la reflexión! Eso exige una importante actividad cerebral para la cual se encuentran materialmente inhabilitados.
Por ello, es lo mismo que los pongas a escuchar un corrido de los Tigres del Norte o que les lean en voz alta el Quijote (porque tendrían que leérselos, pues tampoco saben leer).
Así pues, ¿qué importa si alguna estación de radio programa o no una determinada canción? Y si la tiene “censurada”, ¿acaso es relevante el motivo por el cual tomó tal determinación?
¡Por Dios! ¿cuándo se va a discutir en este espacio un asunto medianamente importante, algo que sea en verdad relevante en términos de educación, economía, desarrollo social o filosofía?
Personalmente me estoy cansando de que me pidan opiniones sobre tonterías como ésta… Una canción de los Tigres del Norte… ¡Pues quien quiera escucharla que consiga una copia pirata y la ponga incesantemente en su reproductor de música preferido!
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