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Gay dice:
Otra vez el teatro de las elecciones y con ellas el dispendio de recursos, el cinismo y por si esto fuera poco los pleitos encarnizados entre vecinos. Y todo porque al Gobierno de la Gente le ha resultado benéfico utilizar la obra social para echarse a la bolsa a los electores más jodidos. Mi colonia es un ejemplo de eso y todo porque Melota, “La Larga”, como apodan a la jefa de manzana, ha convertido en botín personal los mentados focos, el monedero y los uniformes que “sí, son de la gente” dice, “pero de la que va a votar por ya saben quién”.
Gracias a esta lideresa, las vecinas andan agarradas del chongo porque a unas sí les dan y a otras no, entonces se traen un chismarrajo de aquellos: que la gorda de enfrente vende cheve clandestina, que el “Yuca” surte de “mugrero” a los güercos ociosos, que el nieto de doña María roba televisiones y las malbarata en la casa de empeño, que doña Chinta le pone el cuerno a su marido con el Carnicero, que Fina tiene embrujada a Juana la prestamista… en fin, estas elecciones me tienen con los nervios de punta: ¿Qué no dirán de mí los vecinos? Por mí que las limosnas se regresen por donde llegaron y que vuelva la paz al vecindario, ahora sí que como dice el comercial: ¡estaríamos mejor con López Obrador!
Él dice:
Pues sí: nunca mejor dicho: esto es un teatro.
Pero es uno bien montado, no como las estupideces con que los entretiene la burocracia del Icocult, o la del municipio.
Y como en toda buena puesta en escena, la figura principal, aunque no se le vea prácticamente nunca, es el director. También es relevante el trabajo del guionista, así como el de los escenógrafos, los maquillistas, los responsables de la música y los efectos especiales.
Pero si el director no hace bien su chamba, pues la obra no será jamás premiada con el aplauso del público ni mucho menos tendrá la oportunidad de arribar al primer centenar de representaciones.
La taquilla ha sido abierta, el escenario está montado, los acomodadores se encuentran prestos para indicarle al público su lugar. Todo está listo para el inicio de la nueva temporada.
Y se espera, por supuesto, que ustedes, quienes asisten como público a esta escenificación, hagan su parte. ¿En qué consiste?: pues además de aplaudir, acudir a votar masivamente por quienes, en su momento, se les indicará.
Ella dice:
Más allá de que los monederos electrónicos de la gente se han convertido en un auténtico objeto de deseo, y no sólo de los “golpeados por la crisis” porque yo he visto a mis amigas presumiendo que ellas ya tienen su tarjetita para comprarse café, leche y demás productos a costa del erario, el teatro electoral ya me tiene aburrida.
Siempre son los mismos candidatos, los mismos amiguitos que se la han pasado lamiéndole los pies al cacique en turno, quienes tienen en sus manos el destino de este pueblo con pretensiones de metrópoli, digo, por eso no sólo vamos a tener varios puentes, sino que presumiremos a nuestro puente de puentes, una megaobra de cientos de millones de pesos.
Tragicómico en verdad, así que al mal tiempo, pues mejor le volteamos la cara y seguimos con esa absurda muletilla de que Saltillo es otra cosa, parece que a todos los hace sentir mejor evadirse de la realidad y pronunciar esta sabia y oportuna frasecita.