Los Otros Huerfanos
Son niños abandonados, maltratados y violados los que pueblan los albergues del estado, estas son sus historias y parecen sacadas de un cuento de terror.
Por: Francisco J. Rodríguez Lozano09-Junio-2008 (11:06 a.m.)

Albergue Divina Providencia.Foto: Francisco J. Rodríguez Lozano
La mayoría de los más de mil niños que están repartidos en las casas hogar de todo el Estado no son huérfanos. Son hijos de madres solteras, padres que los maltratan, padres encarcelados, adictos, alcohólicos, o incluso prostitutas.
Están ahí porque sus padres se ven obligados a trabajar más de 10 horas diarias. También, porque la Procuraduría de la Familia se los arrebató a familias disfuncionales: 553 menores fueron retirados de sus hogares al término del 2007 en todo Coahuila (incluyendo los albergados voluntariamente). Hasta abril de éste año, 25 niños más habían sido retirados en la Laguna.
Están ahí mientras sus padres luchan por cambiar.
Los otros huérfanos de Coahuila son niños sin suerte, maltratados, violados por sus propios familiares, desorientados. Niños que trataron de suicidarse, niños que odian a sus padres, niñas corridas de su casa porque fueron violadas y quedaron embarazadas.
Estas historias pertenecen a esos niños custodiados por cuatro paredes en alguno de los más de 40 albergues que existen en el estado.
Viven al día. Los mismos niños hacen las labores de limpieza o salen a vender los dulcen que cocinan. Los albergues más modernos son los que no lucen como tales: Tienen televisión, salón de juegos, maestros, sala y lo más importante, afecto. Pero no tienen padres, son hogares para pasar el rato, son de mentira.
Las siguientes palabras son de ellos: Los huérfanos de Coahuila, quienes cuentan sus andares y el por qué están recluidos en una casa hogar. Sus voces se transcribe tal cual: con errores al hablar, síntomas de la edad; hablan de su familia y sus sueños. Se desahogan:
Tere, 14 años. Albergue del Padre Manuelito.
“Mi mamá me metió al albergue porque mis tías no me cuidaban. Mi mamá está en el cereso, mi papá apenas acaba de salir. A veces viene a visitarme. Tengo otros tres hermanos que están aquí, pero extraño a mi mamá, quiero estar con ella, extraño sus cariños y sus regaños. Me regañaba porque no le hacía caso. No sé porque está en el cereso. Aquí se portan bien, nos cuidan, más la cocinera: ella nos da consejos, aunque a veces nos regaña porque no le hacemos caso”.
Dalleli, 17 años. Casa de Jesús.
“Estoy aquí porque me portaba mal allá afuera. No llegaba a mi casa, no llegaba a dormir, le contestaba a mi mamá. Tenía 13 cuando entré aquí. Yo sola llegué, luego se enteró mi mamá y cuando vino le dije que quería estar aquí. Las primeras veces sí venía, después ya no. Este año no vino, pero es mejor que no venga... No me siento a gusto cuando viene a verme, nunca he estado acostumbrada con mi mamá. Me peleaba con ella porque me corregía mucho, aquí también me corrigen pero aquí me aguanto. Me decía, que no hacía nada. Yo quiero acabar de estudiar y alcanzar una carrera. Quiero ser doctora”.
Humberto, 10 años, Ejército de Salvación.
“Hubo un tiempo en el que estuvimos mis siete hermanos aquí, ahora sólo quedo yo por ser el menor. Mi mamá se dedica a hacer vestidos para el Niño Dios. No tengo papá porque se murió cuando le picó una viuda negra. Me quedo aquí toda la semana porque mi mamá no viene siempre, a ella la veo cada cuatro semanas. ¡Uhh! tengo aquí ocho años, pero tengo ‘poquillos’ amigos. Mi mamá le pone una tabla a su cuarto y a la sala para no dejarme salir cuando me voy con ella. Y me quedo a hacer multiplicaciones”.
Elizabeth, 16 años, Casa Hogar Joyas del Rey.
“Aquí es distinto a una familia verdadera. Yo afuera me escapaba, me drogaba. Traté de suicidarme y me jalaba los cabellos hasta arrancármelos. Era toda descontrolada. Yo quiero ser una gran mujer como mi mamá Elizabeth (directora de la Casa), es como un súper héroe para mí, no como mi mamá biológica. Como dice el dicho: padre es aquel que te cría, por eso yo quiero más a mis padres, que a mis padres biológicos. Aquí me siento bien, en la Casa Hogar del DIF me sentía en la cárcel, apenas te acercabas a algo y te decían ‘alejate de ahí’. No podíamos hablar con los hombres, no nos dejaban hacer muchas cosas”.
Destrucción física y emocional
La violencia es una constante. En el 2007 la Procuraduría Estatal de la Familia recibió 3 mil 659 denuncias por maltrato infantil, de las cuales sólo 257 procedieron penalmente ante el ministerio público.
Los niños grandes tienen una historia qué contar al respecto. A la mayoría de los niños que llegan de días o meses de nacidos se les oculta su pasado. Ellos mismos lo descifran conforme van creciendo.
Perla, 11 años, Hogar de Niños la Fe.
“Estoy aquí porque mi mamá siempre trabaja. Mi papá trabaja en la Misol y mi mamá en la guardería. Los dos trabajan en la noche. Tengo cuatro hermanos. Mis papás me pegan con el cinto y con el guarache. Me pegan porque se enojan”.
Alexis, 8 años, Albergue la Divina Providencia.
“Yo andaba mucho de vago, en el “Chacre” ‘onde’ hay puros cholos. Yo era cholo. Mis papás van a la cancha y toman cerveza. Mi papá me da cerveza. Mi mamá hace de comer. Mi papá anda de vago, llega como a las 12 porque anda de callejero. Me pegan con el guarache y con el cinto. Yo quiero que mis papás sean buenos, que ya no se peleen ni renieguen”.
Marcados para toda la vida
Laura Pacheco, Delegada en la Laguna de la Procuraduría de la Familia, explica que los menores ingresan a los albergues con golpes severos, desnutrición, daño emocional, e inclusive existe quien fue violado.
Según la Procuraduría de la Familia de Coahuila, los tipos de maltrato infantil más frecuentes son (en este orden): omisión de cuidados, maltrato físico, abuso sexual, maltrato psicológico, abandono, y explotación laboral.
Por otro lado, según estudios psicológicos, el niño que está en los albergues se siente víctima. “Vienen con la idea de que ellos son los castigados, ellos son los malos”, explica Esther Hernández, psicóloga de la Casa Hogar del DIF Torreón.
De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), los casos más dramáticos de maltrato infantil se dan en países como Estados Unidos, México y Portugal. El 80 por ciento de las personas que los agreden son sus padres biológicos y el 20 por ciento restante se refiere a familiares, profesores y vecinos.
Como el caso de Jesenia, una niña de 12 años recién ingresada a la Casa Hogar del DIF Torreón. Su historia es peculiar: Fue adoptada cuando niña. Su madre adoptiva murió y el papá, también adoptivo, abusó de ella. Tenía ocho años.
En el 2006 se registraron en la Procuraduría de la Familia 26 casos de abuso sexual a menores. En el 2007, la Agencia Especializada en Delitos de Familia, en Torreón, recibió 58 denuncias por violación (incluyendo conyugal). La mayoría se estancó en la investigación.
Después de que su madre murió, Jesenia cumplió con el rol de esposa; “el señor así se lo hacía saber”, explica la psicóloga Esther Hernández.
Cuando la niña entró a la casa hogar, después de cuatro años de haber sido violada, parecía un fantasma; andaba de un lado a otro y no aceptaba las cosas. Era retraída en cuestiones mentales y físicas. Rara vez hablaba. El dictamen psicológico afirmaba: “Los padres son así, y así son todos”. Y así crecen quienes no cuentan con un tratamiento psicológico: “Si me maltratan yo maltrato”, explica la psicóloga Hernández.
Pero la sicóloga no para de contar y la tragedia se convierte en el hilo conductor de los casos de niños que llegan a las puertas de la Casa Hogar: “Nos llegó una niña quemada de toda la pierna porque el papá se enojó con la mamá y le echó todo el aceite caliente. La rodilla no podía doblarla. Los niños son los más golpeados, pero los casos más frecuentes en niñas, son atentados al pudor. Otra niña llegó porque su padrastro la tocaba. Otra niña dormía con los animales de la abuelita y le mordían su cuerpo”.
- ¿Qué tipo de problemas presentan los niños que viven en albergues?
“Hay quienes necesitan ya de un psiquiatra, un medicamento más fuerte. Tienen crisis de ansiedad, hay veces en que ya no tienen aire ni para hablar. Sufren neurosis, ansiedad, nervios. Hay niños que no obedecen reglas. Incluso los volvemos a la vida”.
Ese fue el caso de Jazmín, huérfana de la Casa Hogar “Joyas del Rey”, ubicado en el ejido la “Fe”, municipio de Torreón. Un albergue que, en apariencia, no lo parece. No hay portones, ni candados. Los 35 niños que habitan la casa son libres de salir a la calle.
Jazmín llegó a la Casa Hogar del DIF cuando aún no cumplía los nueve años. Su abuelita la corrió del remolque donde vivían. Su madre había muerto, dice Jazmín que es una de las “Muertas de Juárez”. Su padre no apareció.
Al cumplir nueve años, un tío apareció. La dejaron ir. Se mudó junto con él a Ciudad Juárez. Ahí, a los nueve años, se dio cuenta que existían las drogas cuando su tío la utilizó para comerciar el producto. También la encerraba en un baño, la amarraba y abusaba de ella. La acostaba en una mesa y dejaba que un grupo de borrachos –amigos de él- la violaran.
Jazmín sufrió tanto, que llegó un momento en que ya no sentía ningún dolor: Se cortaba el cuerpo, se metía vidrios a la boca, se mordía ella misma y se arrancaba pedazos de piel.
Un día huyó de casa de su tío. Llegó a la Casa Hogar de Juárez pero también la abandonó; lo mismo en el albergue la “Buena Semilla”, en Torreón y finalmente terminó en el DIF.
Ahí nadie pudo con ella. La mayor parte del tiempo estaba sedada y era tanta la droga, que llegó un momento que ya no le hacía efecto. Estuvo a punto de ser enviada a un manicomio en la Ciudad de México porque se reía y hablaba sola, se tiraba al piso, se aventaba a la basura, se desnudaba.
- ¿Cómo eras antes de llegar aquí (Casa Hogar “Joyas del Rey”)?, pregunta este reportero a Jazmín, de cara redonda, cuerpo esbelto y labios resecos.
“Yo llegué al DIF por maltrato. A mis hermanos no los volví a ver. Poníamos colchones miados y nos tirábamos desde la azotea. Era muy inquieta, no me quedaba en paz en ningún lugar.
- ¿Qué opinas del pasado?
- Lo pasado es el pasado, el presente está aquí. Aquí me tratan bien, me hacen sentir cosas diferentes.
Ningún otro albergue quería aceptar a Jazmín. Ni Elizabeth Escalante, directora de “Joyas del Rey”, sin embargo, terminó por aceptarla: “¿Quieres unos papis nuevos?”, le preguntó a Jazmín, “sí”, contestó ella mientras levantaba la mirada.
Jazmín llegó a “Joyas del Rey” a los 15 años. Seguía medicada. Un día le brotó pus de sus pechos, Escalante la llevó con el doctor del DIF: “Es una reacción del medicamento; puede traer consecuencias pero lo necesita”, dijo el doctor. Elizabeth decidió quitarle la medicina: “Aquí sólo queda que te agarres de Dios”, le dijo a Jazmín.
- ¿Y sí creías en Dios?
- No, decía Dios no existe, es malo. A veces miraba al cielo y me enojaba y renegaba por todo.
Jazmín batalla para hablar. Conforme corre la charla toma confianza y se desenvuelve. Sentada en una silla, alrededor de otros cinco huérfanos, ella comparte su vida, su rencor hacia Dios, sus batallas, su presente. Al poco tiempo, le diagnosticaron un tumor en el pecho, producto del medicamento y los golpes del tío.
Tenía 15 años. Tres especialistas dieron el diagnóstico: Cirugía urgente.
“Mi mami (Elizabeth) dijo que ahora más que nunca me tenía que agarrar de Dios. Empecé a orar. Decía que Dios iba a convertir el tumor en polvo”, cuenta Jazmín.
El día de la operación todo cambió: El tumor había desaparecido. Ningún doctor dio explicación y hasta Jazmín entrecorta las palabras al contar.
A los 16 años, Jazmín cursa segundo de secundaria. Odia las matemáticas. Cuando niña, solía agarrar a los pájaros y destriparlos. Ahora sueña con ser veterinaria.
Según la psicóloga Esther Hernández, seis de cada 10 niños como Jazmín necesitan un tratamiento neuro psicológico. Durante el 2007, mil 71 niños de todo el estado necesitaron acudir a terapia psicológica, según datos de la Procuraduría de la Familia.
Pero en la mayoría de los albergues esto no existe. No hay tratamientos ni psicólogos, ni pediatras. En albergues como el Ejército de Salvación, Hogar de Niños la “Fe” o “Joyas del Rey” (por mencionar algunos) sus responsables son un matrimonio y los “ayudantes” son los hijos de esos matrimonios.
Mientras la Casa del DIF mantiene a un niño con un promedio de seis mil pesos, el Ejército de Salvación, según el Mayor Eugenio Vargas (encargado), lo hace con mil pesos. En promedio las instituciones lo hacen con dos mil 500 pesos al mes.
Viven bajo reglas
Cada albergue instruye a los niños según un modelo. Existen hogares con más de 60 años, como la Casa Hogar en Torreón “Elena Domene de González”, exclusivo para niñas. La madre superiora Guadalupe, directora, arguye: “Haz de cuenta que todas (las 40 que hay) son huérfanas”.
La mayoría de los albergues viven de donativos, regalos, rifas o bazares. Algunos tienen patronatos que los apoyan, les llevan cobijas o un juguete en Navidad. Les dan afecto. Los niños del Ejército de Salvación cantan cada Navidad afuera de una Soriana por unas monedas. El Hogar de Niños La Fe vende dulces típicos.
Así viven los huérfanos de Coahuila. Son niños que no molestan. No están en pandillas. Ellos viven encerrados. Aún así sus ojos han visto de frente al dolor: Una niña en el Hogar de Niños la Fe presenció cuando su papá se ahorcó debido a deudas económicas. Son experiencias distintas y similares a la vez. Otros presencian los golpes del padre a la madre o que uno de ellos tienen que ir a la cárcel.
Como los niños del albergue Padre Manuelito. Hijos, en su mayoría, de internos del Cereso de Torreón, que paradójicamente se encuentra a un costado del albuergue. Martín y Flor, se conocieron dentro del lugar:
Martín, 12 años.
“Estoy aquí porque mi mamá está en el cereso, por robo. Tengo 4 años. Hay muchas razones por las que no me voy con mi papá. Cuando me fui con él, noté algo raro. Es que mi papá es narco. Me voy con él los fines de semana. Me siento mal que mi papá sea narco porque lo pueden descubrir y lo pueden meter también al albergue”.
Flor, 12 años.
“Mi papá estaba en el Cereso pero ya salió. Ahorita está en con mi abuelita. Mañana va a venir. Mi mamá está en el hospital porque se quebró una mano y se le infectó. Se cayó de las escaleras. Yo tengo ocho años aquí. Mi mamá me trajo porque trabajaba”.
Futuro incierto
Según el departamento de psicología de la Casa Hogar del DIF, el 65% de las niñas que salen se desenvuelven bien en la sociedad. De los niños no se tienen estimaciones.
-¿Qué pasa con los niños una vez que tienen que abandonar el albergue al cumplir la mayoría de edad?
Mario Iturbe, Director de la Casa Hogar Niños La “Fe”, opina: “Estos niños la discapacidad la tienen en el alma. Cuando crecen es fácil verlos de contrabandistas o rateros. La delincuencia futura está en estos niños”.
Así mismo, considera que las adopciones son muy tardadas: “Existe demasiado burocratismo, careos, eso hace que el niño crezca y pierda esa sensación de amor”, opina.
Marta Estela Ramos, encargada del albergue “Divina Providencia” comenta al respecto: “Estos niños están en situación de riesgo. Carecemos de todo, nos hace falta todo y lo difícil es ver qué va a pasar con los niños una vez que salgan. No tienen aspiraciones, tienen una autoestima baja y existen familias enteras aquí”.
Pos su parte, Elizabeth Escalante, Directora de la Casa Hogar “Joyas del Rey”, considera que los jóvenes están hartos de palabras y que necesitan modelos a seguir. Escalante lanza la daga: “La verdad existen muchas casas hogar que no son otras cosas que pequeñas cárceles”.
Al respecto, existen muchas dudas sobre el futuro de los niños que pisan un albergue.
Existen instituciones como el albergue del Padre Manuelito, en Torreón, que utiliza lo que llaman “hogares sustitutos”, donde una familia “adopta” a un niño (cuya familia no se puede hacer cargo) durante las vacaciones de invierno.
Pero la mayoría se va con sus familias, ya sea en invierno, un día a la semana o un día al mes.
Para el Mayor Eugenio Vargas, encargado del albergue Ejército de Salvación, a los niños no les hace bien ir a sus casas: “A veces la mamá o el papá se alcoholizan, no son modelos. La mayoría de ellos siguen trabajando y los dejan con la tía o encerrados”, dice.
Raúl de León, encargado de Casa “Sonrisa”, aclara que a la mayoría de los padres no se les permite una visita continua, debido que “les causan trastornos”.
‘La adopcion no es Disneylandia’
Ximena y su esposo Felipe tienen dos hijos adoptados, una niña de 14 años y un niño de 12. Tienen 51 y 54 años de edad respectivamente. Todo empezó hace más de 20 años cuando el doctor sentenció: “No pueden tener hijos”.
La mejor opción fue adoptar. A Ximena, una mujer alegre, le brillan los ojos de sólo hablar de sus hijos adoptados, pero la mirada se le apaga cuando cuenta de los miedos, los señalamientos, los procesos y los obstáculos de adopción:
“La adopción es difícil, es un proceso muy lento, tienes que someterte a muchos exámenes y muchas pruebas”, cuenta Ximena.
Ella y su esposo metieron solicitudes en Torreón, Monterrey, Saltillo e incluso en los Estados Unidos. Ximena en aquel entonces tenía 36 años y su esposo 39.
Según promedios de la Procuraduría de la Familia en la Laguna, las edades de las parejas que adoptan oscilan entre los 30 y 35 años.
“Nos pidieron datos generales, fotografías nuestras y de la familia. Hablaba diariamente a todos los lugares y nadie nos hablaba. Es muy lento, no te hacen caso. Se lleva semanas para que te lleven a la trabajadora social. Tienes que sacar una carta de no antecedentes penales.
Pasaron unos seis o siete meses, también nos mandaron a hacer pruebas psicológicas”, enlista Ximena.
Pero ella tenía miedo: “Se tiene miedo porque aún se señalan a los hijos adoptados”. Ximena pensaba en todo: en el físico, en las enfermedades, en el pasado.
Una ocasión la psicóloga le cuestionó: ‘tú quieres niños bonitos o formar una familia’. “Con eso me cimbró la psicóloga y me di cuenta que tenía que aceptar lo que me tocara, esperar lo que sea”, platica como si reviviera aquellos momentos.
Un día le hablaron de Casa Cuna en Torreón: “Tenemos una niña para usted”, le dijeron. Pero al día siguiente les marcaron: “Una abuela la reclamó y la tuvimos que regresar”, comparte Ximena.
Finalmente otro llamado. Ximena y su esposo Felipe tenían una hija. La primera noche, Ximena no pudo dormir: no sabía como cuidar a una niña.
Después vino el proceso de adopción: “Contratar un abogado, llevar testigos y finalmente que el juez otorgara la adopción. Pero todo vale la pena, mis niños son muy buenos”, expresa orgullosa.
Para la segunda vez, el matrimonio deseaba otra mujer. Después de pasar por el mismo proceso, un día les hablaron que existía una posibilidad, pero era niño: “Decidimos darles las gracias en persona y cuando llegamos estaba el niño ahí y a mi esposo le bastó un segundo para enamorarse de él y desde entonces son inseparables”, comparte con una sonrisa.
Después de tener sus dos hijos, Ximena y su esposo decidieron decirles la verdad a temprana edad.
- ¿Cómo ha sido su vida desde entonces?, se le cuestiona a Ximena.
- Nunca hemos tenido problemas. Les dijimos la verdad porque físicamente somos muy diferentes. Son niños muy nobles y muy agradecidos.
- ¿Cómo es el proceso de adopción, emocionalmente?
- La adopción no es disneylandia. Yo he llorado porque han lastimado a mis hijos y quisiera ir y poner una bomba a la casa del chiquillo. Ha sido un proceso: largo, maravilloso, pero difícil.
- ¿Algún día terminará este proceso?
- Yo creo que no, porque somos ya papás reales. No tuvimos nueve meses para prepararnos, nos preparamos con el corazón.
- ¿Qué ha sido lo más difícil?
- Lo más difícil que he vivido es ver a mis hijos con interrogantes y preguntas en su mente, eso me parte el alma.
“Igual y algún día se van a buscar sus orígenes, su identidad y pues si pasa, los vamos a apoyar”, asegura Ximena.
Para la madre adoptiva, hablarles de adopción es darles seguridad. A pesar de todo, Ximena afirma que si volviera a nacer, adoptaría una vez más.
- ¿Qué ha significado la adopción?
- Una adopción es cuando los papás primero rompen con los miedos, con los prejuicios de la sociedad. Es difícil en cuanto al papeleo, pero lo vale y la verdad, es un niño menos que va a estar ahí en la calle.
Al final de la charla, Ximena comparte los álbumes familiares. Las fotografías de los niños desde que llegaron a la casa: Hay fiestas, primeras comuniones, viajes, risas, afecto, amor, uniformes escolares, amigos, familiares, campamentos, juegos de futbol.

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