- Recibe las últimas noticias suscribiéndote a nuestro Newsletter
- Cambiar email Política de privacidad
|
|
|
|
|
|
La Muerte dicta en San Lázaro
su nueva Constitución,
enfrente de tanto pájaro
de cuenta nueva y borrón.
Es por representación
proporcional, comisaria
y presidenta honoraria
de esta burlona nación.
No la afecta el voto nulo,
tampoco el abstencionismo:
ejerce sin disimulo
un poder que es siempre el mismo.
* * *
“Descarnaré a Agustín Carstens:
pasará de cliente vip
de costosos restaurantes,
a huésped de un rastro TIF.
A Calderón, por su aliño,
y porque no se ha quebrado,
le devolveré a Mouriño,
ya que tanto le ha llorado
Vera en Derechos Humanos:
como ómbudsman eclesiástico,
cuidará mejor que un laico
a los centroamericanos.
Mejor que Álvarez Icaza,
será un Las Casas de antes,
volviendo a México casa
general para migrantes.
Item, López Obrador,
siga, si aún tiene ganas
sus pleitos de aparador,
buscando primeras planas.
Pastoreando al pueblo bueno,
que un día lo hará presidente:
nunca hombbre tan ingenuo
ha engañado a tanta gente”.
Tras del pésimo político
se agitaban, asustados,
un número apocalíptico
de electricistas cesados.
A las puertas del Senado,
mientras cuenta las estrellas,
ya la Muerte ha calculado
un fin a tantas querellas:
”Tanto electricista vi
ocioso, que yo discierno
con cuarenta y cuatro mil
iluminaré el Infierno”.
Cada día es un impuesto
que pagamos a la Muerte;
colmamos su presupuesto
para que no se despierte.
El tributo a la pobreza
y al producto del trabajo,
es obligación que pesa
sobre todo a los de abajo.
La tasación de la renta
y el porcentaje a la nómina,
sobre los ricos se asientan
como una condena anónima.
* * *
cm