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Entorno económico: La cruda realidad

El alcohol y el alcoholismo en México en tres actos; drama social con trasfondo económico

Por: Federico Müller
25-Agosto-2008
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Después de leer la novela “Bajo el Volcán” del inglés Malcolm Lowry, escrita en Cuernavaca, Morelos, y publicada en el mercado norteamericano en 1947, la vida en México comenzó a ser más comprensible para la mente joven de aquel estudiante de tercer grado de economía.

Me daba cuenta de que no era la historia, ni la antropología y mucho menos la economía, por supuesto, ni las tres disciplinas juntas, las que podían explicar con mayor claridad la realidad nacional.

Al hablar de las cantinas con sus nombres pícaros y mordaces, “todos contentos y yo también”, de manera magistral vinculaba el alcohol, la vida de un diplomático y el suelo que le sirvió de estrado para escribir aquella odisea etílica. Le llamaba “tierra de los pulques y las chinches”, el “nombre de esta tierra es el infierno” -por supuesto que no está en México sino en el corazón, el infierno que vive el país.

La obra concluye cuando aparece la figura de un indio viejo y cojo que saca a otro aún más viejo y decrépito en ancas, que rememora la imagen de México como país cargando el peso de su propia y despiadada historia (Lara Zavala, “Las poéticas de Bajo el Volcán”).

La novela de ese autor inglés es considerada por la crítica especializada como la narración más descarnada y real que se ha escrito sobre la adicción al alcohol en México.

La Encuesta Nacional sobre Adicciones (ENA); la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH del INEGI) y el artículo “Alcoholismo y abuso de bebidas alcohólicas” de la doctora María Elena Medina, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente”, han sido las referencias teóricas para hilvanar algunos renglones sobre el comportamiento de los mexicanos ante las bebidas embriagantes en el período de 1970 a 1996.

DE LA VIDA REAL
Es bien sabido que el hombre que atraviesa por la experiencia del consumo desmedido de alcohol, convierte su vida en un trágico drama. Por ello, la presentación de este artículo se ha dramatizado en tres actos:

Primer acto: El consumo de alcohol per cápita en México pasó de 3.57 litros en 1970 a 5.11 en 1996, que lo sitúa por abajo del de Francia (13.7 lts.) y de Estados Unidos (8.9 Lts.), según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1999). Mientras que en el período del 2000 al 2007 el índice de competitividad del país descendió varios lugares en el ranking mundial.

Se estima que el abuso de alcohol, por sí mismo, es el causante del 9 por ciento del total de las enfermedades en México. Sus efectos perniciosos sobre la pérdida de días de vida saludable y productiva se deben a los padecimientos asociados a su consumo, en orden de importancia: cirrosis hepática, lesiones por accidentes automovilísticos, dependencia alcohólica, y homicidios (Frenk, 1999).

No obstante, y de acuerdo con la opinión de algunos epidemiólogos sociales, el alcoholismo es un problema de salud pública con un elevado índice de recuperación de la inversión realizada en programas dirigidos a su prevención y manejo.

Segundo Acto: La población masculina es la que más consume bebidas alcohólicas. De acuerdo con la ENA, en 1998, el 77 por ciento de los varones afincados en zonas urbanas  reportó haber bebido en los 12 meses previos a la encuesta, un 44 por ciento de las mujeres encuestadas lo hizo. ¿Qué le gusta tomar al mexicano? De los 5.11 litros de alcohol per cápita ingeridos en 1996, el 63 por ciento fueron de cerveza; el consumo de destilados representó el 34 por ciento; los vinos apenas llegaron al 1 por ciento, el resto de la demanda se distribuyó entre los “coolers” y los “cocktails”.
 
El aguardiente y el pulque se asocian con la pobreza de las familias. Su consumo se realizó en viviendas que carecen de los servicios básicos (ENIGH, 1994).

Tercer Acto: Estragos exterminadores del alcohol: Malcolm Lowry murió en su natal Inglaterra, mientras su casa se incendiaba. Después de una ingesta de whisky, recurrió a los barbitúricos. Se cierra el telón.

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