Ellas también aportan estabilidad a un mundo inseguro
El papel de las mujeres en el fomento de la paz y la seguridad goza cada día de mayor reconocimiento, como queda reflejado en el punto de referencia crucial que constituye la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —sobre las mujeres, la paz y la seguridad—, pese a que todavía queda mucho por hacer a todos los niveles para poner en práctica dicha Resolución. En vísperas del Día Internacional de la Mujer, más de cincuenta mujeres líderes del ámbito internacional se reunirán en Bruselas para debatir sobre el papel de la mujer en la estabilización de un mundo inseguro.
Por: Benita Ferrero-Waldner/ Margot Wallström08-Marzo-2008 (09:18 a.m.)

En el momento de escribir estas líneas, en la primavera de 2008, es difícil imaginar un mundo sin guerras. Cada día llegan a nuestros oídos noticias de nuevos conflictos, de escaladas de tensión y violencia. En cualquier situación de inseguridad, ya sea una guerra, amenazas para la salud o el cambio climático, las mujeres suelen verse afectadas de manera desproporcionada, debido a la posición, tradicionalmente más vulnerable, que ocupan en la sociedad.
El 80 % de los refugiados del mundo son mujeres y niños. La frecuencia de actos de violencia sexual y violaciones es mayor en las regiones en guerra y en los campos de refugiados. No podemos hablar del papel de la mujer en la resolución de conflictos sin ser conscientes de esta terrible realidad. Al mismo tiempo, debemos recordar que las mujeres también son agentes clave en el fomento de la paz y la estabilidad. No es posible mantener un diálogo eficaz sobre seguridad ni alcanzar realmente dicha seguridad sin la intervención de las mujeres.
Las mujeres marcan la diferencia, en parte porque adoptan un enfoque más inclusivo en relación con la seguridad y abordan cuestiones sociales y económicas clave que, de otro modo, serían ignoradas.
Una invitación Laura Serrano
Este día es una celebración y una invitación para nosotras, las mujeres de carne y hueso, que a través de la historia hemos sido relegadas, humilladas, y en algunos casos atrozmente atacadas.
Es una celebración porque a pesar de los obstáculos a los que nos hemos enfrentado, a pesar de las mordaces críticas que en un momento dado hemos padecido, a pesar de la necedad de algunos machos, hemos avanzado y hemos conquistado terrenos que nos estaban vedados, como en mi caso, el deportivo.
Ser boxeadora en una sociedad en la que el perfil de la mujer es la fragilidad, la delicadeza, la belleza, la sumisión, no ha sido fácil, aunque por haber sido pionera en el “más viril de los deportes” (ja ja) he tenido que sacrificar varias cosas, entre ellas, el aspecto económico.
Precisamente por el hecho de ser mujer, una excelente boxeadora profesional percibe salarios que un mediocre boxeador rebasaría sin mayor problema, ¿en dónde está la máxima jurídica de que a trabajo igual corresponde salario igual?
Yo como boxeadora he padecido el escarnio de la discriminación por ser mujer, pero también lo han padecido millones de mujeres en el mundo que no se dedican al boxeo; lo han padecido periodistas, políticas, escritoras, futbolistas, taxistas, policías, pilotos, científicas, investigadoras, etc.
Este día nos invita a todas a seguir luchando, a seguir fortaleciendo las posiciones ganadas, a seguir con la guardia en alto para librar y ganar las peleas que nos esperan.

WIKIO

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