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Omnia: Nueva ciencia del dolor

Aunque el dolor de espalda atacará a casi el 80 por ciento de todos los adultos en algún momento de sus vidas, las causas no son bien entendidas, especialmente en lo que respecta al dolor severo en esa región del cuerpo.

Por: De la revista Health
21-Febrero-2008 (10:30 a.m.)
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La confusión ha llegado a tal grado, que un número creciente de médicos y científicos de la salud, cree que el dolor crónico de espalda es una enfermedad del sistema nervioso, no de la espina dorsal.


Este descubrimiento ha abierto las puertas a nuevos tipos de tratamientos que podrían hacer desaparecer el dolor de espalda para siempre. Considere el caso del doctor Marc Sopher, médico familiar, de 46 años de edad, de Exeter, New Hampshire, aquejado por un “demonio” escondido en su espalda que le hacía casi imposible llevar a cabo sus actividades diarias a causa del dolor.


Al principio, el doctor Sopher asumió que tenía un esguince en algún lugar de su espina dorsal, o quizás un disco herniado o un nervio comprimido. “Empecé a tomar antiinflamatorios y esperé a que mi espalda sanara”, dice Sopher.


Pero el demonio no se fue.


“Cuando estaba en una reunión, tenía que permanecer de pie; cuando manejaba largos trayectos tenía que detenerme y salir del auto para disminuir la tensión en la espina dorsal; y cuando leía cuentos a mis hijos en la cama, tenía que hacerlo apoyado en mi estómago.


“No había explicación anatómica para lo extremo de mi dolor. Pensaba que iba a pasar el resto de mi vida con el problema”, recuerda Sopher. La mayoría de la gente con dolor de espalda mejorará en varias semanas con poco o nada de tratamiento médico. El cuerpo sana por sí solo, la inflamación desaparece y los nervios se relajan.


Pero un 10 por ciento de los pacientes con dolor de espalda nunca mejora. Por el contrario, su dolor empeora y se vuelve crónico. Esos pacientes se preguntan qué fue lo que hicieron para padecer una agonía tan desesperante.


Finalmente, el doctor Sopher dejó de sufrir de su dolor de espalda. Sin embargo, él no sanó con medicamentos, no se sometió a cirugía ni recibió inyecciones epidurales.


En lugar de eso, es uno de los miles de pacientes que superó su dolor tratando su mente, no su cuerpo. Lo que dice el libreto


El tratamiento médico convencional para el dolor de espalda sigue un libreto predecible. Después de que el paciente es entrevistado y se le hace un examen físico, él o ella se someten a una serie de pruebas que normalmente incluyen rayos X, tomografía computarizada e imágenes de resonancia magnética.


El resultado es una serie de fotografías anatómicas muy detalladas. De hecho, los médicos ya no necesitan imaginar lo que hay en la columna. Ahora pueden verlo.


Pero aún así, el 85 por ciento de los pacientes no recibe un diagnóstico preciso acerca de lo que provoca su dolor. En lugar de eso, su sufrimiento es clasificado en una vaga categoría de nomenclaturas, descritas como “esguince lumbar”, “inestabilidad espinal” o “discos herniados” .


Un estudio realizado en 1994 y publicado en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra, reunió imágenes de la columna vertebral de 98 personas sin dolor de espalda ni problemas relacionados con la columna


Las imágenes fueron enviadas a médicos que no sabían que los pacientes no tenían dolor, para que dieran su opinión. El resultado final fue perturbador: el 80 por ciento de los pacientes libres de dolor, recibieron un diagnóstico de “anormalidades” o “daños” en sus discos vertebrales. El problema es que esas “anormalidades” son tomadas en cuenta por el médico para justificar tratamientos que en la mayoría de los casos resultan inútiles.


El profeta


El doctor Sopher ahuyentó sus demonios después de leer un libro sobre el dolor de espalda, escrito por el doctor John Sarno, médico de la Universidad de Nueva York.


“El libro era tan interesante que una vez que empecé a leer no podía detenerme. Fue como una revelación. Mientras pasaban las horas, me di cuenta de que había estado sentado por mucho tiempo sin sentir ningún dolor.


“Con sólo leer un libro no se suponía que curaría mi dolor, pero así fue”, asegura Sopher. “Necesitaba saber cómo había sucedido”. Entonces, Sopher decidió visitar al doctor John Sarno, ahora de 84 años de edad.


“Cuando empecé a tratar el dolor de espalda”, dice Sarno, “yo practicaba la medicina convencional. Me apoyaba en inyecciones, antiinflamatorios y ejercicios. Sin embargo, al pasar de los años me frustraba porque me daba cuenta de que esos tratamientos eran inútiles. Mis pacientes no mejoraban”.


En general, los doctores asumen que el dolor es una respuesta a una lesión corporal. La espalda duele por un disco herniado o un músculo forzado. O sea que el dolor es debido a una anormalidad estructural. Por lo tanto, arregle la anormalidad y el dolor se irá. Pero el doctor Sarno empezó a dudar de esta explicación, al menos cuando se trataba del dolor de espalda.


¿Qué es lo que causa el dolor crónico? Si nada está mal en su espalda, entonces, ¿de dónde viene el dolor? ¿Por qué siente dolor la gente saludable?


Después de años de hacerse este tipo de preguntas, el doctor Sarno llegó a esta conclusión: el dolor crónico es causado por la mente, no por el cuerpo.


Según Sarno, cuando reprimimos el enojo, cuando luchamos con cantidades exageradas de estrés, o cuando experimentamos emociones molestas, la mente induce dolor corporal como una forma de escapar del exceso de tensión.


Y la única manera de “curar” ese tipo de dolor crónico, de acuerdo con el doctor Sarno, es con tratamiento psicológico. Y si el paciente no acepta el diagnóstico, no mejorará. Es la fe lo que lo libera del dolor.


“Cuando empecé a tratar el dolor de espalda con este nuevo enfoque, me llevé una gran sorpresa: mis pacientes se estaban mejorando por mi plática con ellos, no por el procedimiento médico.


“Esto me intrigó, de hecho confirmó que hablar con mis pacientes podía reducir su dolor.


“Cuando a los pacientes se les enseña cómo luchar con las emociones negativas que acompañan al dolor crónico, experimentan mejorías sorprendentes”, asegura el doctor Sarno.


“La terapia son sóslo palabras, pero las palabras funcionan muy bien para aliviar el dolor crónico”, concluye Sarno. Los terapistas aconsejan a los pacientes llevar un diario o practicar técnicas de relajación, que los ayuden a manejar sus sentimientos negativos y a aliviar su sufrimiento.


Esta terapia enseña que la carne puede convertirse en una esclava de la mente.


Esta forma de curación demuestra que la Medicina moderna ha olvidado lo importante que es tratar a la persona, no sólo al órgano afectado. (De la revista Health)

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