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El cáncer, las úlceras y las cardiopatías, nunca fueron vistos como males infecciosos. Ahora los investigadores médicos no están tan seguros.
Hasta hace muy poco, los científicos pensaron que estaban cerca de vencer las enfermedades infecciosas. Tenían identificados los patógenos del sarampión, la difteria, la influenza, la tuberculosis y muchos otros.
Y habían comenzado a desarrollar las vacunas y los antibióticos para prevenirlos y curarlos. Parecía que sólo era cuestión de tiempo para que los patógenos fueran vencidos.
Pero luego vino el sida y empezaron a aparecer los supergérmenes resistentes a los antibióticos, creando un enorme reto para la sapiencia convencional.
Y ahora, en el más sorprendente de los laberintos, los investigadores han comenzado a descubrir extrañas vinculaciones entre las infecciones y varias enfermedades devastadoras, que se supone no tenían nada que ver con los virus ni las bacterias, entre ellas las úlceras estomacales, varios tipos de cáncer y la enfermedad cardiovascular.
Analizaremos cómo usted y su médico pueden darle un buen uso a esta nueva e intrigante realidad.
Las úlceras
En 1984 un médico australiano llamado Barry Marshall, bebió una mezcolanza de bacterias preparada por él mismo, para comprobar su teoría de que las úlceras eran causadas por una infección bacterial. En efecto, este señor (y varios estudios subsecuentes) confirmaron que la gran mayoría de las personas que desarrolla úlcera se lo deben a una bacteria llamada Helicobacter pylori.
Este descubrimiento sorprendió a la clase médica, que empezó a preguntarse cuál era el papel de las infecciones en otras enfermedades crónicas.
La vinculación de la H. pylori con las úlceras parecía ofrecer una manera sencilla de diagnosticar y tratar la enfermedad: bastaría con comprobar si la bacteria estaba presente y luego eliminarla con un antibiótico.
En teoría parecía simple, pero en la práctica resultó complicado.
¿A quién examinar?
La H. pylori vive en el intestino, por lo regular sin causar ningún daño. La mitad de las personas que han llegado a la adultez tienen esta bacteria, pero sólo 12 por ciento desarrolla úlcera.
Y tratar a las personas que tienen la bacteria, pero no tienen úlceras, puede ser contraproducente, ya que la H. pylori protege contra la acidez estomacal. Pero además, la H. pylori no es la única causa de las úlceras. Se estima que el uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroidales (NSAIDS), como la aspirina y el ibuprofeno, son los responsables de 30 por ciento de las úlceras estomacales.
Los síntomas clásicos de úlcera incluyen un molesto dolor bajo el hueso del pecho que desaparece durante las comidas, pero empeora una a tres horas más tarde, y se intensifica durante la noche.
Para confirmar que se trata de úlcera, algunos médicos ordenan una endoscopia —en la cual un tubo flexible con iluminación es insertado a través de la garganta para examinar el estómago. La endoscopía permite ver la úlcera y tomar una muestra de tejido para examinar si está presente la bacteria H. pylori.
Pero hay pruebas más baratas y menos invasivas que permiten verificar si existe la H. pylori (a través del análisis de la sangre o de las heces fecales).
Cómo tratar el caso
El tratamiento para erradicar la H. pylori es efectivo —pero no es fácil. Un caso típico puede ser tratado con dos antibióticos: amoxilina y claritromicina, más un reductor de ácido como el omeprazol.
Este tratamiento cura las úlceras en 90 por ciento de los casos.Pero esto es sólo un indicativo. Usted debe consultar con su médico para que le oriente al respecto.
Finalmente, hay que decir que las úlceras también pueden ser provocadas por el estrés (en este caso para liberarse de la úlcera primero hay que liberarse del estrés).
Cáncer estomacal
La investigación sugiere que la bacteria H. pylori también contribuye al cáncer de estómago, a través de la inflamación crónica del recubrimiento estomacal. Sin embargo, debido a que la presencia de la bacteria H. pylori es tan común y este cáncer es tan raro, los especialistas opinan que la prevención del cáncer del estómago a través de eliminar la H. pylori, sólo sería sensato en individuos con una historia familiar de este tipo de cáncer.
Cáncer cervical
Casi todas las mujeres con cáncer cervical han sido previamente infectadas con el “Virus del Papiloma Humano” (VPH) o Papilomavirus, lo cual sugiere que este virus es una de las causas primarias de cáncer cervical.
Sin embargo, el VPH es muy común, y sólo una pequeñísima fracción de las mujeres desarrollan este cáncer (que además ha sido asociado a la clamidia, una bacteria que puede infectar la cervix y la uretra).
El Papanicolau, continúa siendo la forma principal de monitoreo para el cáncer cervical; sin embargo, cuando los resultados son inconclusos, los médicos deberían determinar si hay infección de VPH.
Los médicos deberían también tomar muestras para examinar la clamidia —aunque frecuentemente no lo hacen. Este examen es importante, ya que un rápido tratamiento con antibióticos puede prevenir complicaciones con esta bacteria.
Pregúntele a su médico acerca del papilomavirus si usted es una mujer que tiene una pareja que puede haberla infectado o si es un hombre cuya compañera tiene clamidia.
El caso cardiaco
Los cardiólogos descubrieron recientemente que las arterias no sólo son afectadas por la formación de los depósitos llamados “placa”, sino que éstas con frecuencia están inflamadas.
Algunos estudios han vinculado la inflamación arterial con ciertas infecciones, entre ellas neumonía, enfermedad de las encías, infecciones del tracto urinario, úlceras y gripa.
Es demasiado temprano para asegurar que la enfermedad cardiovascular puede ser prevenida con antibióticos, pero aún si la infección no está claramente relacionada al riesgo cardiovascular, la inflamación de las arterias si lo está.
Dos medicamentos protectores del corazón, las estatinas (reductoras de colesterol) y la aspirina (aligerante de la sngre) podrían contribuir a reducir la inflamación de las arterias.
Hable de ello con su cardiólogo.
La otra infección
Finalmente, la mayoría de los científicos está de acuerdo en que el sida surgió cuando el Virus de Inmunodeficiencia de los Simios (VIS), se pasó a personas del centro de África.
Aparentemente el paso del virus de los simios a los humanos se dio por el comercio de carne de monos silvestres un alimento común en los pueblos del Congo.
Y está claro que el VIH-1 (el virus responsable de la mayoría de los casos de sida) se diseminó a los humanos por contacto con chimpancés, mientras que el VIH-2, una forma de sida que sigue confinada en África, se originó en otra especie de primate africano, el mono mangabey.
Y parece obvio que si el sida de los simios se pasó a los humanos, nuevas cepas del virus podrían hacer lo mismo, lo cual dificultaría aún más el control de la enfermedad.
Los investigadores aceptan que es muy probable que ocurran infecciones con nuevas cepas de sida. En la actualidad tenemos 30 variedades de sida (sida de los simios), prácticamente una variedad de sida por cada especie de mono.
Y todas podrían terminar infectando al humano.
Hasta hace muy poco, los científicos pensaron que estaban cerca de vencer las enfermedades infecciosas. Tenían identificados los patógenos del sarampión, la difteria, la influenza, la tuberculosis y muchos otros.
Y habían comenzado a desarrollar las vacunas y los antibióticos para prevenirlos y curarlos. Parecía que sólo era cuestión de tiempo para que los patógenos fueran vencidos.
Pero luego vino el sida y empezaron a aparecer los supergérmenes resistentes a los antibióticos, creando un enorme reto para la sapiencia convencional.
Y ahora, en el más sorprendente de los laberintos, los investigadores han comenzado a descubrir extrañas vinculaciones entre las infecciones y varias enfermedades devastadoras, que se supone no tenían nada que ver con los virus ni las bacterias, entre ellas las úlceras estomacales, varios tipos de cáncer y la enfermedad cardiovascular.
Analizaremos cómo usted y su médico pueden darle un buen uso a esta nueva e intrigante realidad.
Las úlceras
En 1984 un médico australiano llamado Barry Marshall, bebió una mezcolanza de bacterias preparada por él mismo, para comprobar su teoría de que las úlceras eran causadas por una infección bacterial. En efecto, este señor (y varios estudios subsecuentes) confirmaron que la gran mayoría de las personas que desarrolla úlcera se lo deben a una bacteria llamada Helicobacter pylori.
Este descubrimiento sorprendió a la clase médica, que empezó a preguntarse cuál era el papel de las infecciones en otras enfermedades crónicas.
La vinculación de la H. pylori con las úlceras parecía ofrecer una manera sencilla de diagnosticar y tratar la enfermedad: bastaría con comprobar si la bacteria estaba presente y luego eliminarla con un antibiótico.
En teoría parecía simple, pero en la práctica resultó complicado.
¿A quién examinar?
La H. pylori vive en el intestino, por lo regular sin causar ningún daño. La mitad de las personas que han llegado a la adultez tienen esta bacteria, pero sólo 12 por ciento desarrolla úlcera.
Y tratar a las personas que tienen la bacteria, pero no tienen úlceras, puede ser contraproducente, ya que la H. pylori protege contra la acidez estomacal. Pero además, la H. pylori no es la única causa de las úlceras. Se estima que el uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroidales (NSAIDS), como la aspirina y el ibuprofeno, son los responsables de 30 por ciento de las úlceras estomacales.
Los síntomas clásicos de úlcera incluyen un molesto dolor bajo el hueso del pecho que desaparece durante las comidas, pero empeora una a tres horas más tarde, y se intensifica durante la noche.
Para confirmar que se trata de úlcera, algunos médicos ordenan una endoscopia —en la cual un tubo flexible con iluminación es insertado a través de la garganta para examinar el estómago. La endoscopía permite ver la úlcera y tomar una muestra de tejido para examinar si está presente la bacteria H. pylori.
Pero hay pruebas más baratas y menos invasivas que permiten verificar si existe la H. pylori (a través del análisis de la sangre o de las heces fecales).
Cómo tratar el caso
El tratamiento para erradicar la H. pylori es efectivo —pero no es fácil. Un caso típico puede ser tratado con dos antibióticos: amoxilina y claritromicina, más un reductor de ácido como el omeprazol.
Este tratamiento cura las úlceras en 90 por ciento de los casos.Pero esto es sólo un indicativo. Usted debe consultar con su médico para que le oriente al respecto.
Finalmente, hay que decir que las úlceras también pueden ser provocadas por el estrés (en este caso para liberarse de la úlcera primero hay que liberarse del estrés).
Cáncer estomacal
La investigación sugiere que la bacteria H. pylori también contribuye al cáncer de estómago, a través de la inflamación crónica del recubrimiento estomacal. Sin embargo, debido a que la presencia de la bacteria H. pylori es tan común y este cáncer es tan raro, los especialistas opinan que la prevención del cáncer del estómago a través de eliminar la H. pylori, sólo sería sensato en individuos con una historia familiar de este tipo de cáncer.
Cáncer cervical
Casi todas las mujeres con cáncer cervical han sido previamente infectadas con el “Virus del Papiloma Humano” (VPH) o Papilomavirus, lo cual sugiere que este virus es una de las causas primarias de cáncer cervical.
Sin embargo, el VPH es muy común, y sólo una pequeñísima fracción de las mujeres desarrollan este cáncer (que además ha sido asociado a la clamidia, una bacteria que puede infectar la cervix y la uretra).
El Papanicolau, continúa siendo la forma principal de monitoreo para el cáncer cervical; sin embargo, cuando los resultados son inconclusos, los médicos deberían determinar si hay infección de VPH.
Los médicos deberían también tomar muestras para examinar la clamidia —aunque frecuentemente no lo hacen. Este examen es importante, ya que un rápido tratamiento con antibióticos puede prevenir complicaciones con esta bacteria.
Pregúntele a su médico acerca del papilomavirus si usted es una mujer que tiene una pareja que puede haberla infectado o si es un hombre cuya compañera tiene clamidia.
El caso cardiaco
Los cardiólogos descubrieron recientemente que las arterias no sólo son afectadas por la formación de los depósitos llamados “placa”, sino que éstas con frecuencia están inflamadas.
Algunos estudios han vinculado la inflamación arterial con ciertas infecciones, entre ellas neumonía, enfermedad de las encías, infecciones del tracto urinario, úlceras y gripa.
Es demasiado temprano para asegurar que la enfermedad cardiovascular puede ser prevenida con antibióticos, pero aún si la infección no está claramente relacionada al riesgo cardiovascular, la inflamación de las arterias si lo está.
Dos medicamentos protectores del corazón, las estatinas (reductoras de colesterol) y la aspirina (aligerante de la sngre) podrían contribuir a reducir la inflamación de las arterias.
Hable de ello con su cardiólogo.
La otra infección
Finalmente, la mayoría de los científicos está de acuerdo en que el sida surgió cuando el Virus de Inmunodeficiencia de los Simios (VIS), se pasó a personas del centro de África.
Aparentemente el paso del virus de los simios a los humanos se dio por el comercio de carne de monos silvestres un alimento común en los pueblos del Congo.
Y está claro que el VIH-1 (el virus responsable de la mayoría de los casos de sida) se diseminó a los humanos por contacto con chimpancés, mientras que el VIH-2, una forma de sida que sigue confinada en África, se originó en otra especie de primate africano, el mono mangabey.
Y parece obvio que si el sida de los simios se pasó a los humanos, nuevas cepas del virus podrían hacer lo mismo, lo cual dificultaría aún más el control de la enfermedad.
Los investigadores aceptan que es muy probable que ocurran infecciones con nuevas cepas de sida. En la actualidad tenemos 30 variedades de sida (sida de los simios), prácticamente una variedad de sida por cada especie de mono.
Y todas podrían terminar infectando al humano.
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