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Narra brutal ataque: ‘El asesino está ahí adentro, les gritaba’

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  • Jesús Castro
  • 28-Octubre-2009
  • Leslie Flores relata los hechos ocurridos en el local donde laboraba, en el cual un migrante la atacó y mató a su patrona

    • Leslie narra los hechos. Foto: Vanguardia

    Cuando Leslie era sacada de la casa donde fue agredida con un cuchillo, dice que gritaba, “ahí está el que me hizo esto, ahí está adentro”, pero su cuello había sido cortado y lo que ella pensaba que era un grito, los paramédicos y policías confundieron con lamentos de dolor, “ya pasó, chiquita, ya pasó, ya no te van a hacer nada”, le decían.

    Casi un mes después, en su casa, un pequeño llamado Jocksan toma un refresco y pide que se lo abran, “está frío”, le dicen, hace un berrinche a su abuela, pero unos ojos que se clavan en él lo hacen bajar la cabeza, es Leslie Flores, su madre.

    Ahora, vestida de negro y sin ninguna pena por mostrar las heridas de su cuello, habla, como afónica, de cuando “ese hombre se transformó, era como una fiera, yo lo conocí poco, porque apenas tenía dos semanas trabajando, pero siempre fue tranquilo, nunca nos faltó al respeto”, narra sentada en el cuarto que sirve de cocina y habitación.

    Se refiere a Reyes Gustavo Ardón, del que recuerda dos personalidades, la del joven amable que aquel mediodía, antes de agredirla, le pidió agua en dos ocasiones y la del asesino que no tuvo piedad para clavar el cuchillo en ella y luego perseguirla.

    Le llevó agua

    Ella estaba en la cocina cuando comenzó todo, acababa de llevarle el segundo vaso de agua cuando la amenazó por la espalda, “guarda silencio, no digas nada, esto es un asalto”, le dijo casi al oído, no contaba con que Leslie se defendería.
    “Yo me defendí, porque me dio mucho miedo, pensaba en mi hijo, nomás pensaba en mi hijo, pero fue cuando me empezó a encajar el cuchillo, y yo peleaba para aventarlo, pero por eso me hizo cortadas en las manos y los brazos. Era más fuerte, no podía con él”, narra sin evadir la mirada.

    Pero en un momento de fortaleza lo arrojó al suelo y salió corriendo a un patio que hay al salir de la cocina, luego, en vez de correr hacia la salida de la casa, subió a la escalera hacia el segundo piso gritando.

    Arriba, donde también hay cuartos, estaba Judith, quien al verla ensangrentada y con Reyes persiguiéndola, intentó defenderla, pero Leslie ya no pudo observar el ataque, porque en su afán por pedir ayuda, comenzó a brincar bardas, pasando de una azotea a otra.

    De lo que siguió cuenta, “no me acuerdo de mucho, nomás que la patrona gritaba, pero yo la oía muy lejos, yo estaba sangrando y veía que ya mero llegaba a la azotea que da para la calle Xicoténcatl”.

    Cuando la joven madre llegó a lo que ella piensa, es el techo de una tienda de regalos, sintió una mano en el hombro, era él, Reyes Gustavo, que la alcanzó y de un solo tajo le abrió una herida en el cuello, “yo no sentía dolor, más bien me ahogaba”, cuenta, ahora sí bajando la vista.

    Lo que siguió está todavía confuso en su mente, no recuerda haber caído al piso, pero el policía que la rescató cuenta que la encontró porque ella estaba en el piso levantando la mano y agitándola de un lado a otro.

    Su siguiente imagen es ella sobre una camilla, los recuerdos de cómo la bajaron del segundo piso no están tan claros, sólo su desesperación por gritar, informar que su atacante aun estaba dentro de la casa.

    Llora por patrona

    Ya en el hospital, al salir de terapia intensiva, el rostro que le hizo provocar la primera sonrisa fue el de su madre, doña Juana María Treviño, luego, una noticia se la borraría.

    “Me avisaron que la patrona había muerto. Yo lloré, lloré mucho, porque pues, a lo mejor entre las dos nos hubiéramos defendido, no la hubiera matado”, dice, ahora sí triste.

    A la familia de su ex patrona, que no se han acercado, ni siquiera para ver cómo está de salud, menos para ofrecerle ayuda económica, no le desea el mal.

    “Yo me doy por agradecida con la vida y con la fundación Dí Sí a la Vida, que pagó todo lo del hospital, a ellos, los papás de los patrones, pues que Diosito los ayude”, concluye, quien espera ser dada de alta para volver a trabajar y dice, si se puede, también estudiar.

uc

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