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Vendedores invaden calles adyacentes a los panteones; desempleados aprovechan para ofrecer sus servicios como pintores
Durante el Día de Muertos, los más vivos son los vendedores, que por docenas se postran alrededor de los panteones para hacer “su agosto” con los visitantes.
Entre la vendimia se puede encontrar flores como el cempasúchitl y crisantemos que predominan a la vista, llenando el ambiente con su característico olor a hierba recién cortada.
Y no pueden faltar los vendedores de “comida típica”, como son enchiladas, chiles rellenos y otros antojitos que se ofrecen sin las más mínimas medidas de higiene, pero que tienen gran demanda entre los visitantes.
Cientos de familias continúan visitando fielmente a los que ya se nos adelantaron, como marca la tradición desde varios siglos atrás.
El Día de Muertos sigue siendo una fiesta en toda la extensión de la palabra, donde los vivos tratan de recordar con añoranza a los que yacen bajo tierra.
Este año la venta de flores está muy “floja”, a decir de Gabino, quien espera recuperarse este día. El comerciante dijo que el precio de su mercancía sí se elevó; “fue poquito, porque de por sí la gente casi ni compra, ‘ora si las damos caras, pos menos”.
Tampoco podían faltar los juegos infantiles, que dan un aspecto de feria en lugar de un día que se antoja de cantos y oraciones.
Desde muy temprana hora de ayer domingo se pudo observar una gran afluencia a los panteones Santiago, San Esteban, Jardines del Santo Cristo, Jardines del Arcángel y Los Pinos.
El área que registró más visitantes fue el sector donde se ubican los panteones Santiago y San Esteban, donde, a decir de los propios administradores, se estima que de las 07:00 a las 18:00 horas, en suma acudieron más de 20 mil personas.
El tráfico vehicular de la calzada Francisco I. Madero fue difícil y lento a partir de la calle Francisco Murguía hacia el oriente, y lo mismo ocurrió con los accesos a ese punto, desde las colonias Antonio Cárdenas, Panteones y Del Valle.
Pero además de los puesteros, también estaban haciendo su lucha desempleados que tienen varias semanas sin “chamba” ofreciendo sus servicios de limpieza de las tumbas, además de trabajos de pintura, “o lo que se ofrezca”.
Memo es uno de ellos, quien se vio afectado por el recorte en una de las armadoras de autos de la localidad “y pos hay que llevar dinero a la casa; la cosa está difícil y ahorita agarro chamba de lo que caiga”, dice con un poco de resignación.
Decenas de personas han hecho ya una tradición acudir a los panteones para prestar servicios; cobran cinco pesos por acarrear agua, o lo que les den por barrer los lotes y 10 pesos por pintar, decorar y remozar una lápida.
Los operativos de Policía estaban a la medida, pues se observaron varios elementos resguardando la tortuosa circulación de los vehículos; hasta parecía que su intención era dejarse ver en cada esquina. Aunque en el resto de la ciudad no fuera así.
Lápidas hay de todos los tipos: lujosas, pequeñas, tradicionales, humildes, de colores vivos, con acabados en mármol o una sola cruz de madera; todo es cuestión de gustos o posibilidades.
El Panteón Santiago alberga en sus entrañas miles de cuerpos distribuidos en 11 mil 600 lotes, a lo largo de 7 hectáreas; ya no tiene espacio para más difuntos. La última vez que se vendieron lotes en ese lugar está tan distante que nadie la recuerda.
sc