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Música, juegos, alcohol y rezos es lo que se vio ayer en los cementerios de Saltillo
Cuando el olor a tierra mojada se mezcló con el cempasúchil dio inicio la fiesta de la muerte. Las risas de los niños jugando sobre las lápidas y los acordes de las “Tres Tumbas” dieron la indicación de que era momento de entrar al Panteón Santiago, para recordar.
“¿Le llevo el agua?, ándele, lo que me quiera dar”, dice Fátima a los visitantes. Nadie le dijo que sería la encargada de recibir a los visitantes.
Ella y su amiga Carolina, de 13 años, se fueron con unas tinas y sacaron 80 pesos cada una. Dieron 10 vueltas de la toma de agua hasta las tumbas que sedientas reclamaban el líquido. Las manos ennegrecidas y lastimadas por el peso de la tina, valieron la pena, dice Fátima; es la primera vez que va a trabajar, pero sin duda volverá el próximo año.
“Llévame agua a la tumba de la orilla”, le dice una mujer a la niña, ella obedece, tambalea un poco y su delgado cuerpo hace esfuerzos para no caer.
Algunas gotas salpican la tierra suelta y otras más caen en los zapatos de quienes van a ver a sus muertos. Entre ellos los de Alfredo Irigoyen, quien va vestido de mariachi, lleva su trompeta en mano y va tarareando una canción.
La música
“La barca en que iré, lleva una cruz de olvido”, Alfredo le va a cantar a su abuelita, cada año va con su familia. Reza un rosario y mientras limpia la tumba, no falta quién le hable para pedirle una canción.
“Te ven charro y te piden, así es cada año, se nos acercan las señoras y nos piden que les cantemos una canción. Nosotros cobramos mil 300 por 5 temas, pero aquí viene gente muy humilde”. Por 100 pesos canta 2 canciones para animar la fiesta, algunas veces es la melodía favorita del difunto y otras las populares del Día de Muertos.
“Lo malo es que la gente siempre termina llorando, apenas empezamos a tocar y las señoras comienzan con el llanto”, relata.
Las que más piden son “Amor Música, juegos, alcohol y rezos es lo que se vio ayer en los cementerios de Saltillo eterno”, “Cruz de olvido” y algunas veces hasta “Que te vaya bonito”. Ellos son parte del Mariachi Garibaldi que a diario se enfría las manos en las madrugadas mientras esperan clientes en la calle Allende.
El vino
Doña Angélica se levantó temprano para limpiar la tumba de su esposo, hace apenas tres meses que murió pero ella dice que es como si lo hubiera enterrado ayer.
Limpió el lugar y le puso un ramito de mano de león que compró en 15 pesos. Estaba por persignarse cuando escucho un ruido extraño, como una llave, dice. “Estaban unos señores orinándose atrás de una tumba. Me acerqué a verlos y estaban tomando. Tenían unas botellas en las manos”. Fue en busca de un policía, pero dice que no lo encontró; al regresar, dice, percibió un olor a vino en el ambiente.
Las flores
¿Cuándo te vas a morir, mamá?, pregunta con insistencia Rubén a su madre. Ella no lo mira, no responde y se limpia las lágrimas. Es 2 de noviembre, y como cada año fueron a visitar a su hermanito.
Murió hace dos años y Rubén a sus cinco trata de encontrarle explicación a la muerte. Su madre compró flores en la entrada del Panteón Santiago, su presupuesto era de 45 pesos. Alcanzó para dos ramos, una bolsa de papitas y una botella de agua. “Es difícil explicarle a los niños, yo le dije que su hermanito se había ido al Cielo y nada más”.
La señora Mary, madre de Rubén, no le contó que perdió a su hijo por un aborto espontáneo.
No le dijo tampoco que con la muerte de su hermano se fue su papá, tampoco le contó que los 45 pesos era el capital de la semana. Por eso dejó que Rubén se llenará del perfume de las flores.
sc