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Clama la sociedad justicia para la joven saltillense
Hastiado de los embrollos burocráticos plagados de corrupción, el padre Elisa, Luis Ignacio Loyo, señala que es ya demasiado dolor.
“Pero es demasiado sufrimiento como para seguir esperando más, los señores del Buró Internacional, no quieren dejarla ir hasta que hagan todas las investigaciones, hasta que no emitan su dictamen, no sé qué más necesitan... ya es demasiado”.
Además dijo que seguramente el crimen quedará impune. “El crimen va a quedar impune porque van agarrar a un pobre filipino, lo van golpear y van a decir que él fue”, apuntó el padre de Elisa quien estuvo acompañado por amigos y familiares.
“Mi otra hija de mi segundo matrimonio y muchos amigos nunca me han dejado solo, vino gente de Colombia, Chile, amigos de Chiapas y un primo de mi ex esposa que vino desde Houston”. Por ahora la madre de Elisa sigue en Canadá a la espera de recibir a su hija.
Luz en la oscuridad
Por la calle Victoria, los niños encendían velas y algunos que salían de sus trabajos se unían a la marcha, al ver el dolor se sensibilizaban y se acercaban. Aquel rostro poco se conocía, era el de aquella mujer que apasionada de los aromas y sabores sonreía en las fotos que llenaban la calle Victoria.
Un día sintió que lo mejor para soñar era emigrar; volar lejos de casa para formar sus propias alas, esas que han muerto, que asesinaron por alzar la voz.
Al llegar a la Plaza Principal aquel contingente de 500 almas, se ahogaba en un grito que no se escuchó hasta que las voces de aquellas que la conocieron, como sus amigas, quienes la recordaron como una mujer valiente, alegre y capaz de armar una revolución, en ese momento cuando amigas como Marcia y Giovanna Flores que hablaron de ella en tiempo presente y que al hacerlo sus voces se quebraban y ennegrecían la noche que había caído sin que se dieran cuenta.
Las jóvenes exigían justicia y seguridad para todos los jóvenes que salen de su país con una esperanza y que se topan con que no hay quien vele por su integridad.
De pie con la Catedral de cobijo, las fotos de Elisa, brotaron de una pantalla que denunciaba el horror de su muerte y lo valiente que había sido. Sus expresivos ojos brillantes resaltaban de aquellas fotos que la recordaron como la niña traviesa que fue, una Elisa alegre, sonriente, coqueta y tierna que encaraba a la vida.
Al término del video, cuando las heridas estaban abiertas y sangrantes, el grupo saltillense Acústica interpretó “Castillos en el Aire”, allí la piel se erizó y justo cuando las notas se hicieron silencio, las campanas de la Catedral festejaron los 26 años de Elisa. Momento de aplausos que llovieron y la felicidad de saber que ella está en lugar mejor, aquél que su fe cristiana le prometió.
El pastor Juan Arenas, quien la conoció desde pequeña, elevó una oración y confortó a los presentes asegurando que ella estaba en un lugar maravilloso, donde descansaba y tenía la felicidad plena.
“Para Elisa”, pieza de Ludwig Van Beethoven, fue el último regalo que su hermana Cecilia dio, “siempre la voy a recordar, por su inteligencia, su belleza y su valor de marcharse sola a estudiar”, apuntó la joven de 16 años que interpretó la pieza musical en piano, gesto en reconocimiento a su hermana.
De la plaza nadie quería marcharse, buscaban seguir recordando a Elisa, colocaron un pequeño altar que se llenó de velas y que quizá se apague, pero que espera que la llama de la memoria no lo haga.
El clamor general era de justicia para Elisa.
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