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Día de Muertos: tradición que muere en Saltillo

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  • Violeta Rodríguez
  • 02-Noviembre-2009
  • Cada vez es menos gente la que honra a sus difuntos... y muy pocos los que llevan flores a las tumbas

    • Foto: Vanguardia

    Formas de vida que giran en torno a la muerte se pasean por las tumbas y cobran por los servicios de sus oficios. Este año la crisis económica ha cambiado la tradición. Dicen que el panteón está más muerto que antes.

     

    ‘Ya no se acuerdan de sus muertos’

    En el Panteón de Santiago hay muchas tumbas olvidadas, dice Jesús Villanueva, quien se dedica a sacar los restos de las tumbas para que esos lugares se vuelvan a vender.

    Hace días, cuenta, le propusieron bajar a una de ellas y sacar “al muerto”, le darían por eso 100 pesos. Él aceptó porque el trabajo de pintor, al cual se dedica desde hace 30 años, no anda muy bien.

    Lo malo fue que esa noche las pesadillas lo asaltaron, soñó que el muerto lo perseguía y le reclamaba por haberlo sacado de su tumba.

    La verdad ir a pintar tumbas al panteón, desde hace años, ya no le deja dinero, Jesús, confiesa, es una manda.

    “Ya no saca uno dinero, lo hace mejor como una devoción cada año, nomás con salir tablas con lo de la pintura y con eso está bien”, afirma.

    Dice que desde que Fox llegó a la Presidencia las cosas no han sido las mismas; baja la vista. “Ya todo está muy triste”, Recorre sus dedos por las cerdas de la brocha.

    “Antes uno ni se quejaba pues había demasiada chamba, pintábamos muchas tumbas. Se llevaba uno 500 ó 600 pesos libres de todo; sí salía buen dinero”, relata.

    Llegó a cobrar hasta 60 ó 70 pesos por dejar una tumba en perfecto estado, limpiaba la cruz y daba color al nombre del difunto. Ahora la gente que va ya no quiere darle ni 30 pesos. “La gente ya no ve por sus muertos, menos vienen a verlos y nomás algunos le barren ahí”, se queja.

    A don Jesús le molestan aquellos que abandonan a sus muertos, llama hipócritas a los que lloran en la tumba y salen sonrientes del panteón.

    “Pura hipocresía con el difunto, a la salida van a risa y risa, es puro teatro. Pa’qué, hay unas señoras que vienen y están a grito abierto, el muerto ya tiene más de 30 años y ellas ahí están”, agrega.

    Además, dice que rezarle a los muertos ya pasó a la historia. Son pocos los que se detienen a orar.

    A don Jesús no le da miedo andar de noche en el panteón, dice que antes los vivos son el terror de los muertos.

    “Antes enterraban a los difuntos con joyas, relojes y sus trajes. Luego no faltaba un ‘vivo’ que se metiera a robarlos y dejaban encuerado al difunto”.

    Ahora en en el Santiago ni los vivos se aparecen, por eso dice don Jesús que el panteón está más muerto que nunca.

     

     

    Ramitos de cempasúchitl

    “La gente ya no llora por su difuntito”, dice Gabino Vicente, quien vende flores afuera del panteón. Asegura que los jóvenes no asoman la nariz por el panteón y los adultos mayores que antes compraban flores, sostiene, se han ido muriendo o ya no tienen dinero.

    Afuera del Panteón de Santiago, en su puesto de flores, ahora vende ramitos de cempasúchitl.

    Gabino Vicente explica que tuvo que hacer ramitos porque la gente ya no tiene dinero para comprar coronas o suntuosos o arreglos florales. Incluso, dice, ya casi no se ven personas en el panteón.

    “Es tiempo de crisis, hay gente que no tiene dinero ni para un ramito. Además la gente que antes era cliente dejó de venir”.

    Hace un año, se acuerda, se fue en la camioneta a la Ciudad de México a comprar las flores para el 2 de noviembre.

    Llegó temprano en la camioneta y, junto con otros empleados, escogieron las flores más frescas para vender. Viajaron de noche como siempre, así las flores no se dañan y sus pétalos no piden agua en el camino.

    El olor a cempasúchitl y a mano de león invadía la camioneta, se habían comprado más de 10 mil pesos flores.

     

    Inciertas las ventas

    Este año la historia fue distinta: al llegar a la Central de Abastos decidieron traer sólo 6 mil pesos, la flor había aumentado un 10 por ciento y no podían arriesgarse a vender poco.

    “No podemos correr el riesgo de que se nos quede, no sabemos cómo nos vaya ir”, dice.

    Originario de Pachuca, dice llevar tres años en la ciudad, emigró por la necesidad del trabajo.

    “Pásele para que los vea ramitos fresquecitos”, ofrece Gabino Vicente a una de las clientes, mientras ensarta las flores en una base y les muestra su producto.

    “A nosotros nadie nos enseñó, el chiste nada más es que se vea bonito para que se venda”, agrega.

    Insiste con la clienta y le baja 50 pesos a los 250 iniciales, ella agradece y se va, Gabino sigue ensartando flores.

sc

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