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CRIT Coahuila: la casa de la esperanza

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  • Karla Garza
  • 16-Noviembre-2008
Tags Relacionados: CRIT, coahuila, casa, esperanza
  • A cinco años de su creación, el Centro Teletón ha cumplido con creces su misión y prueba de ello son más de 200 niños que, gracias al tratamiento especializado recibido en el CRIT, han visto un gran cambio en sus vidas


    Un inquieto desfile de colores vivos despierta de golpe los sentidos, casi tanto como el coro de risas que resuena sobre las decenas de pequeñas cabezas que van y vienen por todos los pasillos.

    El Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) de Coahuila es un espacio de cinco hectáreas donde hasta las áreas médicas especializadas lucen como salones infantiles recreativos. “Tratamos de que los niños no se sientan en un hospital”, explica Jorge Granados, guía del centro.

    Tras un colorido trenecito de escritorios, los recepcionistas del centro reciben pacientes y solicitudes. En “el tren” inicia el camino a la rehabilitación para los alrededor de 200 niños que diariamente son tratados por alguna discapacidad neuromusculoesquelética, es decir, neurológica, muscular u ósea. Se trata, además, del único centro en Coahuila que atiende a niños con secuelas de quemaduras a nivel muscular.

    Los techos y sus aves, las paredes y sus peces, los muñequitos, las flores, los pisos en sus aparentes acuarelas, aquí todo son estímulos, hasta las manijas de las puertas, que se ubican en la parte inferior, a la altura de los pequeños, para que sean ellos quienes las abran.

    Cien trabajadores, entre personal administrativo, enfermeros, paramédicos, psicólogos, terapistas, psiquiatras, paidosiquiatras, ortodoncistas, genetistas y ortopedistas, se encargan de poner en marcha un modelo médico que abarca una atención física, psicológica, social y espiritual.

    A ellos se suma un rotativo ejército amarillo: los voluntarios. “Son como los amigos de los pacientes”, dice Jorge. “El paciente al momento que llega se encarga de decirle a dónde tiene que ir, qué es lo que necesita, no entran a las terapias, pero apoyan a las familias”.
    Así, lo pequeños nunca están solos. En la mayoría de las terapias, además del especialista médico, los acompañan sus padres, quienes aprenden al tiempo la manera de seguir trabajando en casa en la rehabilitación del niño.

    El área de enfermería es la siguiente estación para los pequeños. Antes de cada consulta o terapia, aquí los miden y pesan. Además, explica la encargada de la enfermería, “muchos niños en ocasiones tienden a convulsionar, aquí se les estabiliza y si por alguna razón es necesario trasladarlos al hospital, tenemos una ambulancia afuera”.

    Enseguida están las áreas de Vital Steam, donde por medio de electrodos se estimula a los niños que tienen problemas de deglución y no pueden masticar; y la de terapia de lenguaje, donde se les enseña y ayuda a comunicarse aunque no sean capaces de hablar.

    Una “casita” con su habitación y cocina constituye el área de terapia ocupacional, donde aprenden a desplazarse de la cama a la silla de ruedas, de la silla al baño, a utilizar la estufa y tareas domésticas similares destinadas a otorgar un poco de independencia de movimiento y acción a los pequeños.

    El área de talleres, explica su coordinadora Gisela Martínez, es un espacio donde aprenden manualidades, música, cartonería e ixtle, dibujo y pintura, computación, lectoescritura y hasta pastelería. Aunque este último taller está suspendido, ya ha dado frutos de los egresados como técnicos pasteleros. “Ya hay una muchacha que tiene su pastelería en forma, se llama Pastelería Ángeles”, cuenta la responsable.

    En el área de estimulación temprana se ubica a los bebés de 0 a 3 años que están en riesgo de tener o ya tienen alguna discapacidad. Puesto que los primeros años de vida son los más importantes en el desarrollo del ser humano, los especialistas intentan evitar que haya un daño en esa etapa; o si ya lo hay, que se atienda cuanto antes, pues así se avanza a mucho mayor escala en la rehabilitación del niño.

    En “el tanque”, los niños con prótesis comienzan sin riesgos a dar sus primeros pasos. Además, se realiza hidroterapia a una temperatura de 36 grados, pues se ha comprobado que con el agua caliente los músculos se relajan, y existe para algunos niños la posibilidad de empezar a flexionar sus extremidades.

    Allí mismo existen dos tinas de remolino que brindan hidromasaje a gran escala para el mismo propósito.
    Puesto que muchos niños son propensos a las infecciones, la higiene en el tanque es extrema. Padres y terapistas deben ducharse antes y después de entrar; el agua se pinta amarillo si algún niño orina en ella. La terapia se detiene y el tanque debe ser vaciado y vuelto a llenar, lo que puede tomar días.

    En la sala de mecanoterapia se les enseña cómo manejar la silla de ruedas, cómo caminar en el andador, cómo subir escaleras en silla de ruedas. Junto, en la unidad de electrodiagnóstico, se estimulan directamente los músculos por medio de electrodos.

    Un pequeño espacio oscuro que se ilumina con peceras y lámparas de colores es el centro de estimulación múltiple sensorial. Se utilizan en él técnicas como aromaterapia, hidroterapia y musicoterapia para tratar de estimular el cerebro de los niños.

    En el área de deportes, varios competidores paralímpicos se están preparando para llegar a una paralimpiada internacional. Esta área se enorgullece de las medallas de oro, plata y bronce que hasta ahora se han acumulado.
    El CRIT cuenta además con una pequeña capilla donde se imparte catecismo, se realizan primeras comuniones y confirmaciones, así como los maratones de oración en diciembre.

    Finalmente, fuera del edificio se extiende el jardín terapéutico, donde los niños tienen contacto con los diversos tipos de pisos que pueden encontrarse afuera, incluso alcantarillas.

    El sueño CRIT: enorme, pero insuficiente
    Basta escuchar a una madre quedarse sin palabras —a medio relato— del día en que, tras años de esfuerzo, vio a su hijo caminar por primera vez, para comprender hasta qué grado es real que este centro le ha cambiado la vida a centenares de niños y a sus familias.

    A lo largo de sus cinco años de existencia, el CRIT Coahuila ha logrado ese milagro en más de 200 niños que ya han egresado tras cumplir sus metas de rehabilitación. Además, explica su director, Herminio Rodríguez, “han cambiado sin exagerar mil 500 vidas de niños que han pasado por aquí, algunos que siguen aquí y otros que con la apertura de nuevos CRITs se fueron a otros”.

    Durante este tiempo, señala el director, “se ha dado un gran paso en forjar una cultura a favor de las personas con discapacidad, hacia su dignidad. Ha cambiado la manera en que nos podemos sentir vulnerables. Muchos nacen con discapacidad, pero muchas otras son discapacidades adquiridas. La sensibilidad de saber que nos puede cambiar la vida en cualquier momento, que cuando me cambia a mí, afecta y le cambia el ritmo a toda la familia”.

    Al cierre del mes pasado, refiere, había 920 niños atendiéndose. En un mes se otorgan más de 8 mil servicios. Sin embargo, la lista de espera para acceder es casi tan grande como la de ingresados.

    “Cortamos la lista de espera a 250 niños, pero sabemos que hay muchos más. La cortamos porque sabemos que son los niños que en un año, máximo dos, van a ingresar. Imagínate al niño que hoy me llama, lo inscribo en una lista de espera y le digo ‘aproximadamente lo espero en enero de 2016’, que es un dato bien real por ejemplo para un niño de parálisis cerebral. Sé que pudiéramos abrir otra clínica completa para niños con parálisis cerebral. Claro que hay niños que no han podido ingresar. Hay niños que desde la apertura están esperando”, explica Herminio Rodríguez.

    El centro requiere de un presupuesto de 30 millones de pesos anuales, de los cuales el Gobierno del Estado aporta 25. “La diferencia sale en una pequeña parte de las cuotas que recuperamos, menos del 3% —cabe recordar que Fundación Teletón beca a los niños con el 97% del presupuesto—, otra de un bazar que tenemos en Voluntariado y ya sumadas las dos cosas quizá sea un millón. Lo demás, de actividades como el Teletón local”.
     
    Cada año, agrega Rodríguez, “hay 3 millones que tenemos que conseguir, que siempre hemos conseguido y que si no los conseguimos nos los da la fundación, pero hay que entender que no es lo mismo hacer un Teletón para cinco CRIT que para siete, que para 13 que somos ya. Entonces tratamos de ser autosuficientes en la medida de lo posible”.

    Apunta también que a lo largo de cinco años el CRIT ha realizado cerca de 80 cirugías en los mejores hospitales. “Este año llevamos como 25. Tenemos un fondo cercano a los 900 mil pesos, pero tenemos más de 900 niños cuya condición a veces les da una vulnerabilidad mayor y cuando hay que hacer cirugías fuera de las de rutina —le digo de rutina a una cirugía ortopédica, una corrección de cadera, etc.—, pero a veces hay cirugías donde va la vida de por medio, y de esas hemos hecho varias, y no bajan de 300 ó 400 mil pesos, queremos más para hacer más”.

    Cuando en medio de la tan citada crisis alguien le pregunta si este año se ve difícil para la colecta, el director del CRIT contesta que ningún año ha sido fácil, “pero tenemos mucha esperanza y a lo mejor vamos a trabajar lo doble para conseguir lo mismo, pero lo vamos a hacer, no podemos caer en el desánimo. Este año el reto era colocar cinco mil latas de esas que andan ya en las calles. Son muchísimas, es el año que más hemos colocado y nos volvimos a quedar cortos. Los niños del Teletón sacan lo mejor de nosotros mismos, de un país. Eso nos ha enriquecido”.

    La meta de recaudación local este año es de un millón 218 mil pesos el día del Teletón.
    Nuevos retos

    El Centro Teletón Coahuila, se enorgullece su director, está invirtiendo en tecnología de punta. Hace algunas pocas semanas hicieron traer de Valencia, España, un laboratorio que permite el análisis de marcha y movimiento de los niños.

    Además, esperan con emoción la llegada de “Locomat” desde Suiza, con una inversión de 600 mil dólares. “Es un aparato maravilloso que consiste en un equipo electrónico robotizado, donde por medio de soportes le puedes trabajar al niño las cuatro extremidades y sobre una banda y con una pantalla; así, el niño hace perfectamente todos los movimientos que hacemos al caminar. Incluso un niño que jamás haya movido sus extremidades por sí mismo, ahí lo va a poder hacer.
    Significa muchísimo porque su cerebro va a recibir todo el estímulo de los movimientos que va a hacer”, explica.

    La meta para el próximo año es sacar el máximo provecho a los nuevos equipos, además de “seguir capacitando a nuestra gente en los mejores congresos sobre rehabilitación, lograr integrar al 100 por ciento a los niños, integrarlos más a escuelas regulares, a su entorno diario. Porque aquí vienen y están perfectamente adaptados, la silla de ruedas pasa por todos lados, pero si tenemos que salir a sus casas, adaptar sus casas, hacerles rampas, lo queremos hacer también”, apunta Herminio Rodríguez.

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