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Los machetes apuntaron al cielo, fueron empuñados por seis viajeros que bailaron la danza de la justicia.
La Plaza Nueva Tlaxcala acogió a los originarios de Atenco, algunos se detenían y los veían con curiosidad. Los automovilistas frenaron, buscaban una explicación a la visita de los hombres de sombrero, paliacate rojo y machete en mano.
Fueron alrededor de 40 saltillenses, los que vencieron la frialdad de la indiferencia y se detuvieron a escuchar los motivos de la lucha de un pueblo. Aún con tierra en los zapatos, expusieron porqué su herida sigue abierta y se les volvió a quebrar la voz cuando hablaron del dolor que nace cuando se pierden a los compañeros.
Recordaron a los que perecieron en la lucha por la defensa de la tierra y a los otros que perdieron su libertad por alzar la voz y negarse a ser arrancados de la tierra.
sc