La ‘catafixia’ de los panistas; el PAN cambió una de sus pesadillas… por otra.
Cd. de México.- Retiró del orden del día su protesta por el derrumbe de la estatua de Vicente Fox, en Boca del Río, Veracruz, y a cambio obtuvo el apoyo unánime para sus dos senadores por Coahuila, acusados de estar coludidos con el narcotráfico.
Por: Universal17-Octubre-2007 (02:50 p.m.)

La negociación que causó la segunda caída de Vicente Fox transcurrió en los pasillos del pleno y entre escaños en las primeras dos horas de la sesión. En ese tramo hubo tensión entre un PAN ofendido y un PRI negado a poner la mejilla.
En su reunión previa, los panistas desahogaron sus enojos contra la agresión ocurrida el fin de semana en Boca del Río. Hubo voces que prevenían que el ex presidente ha permanecido mucho tiempo en la escena pública, bajo truenos de violencia e intolerancia.
Senadores presentes en esa reunión habitual reconocieron que los duros de su bancada aguantaron, e incluso dejaron vigente la sugerencia para que Federico Döring puliera el lenguaje de un extrañamiento al gobernador Fidel Herrera Beltrán (PRI), quien subiría a la tribuna, en el apartado “Proposiciones”.
El grupo panista entró al salón del pleno, sin embargo, con el talante de los que se sientan a tomar el té. La crispación la traían en la garganta, como Ramón Muñoz, el más cercano a Vicente Fox, que acusaba intolerancia en una parte del “círculo rojo”, no de la población. “Una parte del ‘círculo rojo’ son los críticos que ejercen la inteligencia y fortalecen el imperio de la razón y cumplen con valía la función de acotar el poder del gobernante”, comentó el ex hombre fuerte de Los Pinos.
En la primera y la segunda filas pasaban horas amargas los senadores por Coahuila Guillermo Anaya Llamas y Ernesto Saro Boardman, ocupados y preocupados en el curso del escándalo en el que los metió su paisano, el gobernador Humberto Moreira. “Está loco”, era lo menos que decían del priísta (único gobernante que no respaldó la reforma electoral).
Respondieron telefonemas, correos electrónicos; saludaron a colegas en el salón, que estaba convertido en cancha de acuerdos de las más de 50 comisiones, incluida la que otorga la Medalla Belisario Domínguez.
A ratos Anaya y Saro miraron juntos, como ausentes, el transcurso de la sesión: un orador en turno, aislado por el rumor de un pleno fraccionado en muchos coloquios. En su desolación, los dos coahuilenses quizá habrían observado a diversos senadores con atributos para discutir decisiones, que al final del proceso se traducen en la voluntad de todos.
Esos agentes del acuerdo parlamentario —los Humberto Aguilar Coronado, José González Morfín, Carlos Navarrete, Alejandro Zapata, Ricardo García Cervantes, Melquiades Morales, Manuel Velasco— abrieron un camino que culminó en el pronunciamiento de solidaridad del Senado hacia ellos.
El respiro, sin embargo, no borró el agobio de sus rostros.
Donde la magia de negociar acuerdos topó con la nada, fue en la asignación de la Medalla Belisario Domínguez.
Manuel Velasco (PVEM), presidente de la comisión que selecciona al galardonado, tiró la toalla. Se necesita tiempo para dictaminar la propuesta de que se otorgue a Mario Molina, premio Nobel de Química 1995, y revisar inconformidades sobre la propuesta en favor de Carlos Castillo Peraza.
Si ya cayó Fox, falta ver si los vientos favorecen que Felipe Calderón pise Xicoténcatl, la casona de los acuerdos políticos.

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