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Extinción de LyFC, luz y sombra

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  • Reporte Índigo
  • 17-Octubre-2009
  • Por bajar el switch a la empresa le aplaudieron al presidente Calderón, pero hay intereses de terceros y ahora el Gobierno Federal debe moverse con cuidado sino quiere recibir un nocaut como el que asestó

    • Por bajar el switch a la empresa le aplaudieron al presidente Calderón, pero hay intereses de terceros y ahora el Gobierno Federal debe moverse con cuidado sino quiere recibir un nocaut como el que asestó

    El presidente Felipe Calderón asumió la decisión y tomó el riesgo que ninguno de sus antecesores en Los Pinos se atrevió a enfrentar: liquidar Luz y Fuerza del Centro (LyFC).

    En un sorpresivo operativo, cobijados por la euforia del pase de la Selección Mexicana al Mundial de Sudáfrica, elementos de la Policía Federal tomaron las instalaciones de la empresa.

    Una hora más tarde, el decreto de liquidación se publicaría en el Diario Oficial.

    Era extinguida una de las empresas públicas que se había convertido en la pesadilla de cada sexenio. Y con ella, la disolución de un sindicato que media docena de veces puso al Gobierno contra la pared.

    Pero la acción política más celebrada en lo que va del sexenio calderonista tiene sus luces y sombras.

    Para una inmensa mayoría, la de los usuarios, la de los contribuyentes, la del ciudadano, fue un acto presidencial valiente, una acción necesaria para comenzar a frenar los abusos sindicales en las empresas públicas.
    Fue un golpe de timón que ya le hacía falta a una desacreditada administración y que inicia el cumplimiento de las 10 promesas que el presidente hiciera al alcanzar la mitad de su mandato.

    Suprimir de súbito los privilegios y las canonjías de un sindicato que no pudo ser dominado ni por poderosos mandatarios como Carlos Salinas de Gortari, demandó de voluntad política. Y Felipe Calderón la tuvo. Al fin, alguien se decidió a pagar el costo político de una confrontación así.

    Para otros, una menos inmensa mayoría, la de los sindicalizados de gremios oficiales, como los electricistas, los telefonistas, los maestros, los petroleros, fue un manotazo de poder.

    Algo que no les gustó, aunque por ahora guarden un prudente silencio para evitar ser los que siguen.
    Un abuso que no respetó el régimen legal y que pasó por encima de privilegios y canonjías convertidos en derechos laborales, concedidos por regímenes priistas que pagaron caro el voto clientelar que los sostenía en Los Pinos. Pero derechos al fin.

    Un golpe que tendrá serias consecuencias jurídicas y laborales, pero sobre todo políticas, para un régimen que pudiendo estar en lo correcto en la decisión de fondo, podría estarse equivocando en las formas. Y eso se verá en los tribunales… y en el asalto a la calle.

    La liquidación de LyFC es vista por algunos como una maniobra que podría esconder otra intención.

    El otro rostro del rescate

    Afirman que el presidente Calderón quiere rescatar su infraestructura eléctrica para montar un negocio de mayor futuro: el de la fibra óptica y el triple play.
    Es la potencial creación de un rival para Telmex y Carlos Slim. La potencial creación de otro Telmex y otro Carlos Slim. Depende de cómo se maneje.

    El cobijo de la mayor red de postería y cableado a nivel nacional, ahora bajo el paraguas de la CFE, lista para ser licitada o asignada a quien sí la sabe manejar, se convertiría en el nuevo poder de las telecomunicaciones.
    Por eso el gobierno del presidente Calderón está obligado a moverse ahora con pies de plomo. Porque habiendo noqueado en el primer round, no puede ser derribado por un golpe de exceso de confianza.

    Hay lagunas jurídicas, faltan explicaciones, es necesario trasparentar las asignaciones o las posibles licitaciones de esa fibra óptica. De ello dependerá el juicio histórico de la decisión de liquidar LyFC.

    Reacciones

    A partir de lo que ocurrió el sábado, con la súbita intervención de las instalaciones de LyFC y que terminó de consumarse con la publicación en el Diario Oficial –a medianoche– del decreto que confirmaba su liquidación una mayoría sostiene que la liquidación es asunto consumado.
    Y que la intranquilidad sindical se irá apagando cuando los trabajadores pasen uno a uno por su cheque de finiquito laboral. Y que la recontratación de algunos terminará por minar el movimiento.

    Para otros, en cambio, el verdadero problema apenas comienza. No se han medido las consecuencias, dicen, y existen serios problemas de forma que podrían terminar de contaminar el fondo de esta decidida acción.

    Aquí se unen sindicalistas, abogados y analistas que consideran que la resolución presidencial puede ser combatida en distintos frentes. Incluso advierten que podrían revertirla.

    La combinación de una serie de desaciertos legales con el nivel de beligerancia del SME podría ser un coctel explosivo. Sobre todo si en lo legal se considera que el consejero del sindicato, Gabriel Reyes Orona, y el asesor de un grupo de trabajadores, Néstor de Buen, están poniéndole el cascabel al gato jurídico.

    En lo laboral, al margen de la beligerancia sindical, el abandono en el que están las instalaciones de LyFC las convierte en un territorio que sólo puede ser operado eficientemente por los que conocen sus entrañas, que son los trabajadores ahora en liquidación. Pero, ¿qué es lo que está sobre la mesa?

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