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Corrupción y mordidas: ‘Que no me den, que me pongan donde hay’

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  • Andrea Sosa Cabrios/DPA
  • 14-Octubre-2009
    • Caso Bejarano: Sonadísimo ejemplo de la corrupción en México. Foto Agencia EL UNIVERSAL


    Onerosos resultan los pagos por ‘mordidas’ que realizan los mexicanos

    MÉXICO, D.F.- Expresiones como “a ver cómo le hacemos” pronunciadas por empleados y ciudadanos, o el clásico “¿no tendrá para el chesco (refresco)?” de los policías tienen en México una sola connotación: llegó la hora del soborno, en el idioma de los sobreentendidos.

    “A mí que no me den. Que me pongan donde hay”, dice una frase mexicana que describe el modus operandi de la corrupción.

    Cualquier sitio es bueno para estirar la mano: una esquina para un agente de tránsito, un mostrador para un burócrata o el puesto de policía, alcalde o zar antidrogas para coludirse con el narcotráfico.

    Es casi imposible instalar un medidor de luz, construir una casa, abrir una empresa o sortear un trámite menor sin que alguien haga el favor de complicarlo mucho para simplificarlo después con un poquito.

    Según el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno de Transparencia Mexicana, en 2007 los mexicanos gastaron 27 mil millones de pesos (unos 2 mil 450 millones de dólares al cambio de ese año) en corrupción, el 8 por ciento del ingreso familiar.

    El índice midió las “mordidas” (sobornos) que los mexicanos dijeron haber pagado por 35 servicios públicos, tanto operados por el Gobierno como por empresas privadas. El promedio fueron 138 pesos por familia, es decir unos 12.5 dólares.

    Los “pagos extraoficiales” más comunes se hicieron por estacionar en la calle en lugares controlados por personas que se apropian de ellos, por evitar una infracción de tránsito, para que la grúa no se llevara el automóvil, por pasar cosas por la aduana y para que el camión municipal recogiera la basura.

    “Oiga, jefe, su coche hoy no circula”, dice el policía después de detener un vehículo por no cumplir con el descanso obligatorio para autos con más de ocho años. Y después de un diálogo de precalentamiento viene la frase infalible dicha por uno u el otro: ¿A ver cómo le hacemos”.

     

    Infiltración del narco

    Al margen de la corrupción simple de cada día, la administración pública y las corporaciones policiales, en especial las municipales, están infiltradas muchas veces por los cárteles de las drogas o redes de tráfico de inmigrantes, de secuestro y extorsión.

    El Ejército confiscó el 22 de septiembre en la ciudad de Monterrey 5.5 millones de dólares en efectivo y unos 200 sobres blancos, cerrados y etiquetados, destinados a supuestos pagos del cártel de “Los Zetas” a policías, municipios y periodistas.

    El crimen organizado es el enemigo número uno del Estado. Con su poder de intimidación y sus grandes fajos de dinero, tiene una alta capacidad para comprar voluntades.

    En 2008 el Gobierno puso en marcha la Operación Limpieza para depurar instituciones. Una a una fueron cayendo figuras de alto perfil, como el zar antidrogas Noé Ramírez Mandujano y el director general de Interpol México Ricardo Gutiérrez, que están aún bajo proceso por supuesta colusión con el cártel de los Beltrán Leyva.

    También las empresas se ven afectadas por fraudes y extorsiones. “En promedio, las empresas destinan un 5 por ciento de sus ingresos anuales al pago de sobornos”, dice la Encuesta de Fraude y Corrupción 2008 de la consultora KPMG de México.

    El sondeo, hecho entre 235 empresas, reveló que el 44 por ciento de las firmas admitió haber hecho pagos a funcionarios.

    De ellas, un 43 por ciento puso dinero para agilizar trámites, un 32 por ciento para obtener licencias o permisos y un 21 por ciento para impedir abusos de autoridad.

    El 16 por ciento pagó sobornos para ganar contratos y 11 por ciento para participar en licitaciones.

    El total supera el 100 por ciento porque las empresas podían seleccionar más de una
    respuesta.

    Además, el 77 por ciento dijo haber sufrido al menos un fraude, en gran medida por parte de sus propios empleados, como el robo de inventarios o asociación fraudulenta con proveedores y clientes.

     

    Por la transparencia

    El Gobierno Federal y también gobiernos estatales y municipales han adoptado en los últimos años leyes de transparencia para que las licitaciones, compras y otro tipo de decisiones gubernamentales estén más expuestas al escrutinio público.

    También se redujo el número de regulaciones, por ejemplo para la apertura de un nuevo negocio, con el objetivo de mejorar la competitividad y acotar las posibilidades de corrupción.

    El presidente Felipe Calderón ideó incluso un concurso para detectar el trámite más engorroso. Los participantes tenían que describir el papeleo más complicado e inútil que hubieran enfrentado.

    El premio mayor se lo llevó el Instituto Mexicano del Seguro Social.

    Según KMPG, el hecho de que en México tenga una de las incidencias más altas de fraudes empresariales se debe no tanto a que sea un país más corrupto que otros, sino a que tiene uno de los índices de impunidad más altos.

    “Sólo el 1 por ciento de los crímenes cometidos en México son castigados”, indicó la consultora. Si una persona decide cometer un ilícito y tiene la percepción de que no pasará nada, “entonces tendrá los incentivos necesarios para cometer ese delito”.

sc

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