Carlos Monsiváis: Recuerda cómo vivió el 68
MÉXICO, DF.- El 2 de noviembre de 1968 Carlos Monsiváis fue a Tlatelolco y vio a una señora colocar flores y ofrendas y entonces “dos jóvenes, de mala cara y nada carismáticos, la expulsaron.
Por: Notimex07-Septiembre-2008

Carlos Monsiváis.Foto: Archivo
La señora se fue rezando y en el rezo había la fuerza de la resistencia que no se nutre de la necedad, sino de la razón”.
Esa es una de las imágenes que sobre el 68 guarda en su memoria el escritor, quien recordó que “trabajaba en Radio Universidad, pues nueve años atrás había dejado de ser estudiante. Esa era una temporada de trabajo fuerte porque me tocó vivir el movimiento muy de cerca”.
El ensayista agregó que “trabajaba mucho en todo lo que tenía que ver con programas de la estación, muchos de ellos con parodias relacionadas con el movimiento, con una concentración intensa en su apoyo. Todo eso me llevaba a marchas, concentraciones y mítines”.
Confesó que la noche del 2 de octubre de 1968 no estuvo en la marcha que se dirigió a la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. “No fui ese día porque llegué tarde. Me tocó ver, nada más, las consecuencias; eso es lo que hacía yo en los días que antecedieron al mes de octubre de 1968 en la Ciudad de México”.
Su primer escrito sobre el movimiento fue el 28 de julio de 1968 y fue sobre la represión contra los estudiantes del país. Carlos Monsiváis estimó que “la herencia del 68 está en busca de herederos” y ubicó su origen “en la necesidad social y estudiantil de contar con garantías individuales y derechos humanos”.
Entrevistado en el marco de la conferencia que dictó en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco dentro de la celebración de los 40 años del Movimiento Estudiantil del 68, el escritor dejó ver que “las condiciones de vida hoy, en México, son superiores a las de entonces”.
Dijo que si se analiza el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga, se descubrirá que las peticiones no son otra cosa más que el respeto a los derechos humanos, como la libertad a presos políticos, castigo a los responsables de la represión y la disolución de los cuerpos de granaderos, entre otras cosas.
La herencia del 68, “es la conciencia de los derechos humanos como institución social. Que ahora estemos vivos aquí, es señal de esperanza, en la medida que no se ha perdido la capacidad y decisión de razonar, aunque a veces me deprimo porque creo que la autoridad moral es parte de lo que no se escucha”.
Por eso, dijo que hace 40 años vivir en el edificio Chihuahua de Tlatelolco, tras el 2 de octubre de 1968, “era un rito trágico”.
“El sistema no se comparaba con la realidad que hoy se vive en el país; no había grupos organizados, resistencia civil, acciones de justicia ni la libertad de expresión de la que se goza hoy en día”.
El fin del movimiento lo ubica cuando vio a una mujer pararse frente a una tanqueta militar para gritar al general que estaba arriba “usted debería sentir vergüenza por haber matado a nuestros hijos, por ser el cómplice de un tirano”. Ni el general ni los soldados contestaron y la señora se marchó llorando.
Dijo que en el 68 se llamaba “subversiva” a la protesta y hasta entonces, las manifestaciones sindicales, obreras y estudiantiles eran “sórdidas” y se les agredía por el bien de las instituciones.
“Por años, a la protesta popular la caracterizó su fracaso y efímera existencia, mientras el desgaste fue su infierno”.
Descartó, de manera tajante, que una revolución social armada sea la solución a los problemas que hoy aquejan al país. porque no cree en la violencia como respuesta.
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