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La serie TrackMania pisa a fondo para irrumpir a gran velocidad en la consola portátil de Nintendo. Los loopings, tirabuzones, agujeros... todos los obstáculos se convierten en los protagonistas de esta excelente conversión
Salvando las distancias, podría decirse que la serie TrackMania es el Hot Wheels de los videojuegos: las carreras pasan a un plano secundario –que están allí, pero por mero formalismo-, la velocidad es la gran protagonista, los circuitos están repletos de obstáculos y las piruetas brillan con todo su esplendor. La gran diferencia entre la franquicia de Nadeo y la famosa marca de Mattel es que ésta última tan sólo ofrecía un peligro añadido en cada nuevo producto y a la larga éste se hacía repetitivo, mientras que con su análogo virtual los jugadores tienen la oportunidad de ser los mismísimos diseñadores de las pistas, reinventando una y otra vez su premisa inicial.
Las primeras impresiones nada más crear un perfil son excelentes, pues Firebrand (desarrolladora encargada de la conversión) ha logrado que las vertiginosas pruebas se produzcan en unos casiestables 60fps, todo una hazaña para la pequeña consola táctil. La proeza se hace todavía más encomiable si se tiene en cuenta el hecho de que sus escenarios están repletos de detalles, con un inmenso alcance visual de la distancia.
TrackMania DS incluye cinco modos de juego: Carrera, Plataforma, PuzZle, Carrera Rápida y Partida Personalizada.
La primera será la única disponible desde el principio, mientras que de sus cinco niveles de dificultad sólo estará abierto el de Entrenamiento (los restantes: Fácil, Normal, Difícil y Extremo, aplicarán al resto de modalidades. ¿El objetivo? Llegar al final del circuito e intentar batir una serie de tiempos predeterminados.
sc