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Jefe del bloque militar dice que inacción será costosa
Afganistán representa el problema más complejo que ha enfrentado la OTAN en su historia, y por lo tanto ésta debe permanecer en ese país para evitar que vuelva a ser un refugio de Al-Qaeda, señaló ayer el secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen.
Algunos críticos empiezan a considerar que el costo de la participación en los ocho años que lleva la guerra en Afganistán es demasiado alto, dijo Rasmussen, pero “el costo de la inacción sería mucho más alto”.
Abandonar Afganistán podría convertir al país en una zona de entrenamiento de Al-Qaeda. La presión para Paquistán y su armamento nuclear sería tremenda; la inestabilidad se diseminaría por el centro de Asia y sólo sería cuestión de tiempo para que nosotros en Europa enfrentáramos las consecuencias de todo esto”, agregó el secretario genera de la OTAN en un discurso sobre seguridad en Bratislava.
Además, espera obtener una mayor cooperación con Rusia, por lo que quiere convencer a Moscú para que se involucre más en Afganistán, donde el resurgimiento del Talibán ha tenido victorias y obligado a EU a revisar su estrategia en ese país.
Rusia ha prestado un apoyo parcial a la campaña internacional contra el terrorismo en Afganistán, pero no ha enviado efectivos y no está claro qué tanto apoya la operación.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, comunicará a los aliados una revisión de las recomendaciones a seguir en Afganistán que ha planteado el general estadounidense Stanley McChrystal, el principal comandante de las fuerzas de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán. McChrystal ha solicitado más efectivos y Fogh Rasmussen espera que los integrantes de la OTAN puedan respaldar la recomendación.
En este marco, un funcionario afgano dijo que el país difícilmente tendrá el tiempo suficiente para proporcionar una seguridad completa en una segunda vuelta de las elecciones presidenciales en noviembre.
Con la violencia en Afganistán en su peor nivel en ocho años de guerra, el balotaje ocurre cuando el presidente estadounidense, Barack Obama, sopesa si debe enviar miles de tropas adicionales a Afganistán a batallar contra el resurgimiento de la insurgencia del Talibán. Afganistán también está en medio de una pesadilla logística ante la votación del 7 de noviembre, que enfrentará al actual presidente Hamid Karzai con Abdulá Abdulá su mayor rival y ex ministro del Exterior, con el crudo invierno acercándose.
El presidente Karzai aceptó la segunda vuelta esta semana luego de que le anularan votos.
sc