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Tras la verdad: viudas de Pasta de Conchos

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  • Karla Garza/Enviada
  • 20-Noviembre-2008
Tags Relacionados: verdad, viudas, pasta de conchos
  • A iniciativa de los deudos y con la ayuda de mineros de la región, así como de las organizaciones integradas a "La Otra Obrera", hoy comenzarán las labores para rescatar los cuerpos de los trabajadores que quedaron atrapados en la mina coahuilense hace hace ya casi tres años

    Sin explicaciones verosímiles para ellos, sin justicia y sin restos amados sobre los cuales llorar y superar la injusticia, no se puede estar en paz, argumentan decididamente tres viudas a las puertas de la mina que contiene su dolor desde ya casi tres años y “mucha esperanza”, desde anoche.

    A horas de la incursión anunciada para el rescate de los cuerpos de 63 de los 65 trabajadores fallecidos en la mina Pasta de Conchos, una veintena de familiares custodian la bocamina a la defensiva, recibiendo de cuando en cuando “visitas oficiales” que no logran persuadirlas de retirarse.

     “Estamos haciendo guardia porque necesitamos cuidar que no nos cierren la entrada de la mina. Hemos recibido amenazas de que nos van a sacar, de que en el momento en que se descuide la gente se van a apoderar de la mina y nosotros no estamos dispuestos a irnos sin nuestros esposos”, resuelve Claudia viuda de Escobar.

    Durante la mañana, cuenta Elizabeth Castillo, otra viuda, elementos de la Policía Estatal y de Protección Civil estuvieron rondando el plantón con insistencia.

    Observando, tomando nota, registrando caras y nombres. “Yo escuché a uno de la Policía Estatal que estaba pasando reporte por teléfono y dijo que yo era la líder. Yo no soy líder. Las que estamos aquí todas queremos el rescate. Nadie es líder y no somos unas niñas para dejarnos manejar”, expresa.

    Con todo en contra

    En cuanto a las amenazas de la empresa, dice Claudia Escobar, “siempre hemos tenido. Hace rato vino el abogado, el señor Urquizo, fue a mirar cuánta gente había y dijo que nos iban a sacar de alguna manera, que iban a cerrar los portones y nos iban a echar para afuera. Entonces aquí vamos a permanecer. No hay paso para atrás, aunque la Secretaría del Trabajo está diciendo que va a haber un diálogo, que nos esperemos, pero ya estamos cansadas, ya fue mucho tiempo y más largas no va a haber”.

    Como cereza en el pastel, apuntan, “toda la mañana estamos escuchando en el radio que el Gobernador está en contra de nosotros y que ellos se iban a preparar para no dejarnos hacer nada. Y dijimos, ‘que venga, nunca ha querido venir y hablar con nosotros’.

    “Todos nos dan la contra”, lamentan, “pero claro que vale la pena”. De paso, a quienes les repiten que nada podrían encontrar, responden basadas en las explicaciones ofrecidas por “un científico que se arrimó con nosotros”: “Él nos explicó que los cuerpos estaban porque no hay reflejo del sol, nos puso el ejemplo de las momias y es algo parecido. Más nos nació la esperanza”.

    Con la mirada temblante, Claudia Escobar defiende como un derecho divino la necesidad emocional y espiritual de dar a su marido cristiana sepultura. Agrega que los seres humanos fueron creados por Dios y que “lo que Dios hace es sagrado”, que desearía tener un lugar a donde ir con sus hijos a verter recuerdos y estar con él, “no un altarcito donde no hay nada”.

    Pero sobre todo, señala, “yo tendré la tranquilidad de saber cómo murió, porque a uno siempre se le hace terrible como dijeron ellos en las circunstancias en que murieron”.

    La verdad, nomás

    Para empezar, dice Escobar, cuando la empresa señaló que adentro ya no había forma de rescatar pues la temperatura alcanzada en la mina era capaz de fundir acero, “la empresa cometió el error de decir eso porque fue mentira y ¿cómo se ponen a decir algo que todavía no saben? Ahora todo lo que se saca de debajo de la mina está intacto. Hay vigas que están quebradas pero no quemadas. Nosotros ya bajamos, ya vimos, no hay nada quemado, el carbón cuando se quema se mira”.

    Ellas, reconocen, no son expertas, pero luego de la expedición realizada en septiembre al interior de la mina, de algo están seguras: “No murieron quemados. Así como dice la empresa que quedaron calcinados, es una vil mentira”.

    Tomasita Martínez, otra de las viudas, va más allá y asegura que la información que se obtendrá con el rescate de los cuerpos es clave e incriminatoria para con la empresa. “La empresa sabe que hay evidencias, porque ellos (los mineros) se quedaron con los rescatadores puestos y eso no quiere la empresa que se descubra”, señala.

    En un principio, recuerda, la empresa informó que el agua alcanzaba la plancha. “Y no es cierto, nosotros bajamos y vimos, y no. Hay una parte que tiene agua, de la diagonal 15 en adelante, claro que se acumula porque ya va para dos años que no se le da mantenimiento a la mina”.

    Los trabajadores que participaron del intento de rescate inicial han contado a las viudas versiones de la negativa de la empresa que nadie comprende. Pese a que se negaron los cuerpos, “unos dicen que sí los llegaron a ver y que dos ingenieros salieron vomitando cuando los vieron. Eso mismo platican los trabajadores”.

    Otra versión que han escuchado reiteradamente, señala que la empresa tenía asegurada toda la maquinaria que quedó sepultada y fingió, sin prestar lo necesario, hacer las labores de rescate, con el fin de que transcurriera el tiempo límite de la aseguradora para pagar las máquinas.

    “Todo lo que sabemos es que el rescate se puede”, insiste Claudia Escobar. “A nuestro alrededor toda la gente es minera, los compañeros de nuestros esposos, ellos estuvieron ahí trabajando y siempre nos han dicho ‘se puede hacer, la empresa ya no quiso hacerlo mas no sabemos por qué”.

    Del ruego a la desobediencia

    “Hubo un tiempo”, rememora Claudia Escobar, “en que le rogábamos llorando al doctor Valverde (representante de la empresa) que los sacaran”. El tiempo, dice, en que la empresa se lavó las manos y pasó la bola caliente al Gobierno Federal. “Dijeron que ya no tenían nada que ver con ninguna viuda, que nos fuéramos a México, allá a pelear con Gobernación. Nos llegaron a  decir ‘aunque se suban a la chimenea y griten y lloren allá arriba, no hay rescate’. Oye, pues no nos dejaron de otra”.

    Insistían y ofrecían, dice Elizabeth Castillo, “sáquelos, por favor, sáquelos y ya no nos vuelve a ver, retiramos las demandas, no hablamos con los medios, pero sáquelos. ‘Nada hay que sacar’. El cinto aunque sea”, le decía yo. Esa oferta no está más en pie, pues “él nunca bajó. Los verdaderos mineros dicen que sí, ¿por qué no hacerles caso a ellos?”.

    Solidaridad minera

    Tan seguros están, que 40 de ellos, entre mecánicos electricistas y mineros, llegaron a la mina con un día de anticipación, listos para iniciar los trabajos. Unos 500 voluntarios están ya contemplados para trabajar en diferentes tiempos en el periodo de uno a tres meses que calculan tardar.

    Con una lucha huelguista de 15 meses a cuestas, los mineros de Cananea estuvieron entre los primeros presentes, a través de su directiva. Sergio Tolano, secretario general del Sindicato minero de la Sección 65 con sede en Cananea, Sonora, explica que los mineros de Cananea “se comprometieron a que estaríamos aquí, hay una respuesta muy positiva por parte de los trabajadores para dar apoyo económico y moral”.

    Se trata, dijo de “ser solidarios con las viudas de los compañeros que fallecieron porque para cualquier ser humano es importante saber dónde se encuentran los restos de sus familiares. Es válido y queremos estar presentes en este momento tan significativo para ellas”.

    Anoche, como los demás, dormirían a las puertas de la mina.

sc

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