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La venta de pistolas y rifles de cacería está al alcance de cualquier persona, según constató VANGUARDIA en un recorrido por diversas tiendas de la ciudad, aunque muchas de estas armas son usadas por delincuentes para perpetrar robos y asaltos.
El costo de las armas, así como el de las municiones resulta accesible; en una tienda ubicada en el bulevar Isidro López Zertuche venden balas para un arma de 7 milímetros, su precio rebasa los 500 pesos y consta de 20 cartuchos. La escopeta 7 milímetros se utiliza para cazar mamíferos pequeños como liebres, conejos y codornices.
Asimismo, en un conocido supermercado de la ciudad ponen a la venta municiones de acero, caja que viene con mil 500 piezas y que son utilizadas, según los comerciantes, con fines deportivos.
Un ejemplo es el caso de la familia Estrada (integrada por asaltantes), quienes robaban con armas de postas, 9 milímetros, calibre 22 y un revólver 357 Magnum. Con esta última mataron a un comandante.
La venta de armas es más común para la práctica de la cacería.
Según Alfonso Orta Canales, quien ha sido cazador desde los siete años de edad, los calibres que la Sedena les permite utilizar son del .22 al .38. Igualmente los rifles .7 milímetros, pero deben estar regulados y acatarse a la Ley Federal de Armas.
Los cazadores pueden tener un registro de máximo nueve armas y de todas debe tener conocimiento la Secretaría de la Defensa Nacional.
Las armas de postas deben ser utilizadas para practicar el tiro al blanco, nunca para cacería, porque, continúa Alfonso, éstas sólo harían daño superficial al animal.
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