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El muerto más solicitado

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  • Jesús Castro
  • 01-Noviembre-2009
Tags Relacionados: muertos, cadaveres, diseccion
  • A este difunto nadie lo reclamó, es un ‘NN’; será enterrado en un oscuro rincón del Panteón Santiago, sin embargo, aunque nadie haya llorado su muerte, puede ser que haya sido más útil que en vida

    • Foto: Miguel Sierra

    Un hombre delgado, de alrededor de 78 años, ojos cafés, barba blanca y escaso pelo “duerme” plácidamente desde hace medio año en la Facultad de Medicina.

    Ahí recibe más atención que en sus años mozos, convive con bellas chicas de entre 18 y 25 años, los jóvenes médicos se interesan por él, lo que quizá ni sus nietos hicieron.

    Antes de llegar a su actual hogar, el hombre era un vagabundo, no se le conocían familiares, se sabe que dormía en parques, porque ahí lo encontraron los paramédicos, jadeando, agotado, sin ánimos de seguir viviendo. Ahora tiene un techo y un cuarto para él solito, con clima acondicionado, luz eléctrica y hasta una sábana con que cobijarse.

    Él no lo sabe, pero pronto tendrá que irse. Extrañará los grupos de seis a diez jóvenes que al menos dos veces por semana acuden a acompañarlo, pero más aún, la nostalgia será más bien por el que fue su hogar, que dista mucho del predio sucio y lleno de hierba al que se le destinará.

    Nadie sabe su nombre, pero algunos lo llaman cariñosamente “don Memo”. Cuando fue llevado al Hospital Universitario, muy grave, su rostro conservaba todavía parte de su color natural; hoy luce más que pálido, con una tonalidad entre el café claro y el verde. Sí, está muerto, pero pareciera que ahora muerto es más útil y está más solicitado que en vida.

     

    A los que nadie llora

    Ayer visitamos la que será la nueva casa de “don Memo”, se encuentra en una esquina del Panteón Santiago; “allá al fondo”, dijo el administrador del cementerio, por ello hubo que sortear tumbas que están siendo limpiadas, pintadas y adornadas con motivo del Día de Muertos.

    Así como su actual morada tiene nombre, a la que llegará también: la fosa común. Así le llaman a donde van a dar los cuerpos de las personas que mueren sin ser identificadas, a quien nadie reclama en los hospitales; indigentes, gente sin familia, ancianos de asilos, migrantes y hasta presos.

    Como no encontramos ningún letrero que indicara el sitio buscado, se le preguntó a una de las visitantes: “¿Usted sabe qué es la fosa común?”.

    “Sí, pues es donde entierran a los muertitos que nadie reclama o que no tienen dinero para un terrenito”, contesta quien dijo llamarse Diana Maribel Ortiz.

    -¿Me podría indicar dónde está ese lugar, la fosa común?-

    “Ay, pues no sé, pues por allá a la mejor, pero no, la verdad no sé decirle”.

    -Pero, ¿sí sabe cómo es, cuál es la apariencia de dónde está la fosa común?-

    “Yo creo que es como así, un lugar de muchas tumbas… la mera verdad, nunca la he visto, entonces no sabría decirle”. Metros delante, otro hombre, trabajador del cementerio, señala una semibarda en la esquina oriente del cementerio, su interior está lleno de basura y hierba, también su exterior, que como la mayor parte del fondo del camposanto, no tiene pasillos.

    “Esa es la fosa común”, afirma el hombre. Le creemos. “Ahí, donde sea, en cualquier lugar se abre un pozo y se entierra a la gente, a veces sí se señalan los montículos, pero pues, como nadie los reclama, ahí se quedan, ahí deben estar muchos”, dice.

    Cuenta don Román que ese lugar debe tener decenas de muertos, que algunos ya los sacaron para trasladarlos a osarios, pues se necesitó espacio para más muertos, pues el mencionado panteón ya está saturado.

    A ese lugar va a ir a dar “don Memo”, pronto. La Facultad de Medicina ya puede estar pensando en preparar los oficios que presentará a la Fiscalía General del Estado, institución que, con base en la ley, les donó el cuerpo para fines científicos, con el compromiso de devolverlo una vez concluido su uso didáctico.

     

    Con mucho respeto

    “Don Memo” fue invitado a morar en la Facultad de Medicina por el actual director, el doctor Alfonso Carrillo González. Como cada año, se encargó de hacer las gestiones necesarias ante la Fiscalía para que un cuerpo les fuera entregado para que los estudiantes practicaran la medicina.

    Pero a pesar de tener un “uso didáctico”, el médico aclara que “el cuerpo no es visto como material, sino con el trato inicial de un paciente, incluso se le bautiza con un nombre, no decimos ‘vamos a trabajar con un cadáver’, sino, ‘vamos a trabajar con Lupe o con don Memo’, es decir, se les trata como si estuvieran vivos, con dignidad”.

    Lo anterior no es ninguna novedad. Cuenta Carrillo González que practicar la medicina con cadáveres es algo que ya se discutía desde tiempos de los griegos y romanos; la ciencia avanzó y luego se tiene conocimiento de dibujos que Leonardo da Vinci hizo sobre disecciones humanas.

    Fue hasta el siglo 16 cuando grandes científicos y médicos comenzaron a experimentar abiertamente con cadáveres humanos, con la creación de las grandes universidades, incluyendo las de la Nueva España, hoy México. Sin embargo, no fue hasta el siglo pasado cuando se hicieron leyes para reglamentar esta práctica.

    Por eso “don Memo” está desde principios de año en la Facultad; si no fuera por eso, ya tendría medio año enterrado quién sabe dónde. Para estar allí, la institución educativa se comprometió con la Fiscalía a pagar el proceso de embalsamado y conservación del cuerpo, cuyo casto es de 5 mil pesos aproximadamente.

     

    Más bien tímido

    Es jueves, toca visita a “don Memo”. Afuera de un salón ubicado al fondo de la facultad se escuchan risas, parece un ambiente ameno, de pronto el poco alboroto cesa, hay voces, un maestro, siete estudiantes, todos alrededor de su paciente. En esta ocasión observan el fémur, pero “don Memo” es muy tímido, ha sido cubierto de pies a cabeza, sólo muestra parte de su pierna derecha, la cual es tocada, cortada, levantada y observada por los futuros médicos.

    Nadie parece asustarse, ni siquiera inmutarse por el penetrante olor de los químicos con que es conservado el cuerpo. Este muerto no provoca miedo, lo conocen desde hace tiempo, por eso, a pesar de tener un trato digno con él, los estudiantes también platican, ríen, bromean un poco entre ellos y continúan su labor educativa.

    Desde donde estamos se alcanza a ver un músculo café, digamos que verdoso, no parece ser repulsivo, ni siquiera cuando las manos de las jóvenes levantan pliegues de piel que el maestro cortó previamente.

    “Como ves, es el cuerpo de una persona que quién sabe quién fue, pero que en vez de ser desechado así, como si no hubiera tenido importancia, aquí es aprovechado, digamos que luego de su muerte tuvo también utilidad”, expresa el doctor Carrillo.

    Mañana es su día

    Este año, su primero en la “otra vida”, “don Memo” lo pasará sin ser celebrado, quizá el resto de su descanso eterno tampoco lo sea, pero lo que sí es un hecho, es que ahí en la Facultad de Medicina es recordado, sobre todo por la memoria de un poeta que eternizó versos a un cadáver.

    Manifiesta el director que en el gremio médico es común que en este Día de Muertos se recuerde a aquel estudiante de medicina de aquí de Saltillo que escribió sus versos ante un cadáver.

    Su nombre: Manuel Acuña.

    Ese poema “es una profunda reflexión de que cuando una persona muere, la vida continúa y el poema demuestra cómo el cuerpo no se descompone, simplemente se integra a la tierra, y lo que creemos que es la tumba, no es sino la cuna de una nueva vida”, resalta el médico y luego recita de memoria el primer verso: “¡Y bien! Aquí estás ya..., sobre la plancha, donde el gran horizonte de la ciencia, la extensión de sus límites ensancha”.

    Contrario a lo que pueda pensarse, esta institución no le rinde ningún altar al cuerpo que es guardado en un refrigerador especial, cualquiera diría que tener a un muerto en casa es motivo suficiente para hacer algo especial.

    “Pero no, aquí no se le ve de esa manera, además, ¿cómo hacer un altar de alguien desconocido?”, comentó un estudiante, quien aclara que en realidad, ellos sólo tienen contacto con “don Memo” una vez por semana y es meramente didáctico.

    Pero seguramente es el cuerpo más visitado, pues los que yacen en los panteones sólo son recordados cada año, en cambio “don Memo” goza de una o dos visitas semanales, además de poder jactarse, desde el más allá, de contribuir a la educación de futuros médicos.

     

    Volver a la tierra

    Pero como en la vida terrenal nada es eterno, pues dice el director de la Facultad que la utilidad de un cadáver sólo puede ser a lo mucho de dos años, ya que los estudiantes trabajan con él todo el año, diferentes partes del cuerpo. “Una semana diseccionan una pierna, otra el brazo, o un ojo, dependiendo de la clase”, señala el entrevistado, quien contó ciertas intimidades del “paciente”, al declarar que tenía una dentadura bastante mala, lo cual ha servido incluso para que estudiantes de odontología también vengan a hacer práctica con el cuerpo de “don Memo”.

    El convenio de la Universidad Autónoma de Coahuila con la Fiscalía General del Estado establece que el cuerpo deberá ser tratado con dignidad, luego de haber sido utilizado didácticamente, por ello, se pide una sepultura como a todo ser humano.

    Por eso, cuando “don Memo” se vaya, nadie lo llorará, pero eso sí, la Facultad le pagará un servicio funerario cuyo costo puede variar entre 3 y 4 mil pesos, para que se le dé sepultura en su nueva casa, la fosa común, un pozo, quién sabe dónde, listo dentro del Panteón Santiago.

    Bien podría irse con el recuerdo del último verso de la poesía de Manuel Acuña: “Que al fin de esta existencia transitoria, a la que tanto nuestro afán se adhiere, la materia, inmortal como la gloria, cambia de formas; pero nunca muere”.

    Sin embargo, el laboratorio al fondo de la institución educativa no se quedará solo, ya esperan una nueva inquilina, pues desde abril de este año se realizó la petición del cuerpo de una mujer que continúa en el Servicio Médico Forense, en espera de ocupar el lugar que “don Memo”, un día de estos, dejará vacío.

sc

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