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Desempleo, una soga al cuello

Coinciden expertos que los jóvenes que viven en pobreza, sin trabajo ni educación, son potenciales

Por: Karla Garza
22-Agosto-2008
Tags relacionados: desempleo, soga, cuello
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Con la soga al cuello tiene a una gran parte de la población la falta de educación, de empleo y de oportunidades. Con una soga al cuello es como la mayoría de quienes no pueden lidiar más con ese escenario, se arrancan la vida.

Casi 70 personas se han quitado la vida en lo que va del año en el estado. Hace un lustro que el total de suicidios en la entidad superó los 100 casos anuales.

Coahuila ocupa así el tercer lugar nacional en incidencia de suicidios. Que ocupe la misma posición en índice de desempleo, dicen los expertos, no es casualidad.

La depresión, dice la  Secretaría de Salud, es la principal causa de esa lamentable decisión. Pero ¿qué provoca esa depresión?

Reconstruyendo la vida de los suicidas, ésa es la pregunta que las doctoras en psicología Jana Petrzelova y Mayra Chávez, junto a un equipo de especialistas, respondieron con una investigación de 2003 a 2005, expuesta en el Primer Foro Nacional Sobre Suicidio y posteriormente en el libro titulado “Por qué y cómo se llega a la desesperanza. Tres miradas sobre el suicidio”.

En dicho trabajo se traza el perfil del suicida de Coahuila y se vierten propuestas de prevención a las que hasta ahora poco caso se ha hecho.

La doctora Jana Petrzelova, conversó con Vanguardia.

Jóvenes sin secundaria + viviendas precarias + desempleo + desintegración familiar= suicidas potenciales.

Saltillo, que como ciudad oscila cada semestre entre la primera y la segunda posición nacional en índice de desempleo, es ya un foco rojo. En la capital del estado se han perpetrado ocho suicidios en lo que va de agosto, el pasado mayo se registraron un total de 10 casos, 39 en lo que va del año.

A partir de entrevistas con familiares y amigos y el estudio de la vida que llevarán los suicidas, el equipo de investigación logró dibujar un perfil y ubicar cuatro aspectos de influencia: la familia, el contexto socioeconómico, la personalidad del suicida y la comunicación.

En el primer apartado, encontraron que todos los casos habían sucedido en familias disfuncionales, familias monoparentales, donde hubo maltrato. La desintegración familiar es un factor determinante, pues si funciona cada familia, funciona la sociedad.

Sin embargo, es necesario no perder de vista que esa familia difícilmente funciona sin educación, trabajo, alimento y un techo sobre la cabeza, pues al familia “también tiene necesidades vitales que deben ser cubiertas. El desempleo, la pobreza, el bajo nivel educativo, se reflejan. Los padres no dan comprensión a los hijos porque están enfocados en sobrevivir”.

Lo que lleva al siguiente factor: Los investigadores descubrieron que la mayoría de los suicidas no tenían empleo y quienes sí, tenían un empleo ocasional. “El desempleo tiene mucho que ver, no hay sustento económico, hay fuertes conflictos familiares, y se llega a la desesperanza, porque ‘no puedo sostener o a mi familia, no sirvo para nada, todos me rechazan’, no hay salida”, abunda la doctora.

Asimismo, casi todos habitaban en viviendas precarias, en el hacinamiento.

Todos ellos tenían algo más en común: ninguno tenía siquiera educación secundaria, es decir, no tenían oportunidades. “Hay una paradoja que descubrimos: en la bolsa de trabajo del Gobierno sólo puede poner solicitud la persona que terminó secundaria, o sea, los que terminaron solamente primaria simplemente no tienen chance”, señala Petrzelova.

En la pobreza, sin educación y sin empleo, especialmente los jóvenes, no sólo son potencialmente suicidas, también “son potencialmente adictos, potencialmente pandilleros, y en ese momento deciden si van a ser peores y se vuelven delincuentes organizados ó terminan con su vida, porque están arrinconados por la sociedad, porque la sociedad realmente no se interesa por ellos”.

Ellos son entonces, asegura la doctora Jana, lo que la sociedad invirtió en ellos. Y le regresan, como bumerang, lo que les dio. “La sociedad no puede esperar que sean bonitos, educados, cuando los rechazó, cuando los humilló, cuando no les dio oportunidad de estudiar”.

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