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De policía a indocumentado: el inicio de la travesía

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  • Redacción
  • 20-Octubre-2009
  • Jaime estuvo casado un tiempo en San Luis. Hace 16 años se separó por un problema con su suegro.


    En su estado natal trabajaba en una fábrica para mantener a su esposa y a la niña que venía en camino. Un día llegó a su casa y encontró una nota: “Si me quieres, sígueme. Me fui con mis papás”. La firmaba su esposa.

    Por el gran amor que sentía por ella, Jaime se fue para Río Verde, San Luis.

    Al llegar tuvo que buscar trabajo. Fue a la Dirección de Policía del pueblo a ver si había vacantes.

    Se entrevistó con el comandante. Al día siguiente ya tenía trabajo. El primer día le enseñaron muchas armas y él se resistía a tomar alguna. Pero su trabajo ameritaba que estuviera armado.

    Trabajó como Policía Preventivo seis meses; una noche regresó a casa de sus suegros y todo se vino abajo. “Llegué y mi suegro me estaba esperando. Me dijo: ‘A ti te andaba buscando’. A mi cuñado lo habían golpeado y él pensaba que yo había participado. No sé cómo, pero se hizo de una pistola y empezó a dispararme”.

    Jaime también sacó su pistola, disparó al suelo, no quería herir a su suegro. Cuando las balas se acabaron, su esposa y suegra salieron, pero no quisieron saber nada de él. Le exigieron que se fuera y lo hizo.

    La hija de Jaime todavía no nacía cuando se fue de Río Verde. Es tiempo en que su esposa no le ha permitido volver para conocerla. Regresó a su ciudad, con su mamá. Estuvo pocos meses ahí, hasta que ella murió.

    Fue entonces cuando no encontró razones para quedarse en San Luis Potosí. Tomó una mochila, contó el poco dinero que tenía y se aventuró a viajar hasta Estados Unidos.

    Uno de sus amigos, también de San Luis, le dijo que conocía la ruta, que viajarían en tren hasta Texas y por ahí cruzarían hacia Estados Unidos. Lo consiguieron.

    “Trabajé en donde fuera. Cuando el clima lo permitía, el trabajo llovía. Lo que yo quería era comprar una camioneta, para pasarla a México, por eso guardé todo el dinero. Pero un día que estábamos esperando que llegara chamba nos pescó la migra”.

    Luego de estar varios días internado en el hospital, la trabajadora social exigió que se fuera porque sólo generaba gastos para la institución.

    Sin embargo, al contarle su historia, enfermeras y la trabajadora social lo dejaron quedarse más tiempo, en lo que sus heridas sanaban.

    Un mes estuvo en el hospital, hasta que la misma trabajadora social dijo que ya no podía hacer más por él porque había jefes superiores que le exigían que saliera del lugar. Las enfermeras se juntaron, le dieron a Jaime cien pesos y ropa para que emprendiera su viaje.

    Todavía adolorido por la golpiza, Jaime salió del hospital por su propio pie. Con el dinero que las enfermeras le habían regalado de buena fe no alcanzaba para regresar a San Luis.

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