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Debido a la crisis numerosas personas han tenido que acudir a este tipo de negocios para solucionar en parte sus problemas económicos, no obstante, con frecuencia acuden a lugares donde los intereses son excesivos, volviéndose así víctimas de abusos por parte de agiotistas
Muchas van y vienen, así son las casas de empeño, que en los últimos tiempos su proliferación ha representado un boom en la ciudad de Saltillo. Pero a raíz de la crisis económica que se está viviendo actualmente, más gente hace uso de este recurso financiero.
Empleados de casas empeño reconocen que en estos últimos meses ha habido un aumento en la afluencia de quienes visitan este tipo de negocios y la causa, dicen, se debe a la difícil situación que se vive en estos momentos alrededor del mundo.
Rubén Torres, encargado de la casa de empeño Prenda Mex, que se ubica en calle Xicoténcatl, en la zona centro, explica que la propagación de estos negocios en la ciudad desde hace algunos años, es a causa “de que anteriormente este negocio sí dio, pero ya no es como se piensa, que se está dando mucho dinero, entonces por ello a los demás se les hace fácil abrir uno”.
“Dicen: ‘Entonces yo me junto mi capital, empiezo a hacer este negocio y gano cierta cantidad de dinero’. Pues no, porque para tener ese tipo de situaciones se tiene que ver a futuro, como qué es lo que puede repercutir en el oro, en la economía, y es eso lo que no toman en cuenta”, afirma.
Lo que sucede es que también con el tiempo se ha dado mucha competencia, expresa, lo que ocasiona que cada vez se gane menos. “Y lo que pasa es que ese tipo de competencia desvirtúa el negocio y desgraciadamente pagan justos por pecadores”.
Con siente años operando en la ciudad, la casa Prenda Mex ha visto una notable disminución en el número de clientes que van a empeñar sus prendas en oro, que es lo único que reciben.
“Cuando se vio ya significativamente la baja de clientes fue en este año, bajando poco a poco, pero ahora sí se vio muy descarado”, comenta Torres, “sobre todo por lo que ha ocurrido en Estados Unidos, lo que repercute en el dólar y en el oro”.
Según el encargado, lo que está pasando con ello es que la gente ya no regresa por sus prendas, y el ramo principal de este tipo de empresas es el interés de refrendo, “de tal modo que si no vienen para nosotros ya no es negocio aunque nos quedemos con la pieza, porque en dado momento que nosotros la saquemos a vender, pero de aquí a que se venda puede pasar un año, o dos años, y el dinero ahí está parado”.
Determinar el precio de una prenda, señala, depende del precio del centenario, y si está a la alza o la baja ellos tienen que respetar eso, les convenga o no.
“Nosotros valuamos la pieza, le decimos kilataje, cuánto se le presta, que interés y el cliente decide dejarla o no. Nosotros no engañamos al cliente, como la competencia.
“Si el oro sube, nosotros lo seguimos dando al mismo precio si la prenda está separada, o refrendada, o que le demos prórroga, pero es el cliente el que decide si vendemos o no su prenda”, asegura.
Al cuestionarlo sobre quién regula la operación de las casas de empeño, dice que es Profeco quien se encarga de darle un carácter regulatorio a este tipo de negociaciones.
“Ya en muchas ocasiones se ha manifestado la gente de que somos usureros, que abusamos, y todo eso, pero nosotros no echamos mentiras, lo hacemos de buena fe”, asegura. “Muchas veces el cliente viene a recoger la prenda y piensa que no le vas a cobrar y se molesta”.
Torres comenta que quienes se quejan son aquellos que visitan por primera vez una casa de empeño y que desconocen los términos bajo lo cuales queda sujeto, “porque muchas veces no se le explica el contrato al cliente”, finaliza.
Por otro lado, Gustavo Adolfo Gómez, dependiente de Préstamo Seguro, casa de empeño ubicada en la esquina de Zaragoza y Pérez Treviño, explica que en los últimos meses la gente no ha ido con tanta frecuencia a empeñar, debido a que es fin de año y es cuando se está menos necesitado de dinero. “No es porque haya una reducción por la crisis, sino que en diciembre siempre hay menos gente”, expresa. “Es en enero cuando la crisis se hace más presente, ahorita no, porque todo mundo trae dinero”.
Al ser cuestionado sobre el papel que juegan las casa de empeño en épocas de crisis, asegura que es el de ayudar a la gente monetariamente, recibiendo en garantía aparatos y joyería.
Ante esto, y para evitar caer en abusos, señala que las básculas que utilizan tienen que estar cerificadas por la Profeco, autoridad que constantemente acude a hacerles un chequeo.
Para determinar el precio se tiene que meter una pesa valor, explica, que es la que autoriza Profeco, y todos los días se tiene que apuntar, y tiene que ser antes de empezar a pesar para que sea registrado.
“Muchos otros negocios abusan porque tienen el peso escondido, y aquí nosotros la tenemos al frente, donde se alcanza a ver cuál es el valor.
“Otras también abusan con el nivel de intereses, como First Cash, que tiene un nivel de interés muy alto, del 25 por ciento; mientras nosotros, al igual que Dondé, cobramos el 6 por ciento. Monte de Piedad es el que tiene el interés más bajo”, señaló.
El otro lado
Paola Paredes tiene 24 años y ha tenido que acudir al Monte de Piedad para poder enfrentar la dura situación económica que se está viviendo. A pesar de que no lo parece, explica, sí se ha hecho notorio porque rinde menos el dinero y cada vez los precios son más altos.
“Hemos tenido que acudir a lo poco valioso que tiene uno y tener que empeñarlo. De pronto las casas de empeño sí son una gran ayuda para las personas que necesitan de un préstamo, que a fin de cuentas es dinero, y si la gente lo quiere recuperar, pues lo puedes hacer”, explica.
Afirma que en muchas ocasiones estas casas de empeño caen en el abuso, pues se aprovechan de la necesidad de la gente, mientras que ellos salen ganando cada vez más.
Además, comenta, muchas cobran intereses muy altos y toman en un valor mucho menor las prendas que son llevadas a empeñar. “Lo que yo empeñé fue joyería y, pues, no me parece justo lo que me dieron, pero yo realmente lo voy a tomar como un préstamo porque quiero recuperar mis joyas”.
Para Gerardo Rocamontes, la causa de que se tenga que recurrir a las casas de empeño es porque el Gobierno no ha estado beneficiando a la gente y ha estado subiendo principalmente los precios de la canasta básica.
“En estos tiempos las casas de empeño juegan un papel muy importante, pero algunos agiotistas se pasan con los altos intereses mensuales, pero por ejemplo el Monte de Piedad te cobra nada más el 4 por ciento neto, mientras que otras te cobran hasta el 20 por ciento del valor que te prestaron”.
De la misma manera, Rocamontes está en desacuerdo con aquellos establecimientos que parecen casas de empeño y al momento que alguien lleva su prenda, los encargados preguntan el monto de lo que necesita, en vez de determinar el valor de lo que pueden prestar por el artículo.
“Y eso está mal, porque se supone que ellos como valuadores te tienen que decir cuánto es lo que pueden prestar en base al valor de artículo que dejas.
“Sobre todo en esta época de crisis que es donde los agiotistas más se aprovechan de la gente, es de donde se agarran, y empiezan a ver más intereses. Y pues, las personas necesitan más dinero, y es entonces que pierden sus piezas”, finaliza.
sc