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El ironman saltillense superó la carrera de ciclismo de montaña más exigente del planeta, la Ruta de los Conquistadores, que se lleva a cabo en la zona montañosa de Costa Rica.
El reto del Ironman quedó atrás para Ricardo Sala quien participó en la edición 17 de la Ruta de los Conquistadores en Costa Rica donde puso a prueba su físico y también su temple del 11 al 14 de este mes.
Cuatro días de competencia bajo condiciones adversas de la naturaleza, son parte de la vida del saltillense Ricardo Sala quien después de regresar a su tierra se ha demostrado a sí mismo la capacidad de afrontar cualquier situación.
La aventura de participar este año en la ruta de montaña más difícil del mundo, nació a finales del 2008 cuando el atleta se planteó los retos a cumplir en el 2009, el primero el Ironman en Lanzarote, España celebrado en mayo y la Ruta Conquistadores, el trabajo primero se enfocó al reto español, el cual lo dejó más que agotado.
Tras un mes de descanso, en julio, Ricardo retomó sus entrenamientos en la montaña bajo la instrucción de Chris Carmichael, entrenador de Lance Armstrong a quien contactó vía internet y le solicitó el servicio de ser preparado bajo un programa eficaz para terminar la Conquistadores.
“Vende programas de estudio vía larga distancia, y te va poniendo el trabajo yo abría mi página, porque te da tu página personalizada con el trabajo, me hablaba para saber cómo iba funcionando el programa”.
Esto fue fundamental, pero lo que mantuvo al pie de guerra al pedalista fue el control mental, al ver los desafíos de cada día ya que en promedio se corría de 90 a 110 kilómetros diarios en terrenos escabrosos, bajo la lluvia, calor y sin probar alimento ya que al ir sobre la bicicleta, su única compañera, el ritmo de supervivencia cambió.
-¿Cómo fue la alimentación, descanso y recuperación?-
“Cuando empiezas a pedalear no puedes comer pasta o arroz porque ya vas en una competencia, fue a base de suplementos alimenticios como geles, gomitas de electrolitos y bebidas hidratantes”.
Enfocados en su nuevo sistema de vida, la resistencia y condición física se puso a prueba sobre todo el primer día donde algunos desertaron del grupo de 245 hombres registrados algunos con el objetivo de terminar la ruta, otros con la mira en colocarse entre los primeros lugares de cada categoría, pero todos bajo la misma presión de seguir adelante.
“El primer día llovió mucho en Costa Rica, las primeras tres horas como quien dice normal, inclusive llevaba un buen lugar y me sentía muy bien, pero entramos al parque nacional Carara que es puro lodo rojo, duró 18 kilómetros se recorrió a pie porque es imposible pedalear, todo me frustraba en ese momento cuando entré al Carara pensé que no tenía nada que ver con mi condición física ni mi habilidad para pedalear, estaba en un desgaste de energía”.
Atravesar el Carara le tomó dos horas y media, esto mermó el físico del saltillense, pero la voluntad de encarar los próximos 20 kilómetros en una subida con inclinación de 25 grados lo hizo recuperar tiempo y permanecer en la competencia al día siguiente.
Ricardo consiguió llegar en los tiempos establecidos a los cuatro puntos de control y cruzar la meta el primer día, al llegar al último punto se duchó, recogieron su bicicleta, descansó y recuperó la fuerza suficiente para ponerse de pie a las 03:00 horas y salir dos horas más tarde con el pelotón en busca de una nueva experiencia.
“La primera prueba es un filtro porque acabas molido y sabes que apenas es el primer día y faltan tres, es algo muy mental... hay momentos en los que empiezas a alucinar porque hay cosas químicas que le faltan al cuerpo por el esfuerzo de tal manera que en la montaña empiezas a ver que en un poste le ves cara de persona, pero luego sabes que necesitas enfocarte muchísimo y no tener en mente nunca que vas a parar”.
Aunque esto pasó por la mente del saltillense, justo después de culminar el primer día, “fue realmente la muerte, cuando llegué a la meta estaba tan descompensado químicamente que consideré ir al médico y no hacerme el valiente y decir ‘bueno se acabó al ruta no voy a continuar otros tres días, no voy a atentar contra mi cuerpo’, decía ‘a lo mejor no vine preparado bien, voy a venir el año que entra’”.
Pasado el primer día Ricardo midió la magnitud de lo que estaba realizando sobre el territorio costarricense, lo cual fue mayor a los testimonios de hombres que en alguna ocasión hicieron el recorrido, principalmente cuando los recorridos eran de poco kilometraje, esto indicaba que pasar el tramo tendría un grado mayor de dificultad.
Ricardo Sala siempre fue bajo su ritmo, hasta el cuarto día se integró a dos de los tres mexicanos más que se lanzaron a la aventura, ahí aprendió la estrategia para bajar sus tiempos no bajarse del monociclo en los puestos de control, sólo pedir el refill, tomar fruta y a seguir pedaleando, pues en los días anteriores Sala descansó 10 minutos en cada punto de control.
Además en esa última etapa venció el miedo terrenal al pasar por unos puentes de 800 metros de longitud y 40 metros al vacío donde están asentadas las vías del tren.
“Si voy caminando con tenis sobre la sierra y me dicen tienes que pasar ese puente ni a gatas lo paso, pero la adrenalina de la competencia de que vas pedaleando y no quieres perder tiempo, hizo que subiera la bici al riel y me fui caminando por los durmientes, otra gente se montaba la bici en la espalda y se iba caminando por los rieles pero de esos había seis o siete puentes”.
Hasta su regreso, Ricardo Sala Núñez vio la magnitud de la hazaña, el lugar en el ranking no importó a fin de cuentas al cumplir el objetivo: ganar el título de conquistador.
jct