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A ocho años del lanzamiento del iPod, pocos hubieran pensado en Apple como la empresa responsable de comenzar el fin de su reinado.
De acuerdo a reportes de la revista Forbes, los usuarios del popular reproductor digital han comenzado a emigrar del iPod, en cualquiera de sus presentaciones clásicas, hacia el iPod Touch y el iPhone, dos dispositivos que no tienen la reproducción musical como su principal objetivo.
La disminución en las ventas globales, calculada en 11% que representa una caída de 200 millones de dólares respecto al año pasado, pudiera pintar un panorama sombrío; sin embargo, los cálculos que apuntan al dominio de la manzana en 74% del mercado global de reproductores musicales parecen reconfortar a Steve Jobs y compañía, aunque no se puede decir lo mismo de quienes en octubre de 2001 se hicieron de su primer iPod.
Aquel primer modelo significó una revolución en el mundo de las tecnologías de consumo y en la industria musical.
Su rueda táctil, su ligereza y su peculiar diseño lo convirtieron pronto en el gadget favorito de muchos melómanos que con ello dejaban atrás el discman y el walkman. Apple había creado un nuevo paradigma en la música para llevar.
El uso del formato mp3, con el cual se comprimía la calidad de un tema musical, se popularizó al grado de obligar, hoy en día, a las grandes disqueras a poner creaciones de su catálogo musical a disposición del público interesado en la inmediatez y la portabilidad digital.
El iPod surgió como el resultado de Apple que trataba de consolidar su presencia en el mundo de los dispositivos personales. Desde su primera aparición, con versiones de cinco gigabytes y 10 gigabytes de memoria, batería suficiente para diez horas de reproducción y compatibilidad exclusiva para Mac, el pequeño reproductor logró gran popularidad.
De la mano de Jon Rubinstein, jefe de ingenieros creación, el iPod clásico ha alcanzado seis generaciones diferentes con hasta 160 gigabytes de capacidad, pero también ha extendido su presentación a otras opciones que le permitieron ampliar su mercado.
El mini, de cuatro y seis gigabytes; el nano, con capacidad de entre dos y 16 gigabytes y con capacidad de reproducir y capturar video además de sincronizar radio, y el Shuffle, con capacidades que oscilaban entre los 512 megabytes y los cuatro gigabytes, alcanzaron la cima y ahora ven cómo sus hermanos, el iPod Touch y el iPhone, amenazan su liderazgo.
Creados a partir de la convergencia que se ha dado a raíz de la masificación del internet inalámbrico, ambos dispositivos han dejado la función de reproducir música como uno de sus objetivos secundarios.
Su pantalla táctil dejó en el olvido la icónica rueda táctil de cinco botones que caracterizó a sus predecesores, y la posibilidad de tener conexión a la red y a centenares de aplicaciones hacen palidecer a los primeros modelos que Apple lanzó al mercado.
El iPod Touch salió a la venta en septiembre de 2007 mientras que en junio, del mismo año, el iPhone estuvo disponible para los consumidores estadounidenses.
Y aunque a ocho años de su lanzamiento el iPod podría considerarse actualmente como la piedra angular de la industria musical, aún existen muchas personas que no concuerdan con catalogarlo como la mejor opción para reproducir canciones. “Las computadora s y los iPods son terribles para escuchar música, no están hechos para eso”, dijo Douglas Payne, bajista de la banda británica Travis.
A su voz, se suman otras, como la del ingeniero Allan Rouse, responsable y coordinador del proyecto de remasterización del catálogo de The Beatles.
“El problema es que las nuevas generaciones escuchan música de un modo distinto al que lo hacíamos nosotros; es frustrante que ahora la gente no escuche las mejores partes de algunas canciones porque sólo las reproducen en su iPod o en su computadora, pero así es el modo en que se hace ahora.
“En un iPod no se escucha como se debería, pero ahora la gente descarga las canciones o las rippean a sus computadoras y no hay mucho que podamos hacer, es lamentable.
“Si todos pudieran escuchar un disco en el estudio te darías cuenta de las diferencias, si todos tuvieran acceso a un gran equipo de audio podrían identificar muchas cosas de The Beatles que quizá no habían notado. Si vas a escuchar con audífonos sin duda vas a perder calidad, pero no hay modo de cambiar esa perspectiva”, sentenció Rouse.
sc