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En vez de Renée, entre amigos la llaman “Zelly”, como un diminutivo del verdadero apellido Zellweger. Con evidentes rasgos de una belleza europea, el padre, Emil Zellweger, es de origen suizo y la madre, Kjellfried Andreassen, había nacido en Noruega, pero se había mudado a los Estados Unidos, para trabajar con otra familia noruega radicada en Texas, donde Renée nació el 25 de abril de 1969 (todavía le queda un poco menos de un año para seguir disfrutando los “treinta y algo...”).
El futbol, basquetbol y beisbol fueron sus primeras pasiones en la escuela secundaria Katy High School, donde también la eligieron como la “Más Hermosa” de su clase. Y como una de las mejores alumnas de la Universidad de Texas, para recibir el título de Literatura Inglesa, también tuvo que tomar una clase artística y fue así como eligió la clase de drama que ilustró su destino.
Nada que ver con una estrella de cine
La suave voz de Renée Zellweger endulza la temprana mañana de Toronto en uno de los más importantes festivales internacionales de cine. Pareciera que recién se levanta, si no supiéramos que es natural que tenga los ojos entrecerrados; pero hay algo que podemos confirmar a viva voz: personalmente, es todavía más hermosa que en cine. Tal cual. Aceptando con un contentísimo “Thank you very much”, el elogio tal vez haya ayudado para romper el hielo, al demostrar con nuestra entrevista, el tan preciado y desconocido lado humano de las estrellas de cine.
-¿Siempre fue tan hermosa?-
“Cuando era chica no me fijaba en cómo me veía. Para nada. Nunca. Es algo que aprendí después. No me interesaba. Estaba demasiado ocupada con mi vida. ¿Sabes? Y tampoco es algo que haya tomado en cuenta cuando llegué a Hollywood. Sabía que no me veía como ‘una estrella de cine’. Sé que no tengo esos atributos. (Ríe) Es una forma de decir. Pero tampoco me preocupaba porque no creí que me pudiera ayudar en lo que yo esperaba hacer”.
-¿Y qué es lo que espera en su trabajo como actriz?- “Cuanto más se aleja el personaje de mi propia realidad, más divertido es, más fácil me resulta desaparecer en esa realidad alternativa. Lo disfruto. Me encanta. Estoy mucho más cómoda en un corsé o los vestidos de los años 20, que siendo una chica que lleva la clase de ropa que yo uso. No me siento cómoda cuando interpreto a alguien que se ve como yo”.
-¿Siente la presión de mejorar como actriz en cada nueva película?- “La presión pasa por el terror de ser la persona que puede destruir una película. Voy a trabajar pensando: ‘Ok, no arruines nada. No lo olvides y no lo hagas’. La presión pasa por no querer decepcionar a la persona que tuvo tanta fe en mí. Por eso trato de hacer bien mi tarea y lo que haya que hacer lo hago, me preocupo por estar siempre bien preparada”.
-¿Y cuando las cámaras se apagan, es posible mantener una vida normal con tanta fama?- “Es la parte más dura de mi trabajo. Es muy difícil estar con gente que no te ve o te escucha, más allá de ver a la persona que ya habían visto antes de conocerme. Es algo que me cuesta, trabajo bastante en neutralizarlo, para ser realmente la persona que está ahí parada”.
-¿Hoy le cuesta mucho más que cuando recién empezaba a ser reconocida?- “Supongo que sí porque soy más grande y las cosas que realmente me gustan son más difíciles de concretar, por mi forma de vida. Como actriz, una dibuja la verdad de las experiencias y yo no puedo dibujar la verdad de ninguna experiencia que tuve 20 años atrás, porque esa es la última realidad que tuve como persona normal. Me gustaría tener conversaciones reales, me gustaría ser una mosca en la pared de alguna habitación. Quiero experimentar algo, sin diferentes experiencias sociales. Es algo cada vez más extraño. Sé que suena a locura, pero yo realmente celebro cuando alguien se vuelve malo porque tiene un mal día, sin reconocer que conozco a Tom Cruise o sin alterar el comportamiento de ninguna forma. Me encanta. Me encanta cuando una camarera es muy mala, por ejemplo. De verdad. Es fantástico y me hace sonreír cuando vuelve y se disculpa porque no se había dado cuenta quién soy. ¿Se entiende lo que quiero decir?”.
-No, porque las camareras no suelen disculparse con nosotros- “Una se sienta ahí, pensando: ‘No, no, me gustabas más antes, porque puedo respetar que alguien tenga un mal día, sin condiciones. Y ahora quiere ser amable sólo por el hecho de saber que soy alguien importante. ¿Antes no lo era?’. No”.
-¿Y si hay alguna cámara cerca, se esfuerza más por ser cortés para no aparecer dos horas después, en Internet, con la cara de enojada?- “Eso nunca pasa (Ríe a carcajadas). ¿Estás bromeando? Escriben artículos completos sobre lo mal que piensan que puedo llegar a estar, con sólo verme en la otra punta de un lugar. ‘El lenguaje de su cuerpo definitivamente indica que estaba enojada con esta persona’. De verdad, leí algo así. ¿No es increíble? Supongo que es parte del juego, pero igual trato de buscar tiempo para otras cosas, porque no tengo interés en pagar el doble por algo malo que haya pasado y tampoco es mi naturaleza ser así. No me gustan tanto los conflictos. No me interesan. No busco ser la razón para que alguien tenga un mal día, cuando ya lo estaban teniendo antes”.
-Con sinceridad: ¿Qué opina sobre el periodismo en general?- “Hay cierta responsabilidad en los periodistas de registrar la verdad. Eso lo aprecio, es un camino bastante interesante. Pero no creo que hoy existan demasiadas responsabilidades en el sentido de reportar la verdad, sino de ser el primero en reportarla. Las noticias se tornaron una comodidad que da miedo. No sé si me sentiría cómoda con tanta responsabilidad en términos de marcar el curso de la vida de otra persona, especialmente cuando incluso hasta pueden llegar a dañarla”.
-A ver, busquemos alguna verdad, entre alguno de los tantos mitos de Hollywood ¿Es cierto que las estrellas de cine no compran ropa y sólo usan lo que les prestan o regalan los diseñadores?- “No lo creas. Este vestido lo compré yo, cuando estaba buscando un regalo para un amigo en Louis Vuitton. Y cuando lo vi me dije: ‘Bueno, se puede llegar a doblar muy bien dentro de una valija sin arrugarse y no voy a tener que cambiarle nada, así que me lo voy a poner para trabajar la semana que viene’”.
-¿Y en el trabajo, un buen vestuario también ayuda a una buena actuación?- “Ayuda. Me encanta. El vestuario es un buen paragolpe entre la pretensión de ser otra persona y ser quien soy. Me encanta. Es un agregado más donde apoyarse”.
-¿Fuera del cine disfruta en su tiempo libre de otro tipo de entretenimientos?- “El futbol (americano). Es algo con lo que se nace, es algo genético. Soy fanática de los Cowboys. Tengo que serlo, para mantener una buena relación con mi hermano”.
-¿Y las vacaciones de verano? ¿Cómo las disfrutó?- “¿No es gracioso? Mientras otros iban a la playa, yo estaba preparándome para otra película, en Baltimore. Se llama ‘My One and Only’ y la dirige Richard Loncraine. Es una pieza de época, en el Nueva York de los años 50. Yo interpreto esta mujer que tiene un esposo demasiado vago y ella se va en busca de una vida mejor. Ya lo ves: por el trabajo, no tengo tiempo para ir a la playa”.
Su primer beso en cámara, lo tuvo con Ethan Hawke, en “La Dura Realidad”, además de trabajar con otro vecino texano Matthew McConaughey en la película de terror “Masacre en Texas”.
El reconocimiento tampoco se demoró en llegar, cuando viviendo en Los Ángeles, apareció como la pareja de Tom Cruise en “Jerry Maguire”. En la película “Cosas que Importan” se rodeó de Meryl Streep y William Hurt, con la dramática historia de una hija que cuida a la madre enferma de cáncer.
El romanticismo en la vida real llegó con tono de comedia, cuando después de protagonizar con Jim Carrey la película “Irene, Yo y mi Otro Yo”, vivieron también una apasionada relación que duró alrededor de 18 meses, hasta que ella viajó a Londres para filmar la famosa película “El Diario de Bridget Jones”.
Renée había perdido a Jim Carrey cuando por aquella película conoció a Oscar, el premio Oscar y la primera nominación por su rol como “Bridget Jones”.
Al año siguiente recibió una segunda nominación por el clásico personaje de “Roxie Hart” en el musical “Chicago”, aunque recién ganó el Oscar, como Mejor Actriz de Reparto por la película “Cold Mountain”.
Durante esa misma filmación, había conocido al cantante Jack White del dúo The White Stripes, con quien estuvo de novia hasta fines de 2004. Y para cuando estrenó con Russell Crowe la película “El Luchador”, Renée ya se había puesto de novia con otro cantante de música country, Kenny Chesney, que conoció en un espectáculo a beneficio del tsunami asiático.
A los cinco meses de novios, el 9 de mayo de 2005, se casaron en una cortísima ceremonia de 15 minutos, en las Islas Vírgenes, con un matrimonio que no duró mucho más: se separaron el 20 de diciembre del mismo año. Divorciada y sin compromisos, Renée Zellweger tampoco tuvo reparos en estrenar este mismo año la película “Letterheads”, con otro de sus ex novios, George Clooney; aunque vale aclarar que nada pasó con Viggo Mortensen durante el rodaje de la película de vaqueros “Appaloosa”.
-¿Tuvo algo que ver su divorcio con haber filmado la película “Letterheads” con otro ex novio como George Clooney?- “¿Tengo que contestar esa pregunta? Yo soy la que tuve suerte por estar al lado de George Clooney. No hay nadie como George para ambientar las cosas. Siempre es divertido. Y es tan inteligente... Él es mi héroe. Me gustaría aprender cómo hace para tener tanta gracia en este negocio. Yo hago lo mejor que puedo...”.
-¿George Clooney es mejor como pareja, como compañero de trabajo o como director de cine?- “Bueno... Te diría que es igual de imposible y es toda una tortura estar al lado de él (Ríe, demostrando que quiere decir todo lo contrario). Haberlo visto trabajar como actor y director resultó algo muy interesante, porque estaba en un lugar con polos opuestos simultáneamente. Tenía que mirar la escena como director y desaparecer sin prestar atención para entrar en la realidad alternativa que necesitaba crear. No creo que yo pueda separar un tema del otro. Pero él es muy bueno en su trabajo”.
-En “Appaloosa” Ed Harris también es el director de la película ¿Es difícil trabajar con un actor que además es el director?- “No. Con Ed Harris y ‘Appaloosa’ fue la misma situación. Y la disfruté. Supongo que para ellos es difícil porque tienen doble responsabilidad. Imagínate. Es difícil hacerlo, pero yo lo disfruté. Claro que sentí lástima por ellos, porque debe haber sido muy cansado”. Con un rubro que Hollywood parecía haber perdido, la película “Appaloosa” recupera el cine del Lejano Oeste, con una historia de vaqueros con Viggo Mortensen y la excelente dirección de Ed Harris, donde dos amigos son contratados como los “Sheriff” de una ciudad controlada por las reglas de un ranchero. Y la historia se complica, justamente, cuando aparece en escena la joven viuda que interpreta Renée Zellweger.
-¿Le gustaría dirigir o producir cine como George Clooney o Ed Harris?- “Yo produzco algunos proyectos. Ahora mismo estoy produciendo. Es interesante para mí, porque me gusta planear los personajes y juntar las piezas como en un juego de ajedrez, logrando que algo funcione, reuniendo todos los componentes necesarios. Realmente lo disfruto. Pero nunca sentí la necesidad de dirigir. No me parece que sea una progresión natural, pasar de la actuación a la dirección”.
-¿Qué es lo que está produciendo exactamente ahora?- “Es una película para (el canal de televisión de paga) Lifetime Television. Es una historia sobre el médico Dennis Slamon que descubrió el tratamiento Herceptin para el cáncer. Ayer cerramos trato con Harry Connick Jr”.
-¿También va a protagonizarla además de producir la película?- “No, porque tengo que terminar la otra película, pero estoy entusiasmada con el tema. La cadena Lifetime va a hacer una contribución masiva al centro de investigaciones de UCLA y la van a estrenar en el Mes de Conciencia Sobre el Cáncer de Mama, con una obra de caridad que yo vengo apoyando desde hace tiempo. Va a estar muy buena”.
-¿El drama es más difícil que la comedia?- “No sé si un género es mucho más difícil que otro. Con la comedia que está bien escrita en un guión, descubrí que hay que salirse del medio, en vez de actuar o revivirla. Es un desafío diferente y cuando por ejemplo trabajé con los hermanos Farrelly (en ‘Irene, Yo y mi Otro Yo’), o cuando hice ‘Abajo el Amor’, apenas si tenía que entender el diálogo para no embarrarlo, en vez de interpretarlo. Supongo que se trata de ser verdadera. Por eso no pienso demasiado en el tema. Si lo analizas demasiado, la comedia deja de ser divertida”.
-¿Y la vida en general, suele analizarla para no dramatizar tanto sobre su fama? Un extra de cine nos comentó lo amable que es en el trabajo, al punto de animarse a utilizar los mismos baños que están designados para los extras, sin discriminación alguna. ¿Es cierto?- “Siempre pienso que cuando una tiene que ir, tiene que ir... Hay partes del país, donde es un requisito ser amable. Y en lo que respecta a ese tema en particular... siempre me sorprende que la gente se sorprenda cuando alguien actúa como una persona normal”.