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La verdadera Uma

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  • Fabián W. Waintal
  • 31-Agosto-2008
  • Más allá de la fama, Uma Thurman llama la atención por su distinguida altura y los clarísimos ojos azules que se abren todavía más cuando sonríe al saludar. Estrenando dos películas en una misma temporada, se explica la alegría de alguien que conserva hasta la última gota de humildad, aún cuando ocupa uno de los lugares más importantes de Hollywood.

    • Uma Thurman.
      Foto: Archivo

    Desde que Quentin Tarantino la consagró con la película “Pulp Fiction” y las otras dos versiones de “Kill Bill”, ya no precisa deletrear su nombre para que lo escriban bien.

    Y buscando conocer a la verdadera Uma Thurman, hablamos sobre su crianza budista, los principios como modelo y su más preferido papel como madre, por encima de Hollywood.

    -¿Qué esperaba conseguir en los comienzos, cuando recién se había decidido por la actuación como un estilo de vida?-
    “Al principio, quería conseguir algo maravilloso como el cine de ‘Annie Hall’, ‘Silkwood’ o ‘Pillow Talk’. Quería interpretar esa clase de mujeres, comunicando la experiencia de ser una mujer, con humor y con drama. Era todo lo que quería hacer”.

    -¿Y ahora que quedó en el pasado? ¿Cómo recuerda aquellos primeros tiempos?-
    “Me acuerdo que vivía en un cuarto piso por escalera, convencida de que era un buen ejercicio, pero igual no veía la hora de mudarme a un edificio con elevador. Lo peor era el momento de las valijas. Viajaba constantemente, en los tiempos en que volvía de Francia por el rodaje de ‘Relaciones Peligrosas’. Llegaba en taxi y ahí estaba yo, con tres valijas, tratando de ver como me las arreglaba para llevarlas hasta el cuarto piso, en plena medianoche. Quedaba exhausta. (Riendo) Así fueron mis comienzos, siempre buscando llegar bien arriba”.

    -¿Teniendo a un monje budista como padre, también creció con los principios budistas?-
    “Todas nuestras conversaciones en casa trataban de eso. Como filosofía, el budismo es muy bueno. Las simples reglas y responsabilidades de causa y efecto, el karma, me parece que son excelentes y así me crié”.

    -¿Era fácil de entender la filosofía de aquella religión en la infancia?-
    “Yo siempre quise ser normal como todos los demás chicos. Todo lo que se veía extraño o me separaba de la gente por mis propios miedos, era demasiado estresante. Y el budismo cayó en esa categoría. Yo quería ir a la Iglesia y cantar con todos los demás, sentirme parte del grupo, pero la receta era ser diferente. Y por eso supongo que hubiera captado mucho más si no fuera por mi desesperación por querer ser tan normal”.

    -Igual conoce muy bien al Dalai Lama ¿Lo ve seguido? ¿Intimida estar a su lado?-
    “No tan seguido. Es una persona muy ocupada. Lo peor de verlo personalmente es cuando te mira directo a los ojos y te pregunta: ‘¿Para qué viniste? ¿En qué puedo ayudarte?’. Tu mente se pone completamente en blanco y sólo se te ocurre pensar: ‘¿Qué puede hacer él por mí? Yo debería hacer algo por él’ (Ríe a carcajadas)”.

    -¿Parte de su infancia la pasó en la India, con sus padres?-
    “Había ido primero, cuando era bebé y por supuesto no me acuerdo nada de esa época. Pero después volví a los nueve años y, siendo tan chica, creo que resultó una experiencia increíble dejar América para pasar un tiempo tan largo en aquella cultura. Definitivamente me hizo vivir las condiciones de vida en un nivel diferente, viendo tanto sufrimiento, aunque también descubrí la increíble felicidad cuando falta el dinero. Es algo que no siempre se ve creciendo dentro de una familia de clase media. Fue una experiencia poderosa para mí”.  

    -¿La altura o la boca grande que hoy resulta tan sensual alguna vez fueron blancos de burlas durante la época de escuela?-
    “Por supuesto. La altura era pésima y la boca grande o la nariz grande y los ojos tan espaciados resultaron un problema. Todo era un gran problema”.

    -¿Y cómo es que salió a buscar trabajo como modelo, con apenas 15 años, con tanta inseguridad sobre su belleza?-
    “Bueno, la ventaja de ser modelo exótica no era precisamente la definición de belleza donde yo vivía, en 1983. Pero mi madre es de Suecia, con ascendencia alemana y ella había sido una verdadera belleza famosa, mucho más que yo. Y yo nunca fui buena como modelo. No tuve tanto éxito en esa profesión. Y supongo que también sabía que iba a ser así, pero parecía un buen camino para la independencia, financiando también mis clases de actuación. Realmente, sólo lo hice durante dos veranos porque la primera vez, ya estaba tomando clases de actuación mientras trabajaba como modelo. Después, volví a la escuela y al final, para cuando terminó el segundo verano, ya estaba filmando la primera película. Así que tenía 16 años cuando empecé en cine”.

    -¿No era demasiado joven?-
    “Sí. Y yo pensaba que no era una actriz infantil. Es gracioso recordarlo ahora”.

    -Las primeras escenas que le tocaron en las películas “Relaciones Peligrosas” o “Henry y June” eran bastante subidas de tono para alguien de su edad, en aquel entonces ¿Estaba preparada para algo semejante?-
    “No, no lo estaba. A lo mejor, por ser tan alta o bastante independiente y muy precoz verbalmente, la gente me tomaba como alguien más adulto de lo que era, mucho más mujer. Y creo que siempre fue una especie de desafío, porque conseguía personajes con experiencias femeninas que yo ni siquiera había vivido todavía. Pero imagínate, a cualquier jovencita le gusta que la tomen como mujer. ¿No? Aunque no sepas lo que haces y termines imitando la madurez. Pero era difícil confrontar algo que yo no podía controlar. Para que la gente te vea sexy hay que sentirlo en la piel porque sino, suena muy extraño que proyecten cosas que no se pueden manejar cuando no se entiende realmente el significado”.

    Experimentando la vida a su manera, Uma Thurman recién empezaba a ser conocida cuando se casó en octubre de 1990 con otro actor de categoría como Gary Oldman.

    Lamentablemente, la pareja terminó en divorcio dos años después, pero Uma siguió casada con el cine, filmando “Batman & Robin” con George Clooney y Arnold Schwarzenegger o recibiendo una nominación al Oscar por el clásico “Pulp Fiction” con John Travolta y Quentin Tarantino.

    Con el paso del tiempo, el amor también regresó de la mano del cine, cuando, filmando la película de ciencia ficción “Gattaca”’, Uma conoció a Ethan Hawke, el padre de sus dos hijos Maya y Levon. Justamente, Uma estaba embarazada del hijo mayor cuando Quentin Tarantino decidió volver a filmar con ella la serie de películas “Kill Bill”.

    El éxito profesional resultó bastante diferente al personal. Uma volvió a divorciarse cuando todavía ni siquiera se había estrenado el segundo volumen de “Kill Bill”. Insistimos: recién había tenido su segundo hijo cuando empezó el rodaje de la primera versión.

    Demostrando que es tan humana como cualquiera, también asegura que tampoco abandonó la idea de tener más hijos, desde que comenzó una nueva relación con el millonario suizo Arpad “Arki” Busson (ex esposo de la modelo Elle Macpherson).

    Y al contrario de su adolescencia, Uma Thurman hoy aprovecha sus experiencias personales para proyectar al menos ciertas características de su vida en el cine.

    En el thriller “Life Before Her Eyes” por ejemplo, apareció por primera vez como madre, cuestionándose también la perfección de su vida.

    Y con otro estilo de cine completamente distinto, en la próxima comedia “The Accidental Husband”, se muestra con una mujer exitosa tal cual como ella, aunque en la ficción interpreta a una locutora de radio enredada en la búsqueda de un extraño primer marido que necesita encontrar para anular aquel matrimonio, para casarse de nuevo.

    -¿En qué medida ayuda en su trabajo la realidad? ¿El hecho de ser madre, por ejemplo, facilita interpretar una madre en la ficción?-
    “Estoy segura que hubiese podido interpretar el mismo papel aunque no hubiese tenido hijos. Supongo que muchas mujeres que no tienen chicos entienden profundamente lo que se siente amar a los niños y protegerlos con toda la pasión. Muchas mujeres hubiesen podido interpretar este personaje maravillosamente”.

    -¿Qué edad tienen sus hijos hoy?-
    “Tengo una hija de nueve y un varón de seis”.

    -¿Todavía falta tiempo para lidiar con ellos la misma búsqueda de independencia adolescente que usted vivió en primera persona?-
    “Ni la espero. No me gusta nada de la adolescencia. La pubertad da miedo, es un momento doloroso”.

    -¿La primera vez que apareció como madre en el cine recién fue con “Life Before Her Eyes”?-
    “Creo que sí... Estoy pensando si ya había tenido otros hijos en cine... Cuando se empieza a trabajar desde la adolescencia y literalmente no se puede contar la cantidad de películas que hiciste, da miedo. Pero me gustó el papel de madre en esa película. Me gusta hacer personajes más reales y en mi carrera no siempre me contrataron para ese estilo de cine. Por eso, es increíblemente gratificante poner mis manos alrededor de una historia humana. Supongo que resulté buena en otro estilo y el destino me empujó en otra dirección”.

    -¿Y el empuje de Quentin Tarantino tuvo mucho que ver en el destino de su carrera? ¿Cómo fue que se conocieron antes de “Pulp Fiction” y “Kill Bill”?-
    “Yo tenía 23 años. Me había encerrado en un hotel, por una infección en el ojo que me había contagiado en la piscina. Hacía diez días que no dejaba el hotel y me la pasaba posponiendo la reunión que tenía programada con Quentin (Tarantino). No sabía quien era y ni siquiera había visto ‘Reservoir Dogs’. Al final, terminamos encontrándonos una vez, creo que en el famoso restaurante Ivy, y nos sentamos a hablar por tres, cuatro horas, hasta que cerraron el lugar. Yo tampoco había leído el guión (de ‘Pulp Fiction’), aunque pretendía que lo había hecho. Fue una reunión bastante graciosa porque me la pasé esforzándome para entretenerlo sobre cualquier otro tema para que no se notara que yo no había hecho mi tarea. Y por lo visto tampoco me sirvió porque muchos años después, él mismo me dijo que se había dado cuenta. Pero aquella fue nuestra primera reunión”.

    -¿Quentin Tarantino habrá notado algo que usted no había visto en sí misma?-
    “Yo me la pasé frustrándolo, porque creo que en cierta forma me había negado o me escapaba, mientras él peleaba por contratarme. Yo me resistía. La escena de la violación de los chicos me había asustado y me preocupaba bastante. Ya sabes el estilo de cine que yo había hecho antes, habían sido películas de época y me sentía atrapada en un ‘corsette’. Trataba de romper esos cordones y volver a la actualidad, al presente. Él me lo permitió en algo más moderno. Pero el diseño del personaje, como se veía, en verdad lo hicimos entre los dos, incluyendo el vestuario”.

    -¿Tarantino suspendió la filmación de “Kill Bill” para esperar que pasara el embarazo de su segundo hijo?-
    “Sí, creo que mi hijo ya tenía seis meses cuando empezamos con el rodaje”.

    -¿Y cómo es que logró recuperar el  buen estado físico después de tan poco tiempo del parto, para sentirse usted misma y hacer toda clase de escenas con artes marciales que nunca antes había hecho?-
    “Bueno, primero que todo, nunca iba a sentirme igual después de tener un hijo porque tampoco era la misma. Supongo que muchas madres sienten lo mismo, porque es el principio de otra persona. Pero sí, fue difícil y tengo que confesar que no fue para nada fácil hacerlo”.

    -¿Saltando tan seguido del drama a la comedia o incluso las películas de acción, hay algún género en cine que extraña?-
    “En cuanto a los estilos de cine, siempre tuve cierta obsesión por tratar de cubrir todos los géneros, tal vez porque los recorrí a todos... Me gusta seguir haciendo lo que amo, explorando nuevos personajes, nuevos mundos, nuevas vidas”.

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