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Kevin Costner: Un hombre de esfuerzo

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  • Fabián W. Waintal
  • 07-Septiembre-2008
  • Las probabilidades indicaban que Kevin Costner jamás volvería a pasar por el altar, pero igual terminó dando otro “sí” con la modelo alemana Christine Baumgartner, el 25 de septiembre de 2004, delante de los invitados más famosos del momento: Bruce Willis, Jack Nicholson, Michael Douglas y Catherine Zeta Jones, entre muchos otros.

    • Kevin Costner.
      Foto: Archivo

    Hasta la luna de miel resultó rodeada de estrellas cuando la pareja voló a Escocia en medio del Torneo de Golf de Famosos Dunhill, donde jugaron otros grandes como Tom Cruise y Samuel L. Jackson.

    Junto con el bebé, Cayden, y la hermosísima Christine, Kevin Costner recuperó un mejor balance personal, dedicándose también a criar caballos, en medio de un multimillonario rancho de casi siete hectáreas en Santa Bárbara, después de venderle al presentador de “American Idol”, Ryan Seacrest, la fabulosa hacienda española de cinco dormitorios que solía tener en las montañas de Hollywood.  

    En tiempos de elecciones

    En el Hotel Four Seasons de Beverly Hills y sin dejar que el representante de prensa le imponga límites de tiempo para nuestra entrevista, Kevin Costner demuestra que todavía sigue llevando las riendas del estrellato, como siempre. Y en plena época de elecciones, llega al cine con una inteligente propuesta, con la película “Swing Vote” y la historia de otra elección presidencial que se define por el simple voto de un ciudadano común, como él.

    No es una superproducción con efectos especiales, tampoco está repleta de acción y ni siquiera propone sexo subido de tono. Pero lleva el prestigio de Kevin Costner y es más que suficiente. Sin la fama de otras épocas, aún después de haber pasado los 50 años, sigue acaparando la atención femenina y la admiración masculina, manteniendo la reputación intacta de un nombre muy difícil de borrar.

    -¿Es necesario mantenerse bien físicamente para conservar una buena imagen en el cine?-
    “Depende. Por ejemplo yo había hecho una película ‘El Mundo Perfecto’. Y en ese caso, para una película sobre la cárcel, la mayoría de la gente suele levantar muchas pesas. Pero yo había hecho exactamente lo opuesto, porque pensé que era lo que menos se quiere hacer en una situación así. Si estoy en prisión sólo voy a querer leer, tomar café, hacer lo mío. Y no me voy a ver impecable. Pero por haber aparecido así, me criticaron mucho. Al público le gustó la película y muchos me elogiaron, pero no faltaron quienes dijeron que me veían ‘un poco descuidado’. Ahí me di cuenta que no se puede ganar cuando uno está en el nivel que estoy yo”.   

    -Hace poco Reese Witherspoon pasó por algo parecido, cuando bajó demasiado de peso para una película y muchos pensaron que tenía problemas de salud. ¿Después de tanto tiempo, usted aprendió la fórmula para dejar a todos contentos?-
    “No se puede... Para alguien con casi dos metros de altura como yo, exigen que me vea como Adonis, para que la gente no se burle. Los actores de carácter pueden hacer cualquier cosa y hasta ganan un Oscar por ello. Les permiten cambiar haciendo esto o lo otro, pero cuando alguien como yo lo hace, la gente a veces piensa: ‘¿Te pasó algo malo en tu vida personal porque te dejaste llevar en aquel momento?’, (ríe) Es verdad, es cierto. Obviamente, los primeros en opinar así son los periodistas. No me quieren ver cambiando y si cambio en algo por algún personaje, enseguida preguntan si pasó algo malo”.  

    -Pero al principio de su carrera llegó a ser una de las estrellas más importantes de Hollywood, gracias a los pocos cambios de su imagen...-
    “Bueno, aclaremos un poco el tema. Yo había empezado como un actor desempleado, encontré mi camino y me mantuve. Recién después llegó aquella percepción de la ‘Estrella de Cine’ cuando apenas era un actor que sólo interpretaba los roles que quería hacer. Lo que pasaba es que las mujeres y los hombres también se sentían identificados y es la mejor relación que uno puede pedirle al cine. Ese comportamiento se nota y es el proceso que siempre traté de mantener”.  

    -¿Habiendo pasado los 50 años de edad, nota algún cambio en Hollywood? ¿Hoy existen muchas más presiones por tratar de mantener la juventud de las grandes estrellas con bótox o cirugías estéticas?-
    “Yo pienso que hay que hacer lo que uno quiere. Yo estoy realmente cómodo como estoy. Quiero mantenerme saludable porque todavía quiero ser atractivo para mi esposa (ríe). Es importante ¿no? Hay que esforzarse por la pareja. Y yo espero que ella también se esfuerce por mí. Tampoco quiero ser como un frágil frasquito para mis hijos más grandes. No quiero avergonzarme por la forma en que me veo. Voy a seguir teniendo mi edad, pero voy a estar lo mejor que pueda con mi edad”.

    Con jeans y camisa negra, sin relojes ni alhajas, más allá del anillo de casado (con bandas de oro y platino), su respuesta también destaca los tres años de matrimonio que Kevin está a punto de celebrar con Christine Baumgartner, la madre del bebé Cayden, que también festejó su primer año de vida, el 6 de mayo pasado.
    Hoy solo queda como anécdota aquel divorcio que vivió en diciembre de 1994, cuando se separó después de 15 años de matrimonio, de la primera esposa, Cindy.

    -¿Todavía sigue criando caballos en Santa Bárbara?-
    “Sigo viviendo en Santa Bárbara, aunque ya no tengo caballos, porque no tengo tiempo y necesitan mucho cuidado, porque tan hermosos como son, también son muy impredecibles y peligrosos. Si pongo a un amigo arriba de un caballo, quiero sentirme cómodo, que el animal no vaya a reaccionar mal. Pero igual sigo viviendo en Santa Bárbara, aunque voy y vuelvo entre aquel rancho y otro de Colorado”.

    -¿Cómo vive la paternidad del bebé, Cayden, en este punto de su vida, en comparación con sus otros hijos mayores?-
    “Tengo amigos que tuvieron lo que podrías llamar una segunda vida cuando tuvieron hijos en un segundo matrimonio y a mí siempre me sorprendió. Te hablo de personas muy exitosas, que me han dicho: ‘Hombre, la segunda vez es realmente diferente, pude ser un mejor padre, pude mejorar en esto o lo otro’. Y yo agradezco a Dios por no haber tenido que decir algo así porque desde que empecé mi carrera, mis hijos siempre fueron muy importantes para mí, vinieron conmigo al estudio, a cada película que yo hacía. Así como yo también iba a todas sus obras de teatro o los eventos deportivos. No me perdí nada de nada. Tengo el gran sentimiento de haber estado presente en cada etapa de los tres hijos mayores que crié. Y mi mayor preocupación siempre fue si podía tener la misma energía con mi bebé, Cayd. No estaba tan seguro y por eso me tomó tanto tiempo decidirme a tenerlo”.

    -¿Aprendió algo nuevo con el bebé?-
    “No es que me haya enseñado nada. Cayden es absolutamente una persona propia ahora. Tiene 14 meses y todo lo que está en frente suyo le llama la atención. Tengo un trabajo importantísimo por delante, criando este jovencito, tratando de mostrarle o rodearlo de otros hombres y mujeres que sean importantes en su vida. Sus hermanos, gente que yo valoro... porque no voy a estar aquí toda la vida. Y por eso quiero criarlo, tratando de caminar las mismas huellas, como una forma de decir, dejando que sepa qué roca no es segura y qué roca es más firme, tratando de hacerle saber con quién puede hablar este tipo de cosas. Al final, él igual tendrá que vivir la vida por sí mismo, como todos. En tu caso, incluso, no estás con tus padres ahora mismo, para hacer tu trabajo. No están en este lugar para darte ningún consejo, pero hubo un momento de tu vida en que pudieron hacerlo. Así es como yo lo veo”.  

    -¿Y sus hijos mayores? Ha hecho un buen trabajo como padre, porque ninguno es como Lindsay Lohan o Brittaney Spears....-
    “No. Son muy buenos”.

    -¿...Ellos tienen algún interés en el mundo del espectáculo?-
    “Mis hijos mayores, Lily y Joe ,son músicos y cantantes, pero nunca giraron en torno a lo que yo hago. Nunca lo hicieron.  Mi hija Lily, que es tan hermosa, se rehúsa a salir al frente, prefiere dejar que alguien pase primero. Son exactamente lo que yo esperaba que fueran, gente buena. Ahora espero  que se den cuenta que pueden aprovechar la posición que tienen, si lo quieren, porque no son gente de las que cualquiera pueda aprovecharse”.

    -¿Y cómo es la relación con su esposa Christine, fuera de cámara? Ella, por ejemplo, ¿lo mantiene en línea remarcándole cuando  gana algún kilito de más?-
    “Mi esposa es buena como pareja, no trata de intimidarme. Al contrario, trata de ayudarme. Y trata de ser honesta, igual que yo trato de ser honesto con una mujer cuando pregunta: ‘¿Cómo me veo en este vestido?’. Hay que ser honesto con la gente. Los dos lo somos el uno con el otro. Tuvimos que encontrar una manera de trabajar juntos y la honestidad tuvo mucho que ver”.

    -¿Esa misma honestidad es la que lo perjudicó en el pasado de su carrera profesional?-
    “Sí, bueno, en retrospectiva, creo que la gente hubiera querido verme de nuevo en las mismas películas que ya había hecho antes. Yo sé todo el dinero que se maneja en la segunda o tercera versión de una misma película. Y yo había hecho ocho o siete películas que hubieran funcionado en ese sentido. Pero yo preferí seguir a la siguiente película sin demasiadas ambiciones, sin preocuparme si no funcionaban del modo que alguien pensaba que debían funcionar. Jamás pensé: ‘Mejor vuelvo y repito aquel éxito porque es una buena fórmula’. Yo nunca funcioné por el miedo. A lo mejor no fue la mejor decisión comercial, pero fíjate: esta película (‘Swing Vote’) la financié yo, yo pagué el rodaje de esta película”.

    Siempre avanzando a pesar de los obstáculos, con típico carácter capricorniano, Kevin Costner nació el 18 de enero de 1955 a las 9:40 horas, en la ciudad de Lynwood, California. El menor de tres hermanos, se crió en una familia de clase media, con un padre como Bill Costner, que trabajaba para la compañía de electricidad Southern California Edison.

    El lado artístico lo demostró en la adolescencia, escribiendo poesía y cantando en el coro de la Iglesia. Y queriendo recrear la mejor película de acción, con apenas 18 años, construyó una canoa con sus propias manos para navegar los ríos que lo llevaran hasta el Océano Pacífico, antes de entrar en la Universidad del Estado de California para estudiar Administración de Empresas. El mismo año que se graduó, en 1978, también se casó con la misma noviecita Cindy que había conocido como estudiante.

    Al principio, Kevin Costner se ganaba la vida en un trabajo de marketing, pero después de encontrarse por casualidad con Richard Burton, cuando le comentó su verdadera pasión por la actuación, Kevin terminó renunciando al trabajo para buscar el soñado futuro en Hollywood. Los siguientes seis años tampoco resultaron tan fáciles, pero igual alimentó sus fantasías como guía turístico, recorriendo las casas de los famosos, mientras su esposa Cindy también aparecía como Blancanieves en el parque de diversiones de Disneylandia.    

    En 1983, “The Big Chill”, surgió como la mejor oportunidad para debutar en cine, pero las escenas de Kevin no pasaron más allá de la sala de edición, aunque la película terminó siendo nominada al Oscar.

    El mismo director Lawrence Kasdan igual lo tomó en cuenta, para la siguiente película, “Silverado”, sin darse cuenta que lo estaba lanzando a la fama. Kevin Costner se convirtió en la estrella de cine más importante del momento, cuando en apenas dos años protagonizó los clásicos “Los Intocables”, “Sin Salida” y “Campo de Sueños”, además de ganar el Oscar como Mejor Director con la película “Danza con Lobos”.

    Los éxitos siguieron multiplicándose con “Robin Hood”, “JFK”, “El Guardaespaldas”  y “Wyatt Earp”; pero Hollywood jamás le perdonó que no pudiera recuperar los 175 millones de dólares que Universal Studios había invertido en la superproducción de “Waterworld”. Para peor, el mismo año se divorció de su esposa Cindy, aunque hizo lo imposible por compartir la custodia de los tres hijos: Joe (20), Lily (18) y Annie (16).

    Fracaso tras fracaso, Kevin Costner siguió tomando las peores decisiones cuando rechazó películas como “Pelotón”, “La Caza al Octubre Rojo” y “Air Force One”, además del rol de “Bill” en las series “Kill Bill”,  de Quentin Tarantino.

    Con el nuevo milenio, la carrera de Kevin Costner parecía haber terminado, hasta que él mismo empezó a buscar roles más importantes que el nombre de la fama. Destacando calidad por encima de “cantidad”, dejó de cobrar millones de dólares por mejores personajes como los que tuvo en las películas “Adorablemente Enojada” y “Dicen por Ahí”. En “Guardianes de Altamar”, Ashton Kutcher incluso compartió parte del estrellato que Kevin Costner recuperó con “Mr. Woods”. Y con la película “Swing Vote”, él mismo decidió financiarla, invirtiendo nada menos que 20 millones de dólares de su propio bolsillo.  

    -¿Qué lo llevó a decidirse por financiar y protagonizar una película como “Swing Vote”?-
    “Me gustó la relación que había entre un padre sin ninguna ambición y una hija con todas las ambiciones del mundo, que le pide una sola cosa, algo facilísimo que él tampoco quiere hacer. La película maneja muy bien la relación interpersonal y creo que los guionistas hicieron un trabajo maravilloso agregándole comedia a la política. En cierta forma es una buena observación de la política norteamericana”.

    -¿En plena época de elecciones en Estados Unidos cree que la película tenga un mejor impacto?-
    “A lo mejor sí. No fue diseñada con esa idea. Porque si esta película (‘Swing Vote’) dependiera del año electoral, seguramente fracasaría. La hice para que se pueda ver dentro de 20 años, esperando que a lo mejor quede como una clásica comedia americana. Pero tampoco voy a predecir si es buena o mala porque mucha gente a lo mejor está cansada de la política y puede estar fatigado por las elecciones. Por eso, ‘Swing Vote’ tiene que destacarse por sí misma y la mejor fuerza de la película es la relación que existe detrás del escenario de la política. Me siento cómodo con lo que logramos, aunque no pueda predecir lo que preguntaste”.

    -¿No cree que la película tenga un mensaje definido en la importancia de un simple voto para las elecciones presidenciales?-
    “Sí, pero el mensaje no fue intencional, porque sino sería un documental. Hay algo genial en el solo hecho de sentarte en una sala a oscuras, para ver una película: vas a encontrar siempre un dibujo diferente. Y creo que en mi propia carrera, si nos fijamos en los detalles, cada uno dibujó algo diferente de cada película. Los detalles, a lo mejor significan algo para uno y no significan exactamente lo mismo para otros. Y cuando la gente me lo resalta, te juro que es la mejor crítica del mundo que pueda recibir. Les digo: ‘¿Realmente te diste cuenta de eso?’, porque yo puedo acordarme de cualquiera de los días específicamente; me acuerdo de cada pelea o cada idea. Y cuando alguien me dice que le gustó algo, al día siguiente voy a trabajar con más empuje”.

    -En la película “Swing Vote” también aparece tocando con su propio grupo de música-
    “Sí, lo agregamos al guión. Era importante porque mi banda no iba a costar demasiado y tampoco iban a quejarse por el tamaño de los camerinos. Por eso era importante que estuviera mi propio grupo. Si hubieran sido otros, a lo mejor hubiéramos tenido todo tipo de dolores de cabeza. En el guión estaban los Nelson, que caían en la cárcel y el director, al saber que yo tocaba música, decidió que tocara mi banda, pero no fue mi decisión”.

    -¿Pero igual firmaron contrato con el grupo para grabar un CD?-
    “Sí”.

    -¿Y va a figurar en los ranking de ventas?-
    “No sé si vamos a figurar en los rankings, pero vamos a grabar un CD que sale el 11 de octubre. Pero igual, ya venimos tocando alrededor del país, incluso en Europa”.

    -¿Se siente una verdadera estrella de rock?-
    “Primero que todo, no utilizo ese título”.

    -Pero en cierta forma se está exponiendo a ganar ese título...-
    “Será lo que será, aunque pueden decir otra cosa. Este sábado, por ejemplo, tocamos en Ventura. Van a cerrar la calle principal y probablemente haya 10 mil personas. Vamos a tocar canciones originales y es divertido exponerme en ese sentido. No puedo decir que sea una estrella de rock. Somos músicos tocando nuestra propia música y a la gente parece gustarles cuando tocamos en vivo. Y tengo confianza en lo que somos. Los títulos que me pongan tienen que ver con otras personas, no conmigo. Nos pidieron que toquemos en Alemania y otras tres o cuatro ciudades en Europa. Italia y Turquía, también. Es interesante porque vamos con un trabajo con el que no están familiarizados, pero hemos podido mantener la atención del público durante dos horas con canciones originales y creo que eso te dice algo”.  

    -¿Podrá recuperar con la música algo de lo invertido en el cine? Mejor dicho: ¿Está seguro que va a recuperar los millones de dólares que invirtió en “Swing Vote”?-
    “Yo nunca... no trabajo por miedo. Para nada. ‘Swing Vote’ tiene un gran mercado internacional. Voy a recuperar el costo de todas formas. Cuando los estudios no quisieron filmarla, decidí rodarla por la mía. Y ahora veo que mucha gente hubiera deseado hacerla. Tampoco estoy ansioso por demostrárselos, sólo espero que tenga éxito porque no le tengo miedo. Tomé la determinación de pensar que la gente va al cine por alguna razón. En tu caso vas porque escribes del tema, pero si le quitas el afecto periodístico, los dos tenemos esa extraña relación con las películas, donde solías ir cuando eras chico. Es donde diste tu primer beso, es donde tus padres a lo mejor pensaron que podías ir solo... Tenemos una relación subliminal con el cine y yo todavía pienso inocentemente, en ese sentido”.

    -¿En qué sentido?-
    “A lo mejor pienses que es una tontería, pero yo mantengo ese extraño entusiasmo que tuve siempre por el cine, cuando la cortina se levantaba, aunque ya ni siquiera exista ese momento, me acuerdo que necesitaba estar sentado, pensando que algo grandioso iba a pasar y aunque a veces no sucedía, siempre existía esa mágica posibilidad. Y la magia está en la historia que se cuenta en ese momento. No tiene nada que ver con el fin de semana, el día del estreno, tiene que ver con el momento. Y si se hace la película correcta en la forma correcta, sea épica, comedia, horror, lo que sea, cuando terminas, vas a querer hacer lo que siempre haces al leer un buen libro o un buen tema musical y piensas: ‘Tengo que mostrárselo a mi hermano, quiero que mi madre lo vea’. El cine tiene ese toque extraño cuando nos llega, queremos compartirlo”.

    -¿Cree que la gente quiera compartir una película como “Swing Vote”? ¿Cómo se logra un clásico del cine como lo fueron “JFK”, “Los Intocables”, o “El Guardaespaldas”?
    “En todas las películas que hice, aunque no siempre terminó siendo así, al menos busqué llegar al público. Usualmente lo logras de una forma que nunca antes se vio, aunque las películas tengan fórmulas determinadas. Ésta también la tiene y no hay nada de malo en que un género tenga fórmulas. Nada. Todas las películas la tienen: ¿Dónde se enamoran? ¿Dónde se desenamoran? ¿Dónde vuelven a juntarse? Lo importante es hacer algo un poquito diferente alrededor de esas fórmulas para que la película tome vida propia. Ahí es cuando surge la oportunidad de un clásico. Pero si no lo logras, jamás lo será”.

    -¿Entonces piensa que “Swing Vote” realmente pueda llegar a ser un clásico del cine?-
    “Lo peor de hacer algo diferente en el momento de las fórmulas de cada película es que a veces la gente no entiende lo que hiciste y dicen: ‘Eso es demasiado duro’ o ‘Fuiste demasiado malo con ella’ o ‘No deberías haber insultado tanto’. Es lo que pasó con ‘Swing Vote’ y el personaje de ‘Budd’. Él habla con insultos y yo no los quise quitar para mejorar el rating; porque así es él. Si quieren prohibir la película para menores por algo así, que lo hagan. ¿Se entiende lo que digo? No quiero quitar algo por dejar de ofender un poquito. No quiero impresionar con mi moral, pero en esta película, el tipo de persona que vive en una casa rodante habla así y no me parece que sea tan malo. Quiero decir que sólo podemos tratar de hacer una película clásica tratando de proteger nuestras propias decisiones, nuestro propio ‘swing vote’”.

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