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Ahora batalla se debe al gas

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  • El País
  • 07-Noviembre-2009
Tags Relacionados: otan, gas, energia, prioridad
  • Coloca Polonia a la seguridad energética como su prioridad


    El despliegue de un gasoducto de mil 200 kilómetros que llegará directamente desde Rusia, a través de las frías aguas del mar Báltico, hasta Alemania ha agitado viejos temores en Polonia.

    “Hasta ahora nuestro seguro era que todo el gas que iba a Occidente pasaba por nuestro territorio o por otros países del este de Europa”, afirma Jacek Kucharczyk, director del Instituto de Asuntos Públicos en Varsovia. Con Nord Stream, que previsiblemente comenzará a construirse el próximo año, todo va a cambiar.

    Con el historial de Gazprom —el monopolio ruso del gas y principal impulsor del nuevo gasoducto, junto a Alemania— en la utilización de la energía como arma, los expertos afirman que no es de extrañar la inquietud que el proyecto genera en Polonia.

    “Nadie niega que Nord Stream es una mala noticia para nosotros”, añade Kucharczyk. “Preocupa sobre todo qué sucederá con Bielorrusia y Ucrania, que ya han tenido cortes de suministro; si Moscú deja a esos países sin gas por los motivos que sean, se creará una inestabilidad en la zona que no interesa ni a Polonia ni a nadie”.

    Problema latente

    La guerra del gas del invierno pasado, que enfrentó a Moscú y Kiev, y dejó sin calefacción a varios países europeos, dejó claro cómo un problema en la parte más oriental de Europa puede afectar a la Unión. La presión ejercida entonces por Occidente forzó un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania. Pero la cuestión es si la presión será la misma cuando Gazprom pueda cortar el gas de forma selectiva a las débiles repúblicas ex soviéticas.

    Los temores no son infundados. Desde la caída de la Unión Soviética, se han registrado al menos 55 cortes de suministro por motivos políticos, según un reciente informe del FOI, un instituto de investigación vinculado al Ministerio de Defensa de Suecia. “Para nosotros (el proyecto Nord Stream) no es una diversificación, porque el gas seguirá viniendo de Rusia. Nabucco (otro gasoducto promovido por la UE) es, en cambio, interesante. Hay que traer también gas y petróleo de Asia Central”, afirma Grazyna Bernatowicz, subsecretaria de Estado en el Ministerio de Exteriores polaco.

    “Ni Alemania ni Rusia han explicado claramente las razones del proyecto; buscan diversificar, dicen, pero el gas seguirá siendo de Gazprom y, además, construir un gasoducto bajo el mar es cuatro o cinco veces más caro que hacerlo bajo tierra, en territorio polaco, por ejemplo”, afirma Leszek Jesien, experto del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, para justificar las suspicacias.

    Para otros no hay motivo para la alarma. “Rusia es la primera interesada en vender su gas, porque es su principal fuente de ingresos”, puntualiza Adam Jasser, del instituto Demos Europa. El 30 por ciento del gas que consume Europa es ruso. En el caso de Polonia, que se abastece a través de dos gasoductos (uno pasa por Bielorrusia y el otro por Ucrania), el índice ronda el 60 por ciento, aunque hay que tener en cuenta que el 50 por ciento del consumo total de energía del país está cubierto por el carbón. “La percepción de Rusia como una amenaza está a la baja en Polonia y el país empieza a preocuparse por otras cosas, como el crecimiento económico”, añade Jasser.

    Es la prioridad

    La seguridad energética se ha convertido en una de las prioridades de la política exterior de Polonia que, según los expertos, se encuentra en su mejor posición estratégica de los últimos 300 años y se ha convertido en uno de los líderes regionales. Dos décadas después de la caída del comunismo, el país ha conseguido sus dos grandes objetivos: entrar en la OTAN (hace 10 años) y en la Unión Europea, en mayo de 2004.

    “Queremos ser un miembro activo de la Alianza y de la UE. Estamos entre los seis grandes países de la Unión, pero nuestro objetivo no es ser una potencia regional, porque comprendemos los intereses de países más pequeños y de países de nuestra región”, afirma la subsecretaria de Estado.

    Al Gobierno polaco no parece molestarle, al menos en público, el cambio de planes de la nueva Administración de Barack Obama con relación al sistema de defensa de misiles en Europa, y el acercamiento de Washington a Moscú. Polonia iba a albergar en su territorio una parte del llamado escudo antimisiles, un proyecto que rechazaba Rusia, pero Washington ha cambiado de planes y ha propuesto una nueva versión, que el Ejecutivo polaco está analizando ahora. La prensa polaca interpretó en su día este cambio como una traición a Varsovia.

    En realidad, el polémico escudo parece interesar cada vez menos a los ciudadanos de a pie. “Desde hace años, se aprecia una clara caída en la predisposición hacia los estadounidenses”, afirma Beata Wojna, también del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales. Según un reciente estudio de la Fundación German Marshall, un 62 por ciento de los polacos aprobaba la política internacional de Washington en 2002. Dos años después, la tasa bajaba hasta el 42 por ciento.

    Otro dato: en 2002, un 64 por ciento de los polacos deseaba un liderazgo fuerte de Estados Unidos; en 2008 el índice se había desplomado hasta el 35 por ciento. Mientras en 2003 Polonia mandó tropas a la guerra de Irak con la coalición liderada por Washington, hoy pocos creen que el Gobierno volvería a mandar soldados fuera del marco de la OTAN.

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