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Le pesa aún más enviar tropas extras a Afganistán
Barack Obama ha querido ver de cerca y enseñar a sus compatriotas el ángulo más cierto y cruel de una guerra: los féretros que regresan a casa envueltos en la bandera nacional.
Después de años de ocultamiento de esa realidad, el Mandatario ha querido así acentuar la trascendencia de la responsabilidad que tiene entre manos sobre el envío de más tropas al infierno de Afganistán.
Obama es el primer presidente de EU que en 18 años ha asistido a la entrega de restos de militares caídos en conflictos armados en el extranjero.
Estados Unidos vive desde hace varias semanas en medio de un debate que parece un mero asunto de contabilidad. ¿Cuántas fuerzas se necesitan para estabilizar Afganistán? ¿40 mil, como dice el jefe de la operación, el general Stanley McChrystal? ¿Más? ¿Menos? Se olvida a veces que detrás de cada uno de esos números hay un soldado, dispuesto a morir, pero preferentemente por una buena causa.
Todo eso ha sido puesto sobre la mesa cuando Obama acudió, a medianoche del miércoles, al acto de bienvenida en la base de Dover, en Delaware, de los 18 ataúdes con los últimos caídos en Afganistán. Y, de repente, de forma silenciosa pero perceptible, el debate ha tomado un giro sorprendente, se ha humanizado y se ha hecho más fácil que, si así lo quiere, el Presidente le niegue a los militares el significativo refuerzo que solicitan.
Lo que viene
Todavía no hay oficialmente una decisión. Obama volverá a reunirse hoy viernes con sus principales asesores de seguridad dentro de la serie de conferencias monográficas sobre Afganistán que viene manteniendo desde hace semanas. La versión oficial sigue siendo la de que el Presidente anunciará una nueva estrategia cuando la tenga, sin plazo predeterminado.
Pero poco a poco van surgiendo indicios de lo que puede ocurrir. Funcionarios de la Administración han anticipado que las fuerzas norteamericanas se concentrarán a partir de ahora en tratar de dar seguridad a las ciudades afganas, donde reside la mayor parte de la población.
Eso podría elevar el apoyo a la presencia de tropas extranjeras por parte de los afganos, pero también sería el reconocimiento implícito de que EU no se plantea ya controlar el país o derrotar a los talibanes.
Desde la óptica de Washington, en estos momentos en Afganistán los talibanes se multiplican con el apoyo de la población mientras los responsables políticos que debían unificar el país son reos de la corrupción y las ambiciones personales. No es sólo el problema del fraude en las últimas elecciones presidenciales. Es que EU ha dejado de confiar en el presidente Hamid Karzai, incluso aunque gane limpiamente la segunda vuelta.
Con estas perspectivas, el dolor de los cuerpos recibidos en casa se hace más insoportable y las dudas sobre continuar con esa guerra se agigantan cada día. Por eso la imagen de hoy de Obama en todos los programas de televisión, firme en la oscuridad, con la mano en la frente en forma de saludo militar, cobra un significado mucho mayor al del mero rito castrense.
cm