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Ciudad de México.- La muerte ronda por México todos los días, y nunca lo hace de manera tan festiva y burlona como en el Día de Muertos, cuando los Panteones se llenan de sabor a fiesta y los mexicanos se ríen de la muerte con versos jocosos.
Familias enteras acuden a los camposantos a limpiar las tumbas de sus muertos y a festejarlos con comida, tequila y música, mientras que los diarios y las radios dedican "calaveras" (versos sobre la muerte) a personajes de la política, el deporte o las artes.
La Muerte tiene muchos nombres para evocarla de manera cariñosa, quitándole su connotación temible y oscura: le dicen "La Parca", "La Huesuda", "La Flaquita", y la representan con elegantes sombreros y una sonrisa entre pícara y sarcástica.
La palabra "calavera" tiene muchos significados. No es sólo el cráneo despojado de carne, como esos que causan horror cuando aparecen semienterrados en tierras de los cárteles de las drogas.
"Calaveras" son también la composición burlona sobre la muerte, una golosina de azúcar que se coloca en los coloridos altares de muertos o los dulces que reciben de regalo los niños para estas fechas.
"Como pasa año tras año, mucha gente queda fría porque así es, letal, el daño de la Parca en este día. Los distintos personajes, los que muy seguido vemos, emprendieron esos viajes que nosotros no queremos. Hay políticos y artistas que murieron sin razón (y hasta varios deportistas juegan hoy en el panteón)", dice una de las muchas "calaveras" que aparecen hoy en la prensa mexicana.
Un verso dedicado al secretario (ministro) de Hacienda, Agustín Carstens, ironiza con el alza de impuestos que acaba de aprobar el Congreso:
"Al comer sufrió Agustín congestión que fue tremenda, y después del triste fin lo enterraron en su hacienda. ?l tomó esa decisión tras los hechos tan funestos, cuando vio que en el panteón le subieron los impuestos".
La tradición de celebrar el Día de Muertos, entre el 1 y el 2 de noviembre, tiene raíces prehispánicas y es una de las festividades más entrañables de México, un país donde tan sólo este año más de 5.500 personas han sido asesinadas en hechos asociados con el crimen organizado.
Los vivos iluminan con velas el retorno de las almas a la Tierra. El 1 de noviembre regresan los muertos chiquitos (niños) y el 2 de noviembre, el día principal de la celebración, se recibe la visita de las ánimas de los adultos que, después del convivio, se van por donde vinieron.
En 2003 el Día de Muertos mexicano fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Flores anaranjadas de cempasúchil y flores moradas de "terciopelo" (celosia cristata) adornan las tumbas y las altares en las casas.
"Traemos nuestro pan, nuestra leche para desayunar acá", dijo hoy una mujer que llegó temprano al Panteón de Dolores en Ciudad de México. Tomasa Torres, una empleada de 39 años, dijo a dpa que cada 2 de noviembre visita a su hermano difunto y a su hija bebé, fallecida a los siete días de nacida.
El escritor mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, dedicó a la celebración del Día de Muertos uno de los capítulos de su gran ensayo sobre los mexicanos titulado "El laberinto de la soledad".
"Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja", escribió.
"Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque `la vida nos ha curado de espantos".
avv