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  • Javier Mariscal
  • 02-Septiembre-2009
  • Era viernes 23 de noviembre de 2007. Felipe Calderón recorría una fábrica japonesa de autos en Jalisco acompañado por el gobernador Emilio González y su entonces secretario de Economía, Eduardo Sojo, cuando vino el discurso que acabaría con la credibilidad de muchos mexicanos en la capacidad del Gobierno Federal para entender las cuestiones de la economía.

    • Era viernes 23 de noviembre de 2007. Felipe Calderón recorría una fábrica japonesa de autos en Jalisco acompañado por el gobernador Emilio González y su entonces secretario de Economía, Eduardo Sojo, cuando vino el discurso que acabaría con la credibilidad de muchos mexicanos en la capacidad del Gobierno Federal para entender las cuestiones de la economía.

    Con todo y la asesoría del deslumbrante ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, ahora Secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens, Calderón diría: “La economía del país es tan sólida que a pesar de que Estados Unidos tenga ‘una falla mecánica’, en México no habrá crisis pase lo que pase (...) ni ahora, ni a mediano plazo”.

    ¿Pase lo que pase? Mmm... Lo peor era escuchar la convicción con que lo decía y los elementos sobre los que cimentaba su aseveración: se habían logrado “impensables” reformas al régimen de pensiones y, mientras las exportaciones a EU habían crecido sólo 6%, las dirigidas a Europa aumentaron 25% y a Asia o a Medio Oriente 45%.

    En primer lugar, en términos de la estabilidad financiera nacional, arreglar lo de las pensiones era una mínima parte entre miles de pendientes para darle solidez a las finanzas públicas, y en segundo, porque el de México-EU representa más del 80% de todo el intercambio comercial de nuestro país con todo el mundo, así que ese “mínimo” incremento de 6% registrado con EU era prácticamente equivalente a la suma del 25% y 45% registrados con otras regiones.

    Claro que eso es algo que en este momento ya lo saben el Presidente, el Gabinete y su pléyade de asesores, pero no sin haber reiterarado su falta de competencia y de dominio del tema, pues el propio Carsten “se lució” con su dircurso del “catarrito” y Calderón comentó después que hasta le daría “gusto ver que la crisis llegue”, pues México estaba blindado.

    Ante ello, sería de esperarse que en su tercer recuento del estado de la Nación la “autoestima” presidencial muestre mesura y exponga la realidad, por cruda que ésta sea; si no, ni cómo ayudarles.

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