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Consideran analistas que la crisis en EU no será como la depresión del 29

Londres, Inglaterra.- Es posible, sólo posible, que el mundo financiero no esté por colapsar. Tal es el nivel de desastre en la última fase de la crisis financiera, que uno podría pensar que pronto ahorraremos alimentos y pasaremos a una economía de trueque.

Por: LA JORNADA
26-Marzo-2008 (11:23 a.m.)
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Recientemente, algunas apreciaciones y comentarios financieros han invocado un colapso del sistema semejante a la crisis bursátil de 1929 y a la Gran Depresión posterior.

Un poco de contexto. Los historiadores estadunidenses estiman que en los primeros 10 meses de 1930 unos 744 bancos de Estados Unidos se derrumbaron y que la cifra se amplió a 9 mil a fines de la década del treinta. Los ahorristas perdieron el equivalente, en dinero actual, a 140 mil millones de dólares en depósitos hacia 1933.

El desempleo creció a 25 por ciento desde 4 por ciento en 1929, y los precios e ingresos cayeron entre 20 y 50 por ciento en el mismo periodo. El debate se ha vuelto “histérico”, en palabras del portavoz del gobierno alemán Thomas Steg.

No hay duda que la crisis es seria. Pero existe la posibilidad de que no sea como 1929, incluso pese a que la Reserva Federal haya adoptado tácticas de la era de la depresión para tratarla.

“Para justificar que se repita lo de la semana pasada, habría que empezar a creer que esto volverá a ser como 1929”, afirmó Jim O’Neill, economista global en jefe de Goldman Sachs. “Con los rápidos movimientos de la Fed, esto es improbable”, añadió.

Pero mientras los inversionistas ya se preparan para el peor escenario, puede ser que el péndulo oscile ampliamente.

La semana pasada, un sondeo de Merrill Lynch indicó que la mayoría de los 193 administradores de fondos tenían efectivo por encima del promedio del mercado en marzo, lo que sugiere una cautela extrema.

Entonces no es casualidad que los rendimientos de letras del Tesoro estén en su mínimo desde la década del cincuenta, a menos de uno por ciento, o que el oro haya alcanzado mil dólares la onza antes de un giro violento la semana pasada, que sería un signo de cambio en sí mismo.

“La gente va en un solo sentido, tienen el efectivo y creen que los mercados están baratos”, comentó David Bowers de Merrill. “Sólo necesitan un catalizador que les diga cuándo es seguro volver a los mercados”, expresó. Cualquier catalizador necesitará evidencias de que el problema no empeora.

A la espera de un cortocircuito

La crisis crediticia, originada en el desplome del mercado inmobiliario, ahora está ligada a la solvencia y la liquidez de los bancos. Es un problema de falta de confianza. La visibilidad es casi nula debido a que los mercados logran preciar adecuadamente los activos y títulos hipotecarios.

La claridad parece que sólo llega cuando los bancos tienen que reportar los valores en sus libros contables al final de cada trimestre. Y en esa ambigüedad de precios, intentan juntar dinero para cumplir con requisitos de capital. Esto sucede pese a que muchos de sus activos no han perdido todo su valor, por lo que todavía generarán algún rédito.

Esta desesperación por capitales deja expuestos a los más débiles al final de cada trimestre, y llevó al británico Northern Rock y al estadunidense Bear Stearns a acudir a fondos de emergencia de sus bancos centrales.

Entonces, ¿cuál sería el cortocircuito?

Algo importante ocurrió este mes, pero fue opacado por el pánico que rodeó al rescate de Bear Stearns. La agencia calificadora Standard & Poors dijo que ya se ve el final de la racha de amortizaciones de valores relacionados a hipotecas de alto riesgo, que es lo que desató la crisis.

S&P puso énfasis en que algunas amortizaciones por hipotecas de alto riesgo eran mayores a cualquier estimación razonable. Esto fortaleció la teoría de que cuando el mercado hipotecario vuelva a la normalidad, los bancos estarían en capacidad de añadir “revalorizaciones” en sus resultados. No hay fórmulas mágicas. Pero cuando un cambio llega, ocurre rápido.

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