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El "Último Emperador" lleva a Valentino Garavani a la Mostra

La hipótesis del documental no es tanto que su genio sea irrepetible y único, sino que con su ausencia desaparece para siempre la concepción artesana de la moda

Por: EFE
28-Agosto-2008 (10:51 a.m.)
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Venecia, Italia.- El Último Emperador es como define al diseñador italiano Valentino el documental con el que el periodista Matt Tyrnauer le ha rendido pleitesía y, de paso, le ha dado la excusa perfecta para convertirse, aun en su condición de jubilado, en protagonista de la jornada de la Mostra de Venecia.

El rojo fue siempre su color y el de las alfombras le atrae como si lo hubiera diseñado él mismo. La moda se abrió paso hoy en el Festival para descabalgar al cine del podio y centrar los flashes en la diminuta figura de ese genio bronceado y excesivo que presentó su última colección el 23 de enero pasado.

Y aunque en el filme desafía diciendo "después de mí, el diluvio" , en la rueda de prensa Valentino Garavani espetó en tono épico: "La moda no morirá jamás, es como una vieja canción que permanece para siempre".

"Miro con atención cómo sigue Valentino tras mi jubilación y deseo que vaya bien. Al fin y al cabo, la empresa sigue llevando mi nombre", explicó respecto a la nueva línea que ha dado su nueva diseñadora, Alessandra Facchinetti.

La hipótesis del documental no es tanto que su genio sea irrepetible y único, sino que con su ausencia desaparece para siempre la concepción artesana de la moda, la que se basa en un taller destartalado dominado por empecinadas "mammas" italianas que cuidan con mimo cada costura. Por eso, principalmente, Valentino se erige como ese "último emperador".

Pero entre la meditada inaccesibilidad del diseñador, emerge como verdadero protagonista del documental su infatigable compañero desde que, en 1960, se abriera la firma: su asesor, ayudante y siempre obviado amante Giancarlo Giammetti, quien deslumbra por la pureza de su fidelidad, respeto, aceptación y admiración al mito.

"Yo me encargo de todo aquello que interesa menos a Valentino", indicó ante los medios, mientras en la película le preguntan: "¿Cómo es vivir a la sombra de alguien tan importante?" y él responde: "Simplemente felicidad", con la modestia que le hace, paradójicamente, robar el protagonismo a Valentino.

Nati Abascal, Gwyneth Paltrow, Michael Caine y Joan Collins son, junto con sus inseparables perros Milton, Monty, Maude, Margot, Maggie y Molly, algunas de las personalidades que aparecen en el filme en diferentes momentos, como en la extravagante celebración de sus 45 años profesionales en el Foro de Roma, con el Coliseo como telón de fondo.

Pero también se recuerda a Audrey Hepburn, a Jackie Kennedy y a Lady Di, las que confirmaron década tras década que la apuesta de Valentino por lo clásico jamás perdía vigencia.

Él, en cambio, en la difícil tarea de destacar sólo un vestido, aunque dudó, apuntó hacia Julia Roberts y el diseño negro cruzado por una línea blanca con el que recogió el Oscar en 2001 por Erin Brockovich.

"A lo largo de estos años, he aprendido que la belleza va más allá de lo físico. Está en la actitud, está en el movimiento, y he aprendido a vestir a gente que no era especialmente hermosa, pero que sabían crear belleza", reflexionó.

Sin embargo, ese factor tan intangible no es el que le ha convertido en una figura clave de la moda: "El único secreto ha sido empezar desde abajo, poco a poco. Sólo la experiencia te puede llevar a lo más alto".

Las 250 horas de metraje reducidas a noventa minutos de duración también revelan la complejidad de las pompas sobre las que se sostiene un mundo descalificado por su supuesta frivolidad.

Valentino se defiende: "Es un mundo de un interés increíble. Es sueño, es belleza y en todos mis años de carrera, entre la gente sentada alrededor de la pasarela, se encontraba gente interesantísima", argumentó.

En términos cinematográficos, a Matt Tyrnauer le puede más la vertiente periodística -es colaborador de Vanity Fair- y, aunque pretende captar la cara y la cruz del genio, no consigue ocultar su fascinación por su objeto de estudio, del que sólo muestra los defectos cuando engrandecen al personaje.

Pero a pesar de lo poco innovador del continente, el contenido se basta y se sobra para convertir Valentino: The Last Emperor en un disfrute para tanto para el neófito como para el erudito de la moda, ya que resulta difícil no sucumbir al embrujo del divo, de su personalidad y de su arte.

Y así, al final, como uno de sus mejores trajes, Valentino: The Last Emperor se ciñe perfectamente a la leyenda. "Estoy harto del rojo. Mis vestidos de ese color han sido los más simples y estúpidos de mi carrera", clama ante su troupe el diseñador.


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