Arturo Ripstein: Largo trayecto
Huelva.- Experto en festivales, Arturo Ripstein se mueve como pez en el agua en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, el cual lo eligió para ser parte del grupo selecto de jurados que otorgarán el máximo galardón de este encuentro cinematográfico: el “Colón de Oro”.
Por: Humberto Vázquez Galindo / Enviado23-Noviembre-2007

Experto en festivales, Arturo Ripstein
No es casualidad que Ripstein sea uno de los jurados más solicitados por la prensa internacional que lo acosa en los pasillos de la Casa Colón, la sede oficial, lugar en donde su enorme jardín se ha convertido en el set favorito de múltiples programas de televisión, que transmiten en vivo lo que ocurre en uno de los festivales más prestigiados de España.
Los cines y espacios donde hay proyecciones registran largas filas, las películas están a la orden del día y el jurado oficial, desde las primeras butacas, tiene en sus manos la enorme responsabilidad de decidir quién es el que se regresa a casa con la imagen del descubridor de América entre sus manos.
México, en esos menesteres, tiene ya un largo trayecto recorrido. No es casualidad que sus filmes, ya sean cortometrajes, documentales o largometrajes, sean nombrados, premiados y seleccionados por festivales de la talla de Cannes, San Sebastián, Sundance, Berlín o incluso el propio festival de cine de Huelva, que el año pasado otorgó su máxima presea a la cinta “El Violín”, del mexicano Francisco Vargas Quevedo, que aunque en México no encontraba distribuidor que la llevara a las pantallas de cine, en el mundo entero conquistó las miradas de quienes presenciaron no una película, sino un eco poético, una declaración de amor, fraternidad y talento.
Ripstein, quien ahora se levanta de la silla de director y se sienta en la mesa de quienes realizan la disección para escoger la mejor propuesta creativa del cine que se hace en Iberoamérica, también sufrió de los mismos males, pues los numerosos reconocimientos en festivales que lo colocan como uno de los directores más valorados en el extranjero, no le han valido para que su obra alcance grandes niveles de audiencia en México.
El buen cine mexicano, el llamado cine de autor, el que está muy lejos de fórmulas, el que se hace con el alma y las entrañas, el que critica, sugiere, provoca, divierte e invita a la reflexión, parece estar confinado sólo a los festivales que tratan con el respeto que se merece a un arte que no hace concesiones.
Pero el cine de Ripstein, deudor del surrealismo de Buñuel y con una estética oscura, sórdida, provocativa y enigmática, esta vez llegó al festival sólo para ser exhibida y dejar paso a la nueva generación de creadores mexicanos, quienes –asegura–, llevarán la estafeta del cine mexicano por el mundo.

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