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Las ocho de oro de Phelps

El impresionante récord del estadunidense y el irrumpimiento del irreverente Bolt en la pista, serán recuerdos mágicos de unos Olímpicos inolvidables

Por: Arturo Xicotencatl
25-Agosto-2008
Tags relacionados: phelps, medallas, oro
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PEKÍN.- ector, quien quiera que seas, siéntete feliz, alegre, dichoso, porque coincides en tiempo y espacio en la ubicuidad de los medios de comunicación con los dos hombres más ilustres del deporte universal, Michael Phelps, de EU, el más rápido en el agua, y Usain Bolt, el más veloz de la tierra. Ambos representan la síntesis de una noble y elevada tradición iniciada hace más de dos mil 700 años por aquel pueblo griego que asombró al mundo en el siglo V al proyectarse con el estadista Pericles a las más altas cumbres del pensamiento humano.

Las hazañas de Phelps y Bolt en las joyas arquitectónicas El Cubo de Agua y El Nido de Pájaro, este último el estadio más hermoso del planeta en el que se desarrollaron las competencias de atletismo, nido de ave al que añadiríamos: de Rock, aquel gigantesco pájaro de la mitología asiática en el que viajó Simbad el marino sujeto a una de sus patas, descomunal y caótico armazón de concreto y acero, semejantes a tiras de paja en su armonioso diseño, pasarán de generación como aquella victoria de Corebos en el 776 a.C. y que la humanidad conserva en la memoria, con admiración y con respeto.

Ambos, con su explosión muscular en el agua y en la pista, derrumbaron dos grandes mitos: el de Mark Spitz y el de Michael Johnson. Paralelamente como reacción en cadena dieron nacimiento a otro mito de una dimensión superior que en este momento, cuando están frescas sus estelas en el firmamento olímpico, dan la impresión de ser inalcanzables, sobre todo el de Phelps, que con sus brazadas doradas conquistó ocho galardones y la cifra de 14 en dos Juegos Olímpicos y el racimo de siete récords mundiales en los que aleó su capacidad resistencial con la técnica de los cuatro estilos y los adelantos tecnológicos y científicos en los métodos de acondicionamiento físico.

Originario de Baltimore, este fenómeno acuático brilló en una epoca de alta densidad competitiva y especialización en un deporte revolucionario como la natación. En el Cubo de Agua la audacia, la inteligencia y el músculo derribaron 25 récords mundiales (14 varoniles y 11 femeniles) en un año en el que con el empleo de un nuevo traje de baño repelente al agua y de gran ligereza se habían roto otros 29 durante la explosiva temporada.

El estallido de esta onda como inmenso y espectacular tsunami le dieron al deporte acuático un toque fantástico que ha atrapado la atención del mundo como fanal de luz a miriadas de coleópteros nocturnos. El ingente esfuerzo de Phelps con sus resonantes victorias y sensacionales duelos contra especialistas han transformado a la natación en un deporte de horizontes ilimitados.

De hecho no hay punto de comparación de Phelps con el Spitz de 1972 son dos nataciones diferentes; aquella con la influencia balbuceante iniciada la década de los 50 y esta, moderna con el respaldo científico e investigaciones de recuperación corporal y de alta densidad competitiva. Phelps se zambulló 17 ocasiones y sostuvo cerradas luchas en demostración de dominio sobre tres estilos: mariposa, crawl y dorso, y una base resistencial y técnica que le permitieron dominar el combinado.
Entró en zonas de riesgo de ser derrotado, algunas circunstanciales como cuando se coló agua a sus googles y nadó prácticamente por instrumentos los 200 metros de mariposa, como en el hectómetro de mariposa cuando vencio al serbio Milorad Cavic apenas por la mínima partícula de tiempo oficial: una centésima de segundo.

A veces entran en juego cierto elementos que impiden la victoria del vanguardista como cuando el movimiento de la última brazada no coincide con la pared de meta. Entonces el nadador que va al frente con ligera ventaja extiende sus brazos y su cuerpo se desliza en el agua con la inercia.

Es un instante de máxima vulnerabilidad (la velocidad se reduce por la resistencia del agua) si, en oposición, el nadador en desventaja lanza sus brazos por arriba, y con menor resistencia del aire, con mayor rapidez. Las brazadas giran en dramatica imagen agonal. El hectómetro de delfín fue bajo estas condiciones.

Algo fortuita fue la victoria de Phelps, pues él era el hombre que estaba atrás. Aquello fue como si una divinidad griega interviniese y lo salvase de una derrota que parecia inminente.

Los principales adversarios de Phelps fueron el húngaro Laszlo Ceh y Ryan Lochte en los 400 metros combinado individual, el coreano Park Taehwan en los 200  libres, el serbio Cavic en los 100 de mariposa. El único que lo superó sin consecuencias fue Eamon Sullivan en la primera posta del relevo 4x100 cuando el australiano rompió la plusmarca mundial y Phelps quedó a una centésima de segundo del récord del francés Alain Bernard. No encanecerá la imagen de la frenética persecusión de Jason Lezak sobre el galo Bernard cuando la cuarteta de EU y Phelps logró dramáticamente el oro en el relevo 4x100 libres.

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