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El novato jugador de San Antonio se ha convertido en una película de terror para los equipos rivales gracias a su potencia bajo el tablero
SAN ANTONIO.- El proyecto Blair. No hablamos de bosques, ni de brujas, ni de terror en 16 mm. De todos modos, el miedo es parecido: como en el cine, todo tiene que ver con la capacidad de sugestión.
En otras palabras, no hace falta mostrar absolutamente todo para decir mucho. Cuando el temor domina la escena, solemos hablar de parálisis. Sólo unos pocos valientes toman determinaciones certeras, audaces e inteligentes en situaciones límite.
El Draft es una situación de este tipo. Siempre. Los directivos seleccionan en el combo de jugadores disponibles y en ese momento nadie sabe si, por citar un ejemplo célebre, el pick será Michael Jordan o Sam Bowie.
DeJuan Blair, el proyecto, era el miedo hecho jugador en el mes de junio. No por él, que siempre exhibió una confianza notable en su juego, sino por los observadores de turno que tenían ojos sólo para sus rodillas.
“Si está sano, y le prueba a la gente que está equivocada, tenemos un robo de aquellos en Blair”, dijo Gregg Popovich. “No había nadie más en el mercado que nos pueda ayudar a ganar un campeonato”, completó el coach.
Los Spurs, como siempre sucede con R.C. Buford y compañía en estas instancias, se burlaron de la capacidad sugestiva del ambiente NBA y apostaron unas fichas en “La Bestia”, como le dicen en la intimidad del róster texano. Una examinación previa al Draft indicó que el jugador no padecía problemas de ligamentos en ninguna de sus dos rodillas.
Las operaciones de Blair no son ninguna novedad. El jugador, todo un ícono local en Pittsburgh, se sometió a dos intervenciones tempraneras —incluyendo las posteriores operaciones de reconstrucción—, cuando era
un jovencito que brillaba en High School.
A partir de allí, el inmenso ala-pivote brilló sin cesar, pero sus lesiones lo mantuvieron siempre en el ojo de la tormenta. Quizás estas intervenciones, que lo limitaron
físicamente en su momento, le dieron la fortaleza mental necesaria para demostrarle a todos que estaban remando contra la corriente. Aunque, claro, pese a ser considerado en los círculos previos como un Top-20, no pudo evitar ser seleccionado con el pick 37, producto del miedo circundante que se vivía en Chicago en torno a su salud.
Lo curioso de este asunto, es que luego de las operaciones a las que fue sometido, Blair no volvió a tener inconvenientes. Jugó tres años (uno en Schenley High School, donde consiguió el título estatal) y dos en la Universidad de Pittsburgh, donde se hizo conocido a nivel nacional. Incluso, rechazó una oferta más tentadora de Tennessee en el camino.
La historia de Blair es de crecimiento constante ante la adversidad. Es de ese tipo de personas que gana confianza con hechos, que necesita demostrar en la cancha que tiene lo necesario para poder desempeñarse sin límites.
Nunca fue un interno de estatura, lo que le costó críticas tempraneras antes de verlo en acción. Quizás, los que hablaron antes de tiempo, no contemplaron nunca el enorme físico más allá de los centímetros.
En su temporada como novato en la NCAA, promedió 11.6 puntos y 9.1 rebotes por encuentro, números asombrosos para un debutante. En su segundo año, ganó más tiempo en cancha y llevó sus estadísticas a 15.7 puntos y 12.3 tablas por aparición. Además, se fortaleció tanto desde lo físico que sus rodillas dejaron de molestarle.
Tiene un comienzo interesante en la NBA
Cuando DeJuan llegó a la liga de la mano de los Spurs, todos gritaron al unísono: ¡Qué inteligente es San Antonio! Como siempre sucede, con el hecho consumado, todos felicitan.
Pero, ¿por qué lo dejaron pasar las franquicias que vinieron antes? Miedo y sugestión. Las dos únicas palabras que caben para definir una situación semejante.
Si bien Blair bajó un poco sus números en los últimos dos partidos con San Antonio, el debut ante los Hornets —sumado a su pretemporada en la franquicia— fue un lujo para un novato interno, que tiene que compartir terreno nada más ni nada menos que con Tim Duncan, y competir el puesto con veteranos como Antonio McDyess y Theo Ratliff.
Ante Nueva Orleáns anotó 14 puntos, bajó 11 rebotes, dio tres asistencias, perdió sólo dos pelotas y tuvo 7-10 en tiros de campo.
Los críticos, por supuesto, siguieron machacando. Repitieron, como piedra angular de la cuestión, que Blair no tenía la altura suficiente para jugar cerca del aro en la NBA. Él sólo atinó a contestar: “Lo mismo me pasó durante toda la vida. No me puedo preocupar por ese tipo de cosas”.
Respuesta lógica de alguien que tuvo que ganarse el respeto desde que era un niño en las calles de Pittsburgh.
Antonio McDyess, en tanto, habló maravillas de él. Dijo que Blair “Juega demasiado fuerte, como un veterano con mucho tiempo de acción”.
Y Popovich, voz de mando de los Spurs, tampoco estuvo fuera de los elogios: “Será un buen jugador en la NBA. Y por fortuna, lo será demasiado pronto”.
Algunos lo comparan con Malik Rose, otros con una versión posmoderna de Anthony Mason y el resto lo ve como un Paul Millsap más potente. Lo cierto es que Blair está empezando a tener marca propia. Es fuerte, tiene buena mano para el aro de corta distancia, no entra en problemas de faltas —algo raro para un jugador de su edad— y es un ganador por naturaleza. Un traje hecho a la medida de los Spurs para luchar en la Conferencia Oeste.
sc