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Reprimen protesta de tibetanos en Nepal

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  • Universal
  • 31-Marzo-2008
  • Katmandú.— Unos 200 exiliados y monjes tibetanos trataron de irrumpir en la oficina de visas de la embajada china en la capital nepalesa, pero la policía se los impidió y los enfrentó a garrotazos, informaron las autoridades en un comunicado.


    Al menos 130 manifestantes fueron detenidos. El enfrentamiento dejó lesionados, tanto policías como manifestantes.

    La protesta del domingo es la más reciente de monjes y refugiados tibetanos en Katmandú contra las medidas de las autoridades chinas, que han reprimido recientemente a manifestantes en el Tíbet. Nepal ha señalado que no permitirá las protestas contra ninguna “nación amiga”, incluida China.

    En tanto, la prensa oficial de China acusó ayer al Dalai Lama de cerrar las puertas a toda negociación sobre el futuro del Tíbet, en aparente respuesta a los pedidos a nivel internacional para que Beijing negocie con el exiliado líder budista.

    En un largo artículo, la agencia noticiosa Xinhua citó pasadas acciones y declaraciones atribuidas al premio Nobel de la Paz, de 72 años de edad, que, dijo, socavan o contradicen sus pedidos de negociaciones. “Fue la pandilla del Dalai Lama la que cerró la puerta al diálogo”, dijo Xinhua, usando el término despectivo con el que siempre alude al gobierno de Tíbet en el exilio.

    El comunicado fue difundido un día antes de la llegada a Beijing de la antorcha olímpica, que se ha convertido en un imán para activistas tibetanos y otros grupos que intentan usar las Olimpiadas de agosto para denunciar la situación en Tíbet.

    Beijing ha enviado contingentes militares para controlar Tíbet y otras zonas de China en que viven tibetanos.

    El levantamiento tibetano en contra de China se inició con jornadas de manifestaciones pacíficas lideradas por los monjes budistas en Lhasa, y el 14 de marzo se transformó en un enfrentamiento a nivel nacional.

    De acuerdo con el gobierno chino, 18 personas han muerto como consecuencia de los disturbios y la violencia incitada por el Dalai Lama, el dirigente espiritual que huyó del Tíbet en 1959 luego de un fracasado levantamiento contra el régimen comunista de china.

    Representantes del Dalai Lama afirman que la violencia causó unas 140 muertes, principalmente de tibetanos a manos de las fuerzas de seguridad chinas.

    El líder espiritual niega haber incitado a la violencia.

    El primer ministro chino, Wen Jiabao, reiteró el domingo en Laos la afirmación del gobierno de que los disturbios de Lhasa fueron “violentos y criminales”, y pidió el retorno a la estabilidad. “El gobierno chino tiene la capacidad de resolver este asunto”, dijo Wen a los periodistas. Las protestas se extendieron a áreas tibetanas de China.

    La policía detuvo a 26 sospechosos e incautó armas, explosivos, cuchillos, al igual que banderas y carteles clamando por la independencia del Tíbet en el monasterio Kirti de la provincia de Sichuan, dijo la agencia estatal de noticias Xinhua.

    El Centro del Tíbet por los Derechos Humanos y la Democracia, con sede en India, dijo, sin embargo, que más de 100 monjes del monasterio fueron detenidos y que la policía allanó los dormitorios, pero no se mencionaron armas.

    El presidente estadounidense, George W. Bush, instó a China a mantener la compostura en su respuesta a las protestas y a reunirse con representantes del líder religioso exiliado.

    Una reunión de cancilleres de la Unión Europea también pidió el sábado por el fin de la violencia en el Tíbet y exhortó al diálogo en la región.

    Pero en un comunicado conjunto, el bloque evitó referirse a los Juegos Olímpicos, tras una semana de diferencias públicas sobre si se hace un boicot a la ceremonia de apertura.

    La ciudad brasileña de Río de Janeiro se sumó ayer a las manifestaciones de apoyo al Tíbet y de condena al menoscabo de los derechos humanos en China, con un acto de protesta que congregó a varias decenas de personas en la playa de Leblón. Los manifestantes extendieron en la calzada de esta playa, que es continuación de la de Ipanema, una pancarta de unos quince metros de extensión en la que se podía leer “El Tíbet puede ser salvado”.

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