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Al menos 100 personas murieron ayer al explotar un coche bomba en un mercado de Peshawar, la capital del noroeste de Pakistán, según fuentes hospitalarias citadas por los medios locales. Cerca de dos centenares más resultaron heridas.
El brutal atentado, el más grave que sacude al país en los dos últimos años, se produjo pocas horas después de la llegada a Islamabad de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien declaró que “Pakistán no está solo en su lucha contra los extremistas”.
Pero tanto el ataque de Peshawar como otro ocurrido antes en Kabul, la capital del vecino Afganistán, ponen de relieve la gravedad del desafío de los talibanes en ambos países a la política de EU en la zona.
Con sadismo
Peshawar quedó conmocionada. El atentado resultó monstruoso incluso para los estándares de este país azotado por la violencia, que este mes ha sufrido ya nueve ataques con casi 300 muertos.
Los terroristas hicieron estallar el coche bomba en el Bazar Mina poco antes de las 14:00 horas locales, cuando muchas mujeres acuden a hacer compras tras haber recogido a sus hijos del colegio. Además, la abigarrada estructura de ese popular mercado del casco antiguo garantizaba que sus 150 kilogramos de explosivos hicieran el máximo daño posible.
“Hubo un ruido ensordecedor y me quedé ciego durante algunos minutos”, dijo Mohamad Usman, que resultó herido en un hombro. “Oí que mujeres y niños lloraban y empecé a ayudar a otros. En el aire había olor a carne humana”.
Como es habitual, nadie se ha responsabilizado del ataque. Las autoridades paquistaníes han acusado a los talibanes, quienes habían prometido vengarse por la operación militar que el Ejército lleva a cabo en Waziristán del Sur desde el sábado 17. A última hora de la tarde, los equipos de rescate seguían buscando víctimas entre los escombros.
“Nos enfrentamos a esto a diario, pero ni nuestro empeño ni nuestra determinación van a tambalearse”, aseguró el ministro paquistaní de Exteriores, Shah Mehmood Qureshi, durante una conferencia de prensa con Clinton. “No cederemos. Vamos a combatirlos porque queremos estabilidad y paz en Pakistán”, añadió dirigiéndose a los terroristas.
Para tratar de demostrar que también comprende las preocupaciones de los paquistaníes, Clinton anunció un programa de 125 millones de dólares para mejorar el suministro eléctrico.
Además, la visita de Clinton fue precedida de un intenso debate político sobre el proyecto de ley estadounidense de ayuda a Pakistán, de mil 500 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años.
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