"Una despedida que no lo es", el último escrito de Andrés Henestrosa
Cd. de México.- El sábado 30 del pasado mes de noviembre cumplí noventa y seis años. Y pido, como lo hizo Nikos Kazantzakis, que los dioses me den, no los seis años que él quería, sino cuatro: para poner punto final a algunos trabajos que tengo aún pendientes, sobre todo mi autobiografía:
Por: Universal11-Enero-2008 (05:39 p.m.)

Años, engaños y desengaños cuya primera versión está puesta al sol para orearse. Pienso que la hora es propicia para hacerlo: mis años, los achaques que acarrea la vejez, si bien conservo mi cabeza en su lugar: firme y bien puesta; íntegra mi imaginación y mi fantasía.
Tengo en el pueblecito de Tlacochahuaya un refugio, lugar propicio para oírme a mí mismo; para la reconstrucción de los recuerdos de mi natal Ixhuatán: ahora, con los años, tengo ardientes deseos de volver a mi tierra, Ixhuatán, a reintegrarle la arcilla que dio prestada para que yo fuera hecho.
Lo dice el refrán: “Indio que solloza no llega a su tierra”. Y de eso, que llegue el día que digo, vivo sollozando.
Una cosa me entristece: dejar de escribir este Itinerario. Sin embargo, en medio de estas decisiones, me propongo conservar la sección que tengo en Cultura de EL UNIVERSAL hasta el día en que pueda manejar la pluma, que quedará en el tintero en que por años he mojado la pluma para escribir Itinerario, con el máximo amor y la extrema decisión de ofrecer algo a los lectores que pueda tener, que si no les instruye, les dé entretenimiento, así sea el solo tiempo en que dure su lectura.
Esta, repito, no es una despedida, pero lo parece. Cosas que quisiera pasajeras en mí, pero que me asedian; así esta mañana en que escribo esta la antepenúltima colaboración. Esperar, como se dice en zapoteco, qué otra cosa, si no la muerte y concluir la tumba que comenzamos a cavar desde la hora en que nacemos.

WIKIO

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