Silvia Favaretto: Entre la carne y las palabras
La escritora Silvia Favaretto estuvo en Saltillo y habló con Vanguardia sobre su obra poética
Por: Sylvia Georgina Estrada24-Julio-2008

Silvia Favaretto es de sangre italiana, pero de inspiración hispana. La escritora ha encontrado en el español el idioma para crear la mayor parte de su obra poética y después de leer sus poemas en Colombia, Guatemala, El Salvador y Argentina, llega a Saltillo para presentar su primer libro editado en México, “Entre la Carne y las Palabras”.
Con cuatro publicaciones en su haber, Favaretto tuvo un encuentro afortunado con Alejandra Peart, quien le propuso hacer una recopilación de obra para la editorial Atemporia, que desde el pasado sábado ofrece este libro en el Centro Cultural Ágoras.
El resultado es una antología que recoge el trabajo poético que ha realizado la italiana a lo largo de varios años y que incluye las publicaciones “Carne del Tiempo”, “Poemas de una Noche en Vela”, “Las Flores del Mar” y “Palabras de Agua”.
Pero ¿cómo fue que el español se convirtió en la materia prima de su poesía? Se le pregunta a la autora, quien habla este idioma con soltura y precisión.
Favaretto recuerda que hasta el 2004 escribía en italiano y se autotraducía al español, pero el último libro que publicó antes de la antología de Atemporia, “Palabras de Agua” –ganador del premio Ibiscos en 2006– lo escribió en español y luego lo tradujo al italiano.
“Para mí el idioma de la inspiración siempre ha sido el español. Yo soy italiana, nací en Venecia, mis padres son italianos, mi lengua materna, la lengua de mis muertos, es el italiano. Tengo unos parientes en Argentina y Colombia a los que visité, fue ahí cuando sentí la seducción del idioma, me gustaba mucho pero seguía siendo algo extraño, algo ajeno y según mi forma de sentir eso me atrae mucho más.
“Las palabras españolas me encantan, me seducen, me atrapan, les siento una magia que a mi propio idioma no puedo sentirle porque es algo común, algo de todos los días. Desde el comienzo escribí algunos poemas en español y en otros detonaban la inspiración y luego los pasaba al italiano. Ahora estoy en un momento de mi vida en que trabajo mucho con el español, dando clases y escribiendo, y se ha hecho parte fundamental de mi vida y sigue siendo el idioma principal de mi inspiración”, expresa.
En su obra el amor es un elemento constante, pero la autora también explora otras emociones para dar vida a textos esencialmente vivenciales.
“Cada libro tiene su tema principal y de alguna forma soy yo el hilo conductor, en mis poemas aparece mi forma de percibir la realidad, mi actitud hacia la vida, lo que me pasa, lo que sufro, lo que gozo. Seguramente soy yo el eje central por el que pasa todo lo que escribo, mis emociones el tema fundamental que regresa en cada libro.
“En el último libro está muy presente la sensación de la muerte y cómo sobrepasar momentos feos, cómo lograr sobrevivir a eso y en el primero estaba más presente la amistad, el amor, todo eso que sentimos muy fuerte cuando somos adolescentes porque lo escribí siendo muy joven. El segundo lo escribí junto con Christian Pianebianco y es un cuaderno de amor, cada poema tiene el nombre de un personaje mitológico o de la tradición cristiana, por ejemplo María con Jesús o Ulises con Penélope, son una especie de diálogos de amor entre estas parejas que pueden ser hijo y madre, novio y novia. Son temas distintos según el libro”, precisa la escritora que radica en su natal Venecia.
Favaretto tiene claro que para ella la inspiración es esencial, esa visita de la musas que desencadena un brillo de lucidez en la mente y que empuja a la pluma a escribir algunos versos.
“En algún momento alguien me preguntó si para mí la poesía era inspiración o transpiración y en mi caso la poesía es transpiración, es algo que se me sale solo, que no puedo detener.
“Mi forma de inspiración es un relámpago que en vez de dejarme tirada y muerta en el piso me empuja a escribir. Tengo papelitos, servilletas de restaurantes, los tickets del autobús, yo escribo encima de cualquier cosa cuando me agarra la inspiración. Es algo muy inmediato, pero luego llega el momento en que me dedico a juntar esos pedacitos de papel y juntar las palabras en mi cerebro y trabajarlo más. Aunque la verdad es que no corrijo mucho lo que escribo, al contrario de cuando escribo narrativa o ensayo, me gusta dejar lo poético bastante salvaje, como nació, no cambiarlo demasiado”, finaliza.
Videopoemas
El trabajo de Silvia Favaretto adquiere un significado distinto gracias a Christian Panebianco, un novel cineasta que ha convertido en imágenes los versos de la autora.
Con un currículum que incluye cortometrajes y videos de horror, Panebianco expresa que el deseo de hacer videos que replantearan las tradicionales reglas del cine fue lo que lo impulso a inmiscuirse en los “videopoemas”.
“Me acerqué a la obra de Silvia, y a la poesía en general, y empecé a pensar en la poesía en relación a aspectos visuales, pero no como una producción fiel a las palabras del texto, sino como una representación en imagen del sentido de la obra. Al convertir el texto en imagen se vuelve algo diferente, incluso adquiere otro sentido”.
Agrega que el cortometraje es una forma de arte que tiene muchas dificultades porque hay muchas reglas “y uno tiene que acostumbrarse a ellas”.
En cambio, “el videoarte es una forma nueva y por eso no tiene reglas escritas y de este modo cada artista inventa su regla, y la mía es una forma progresiva de invención en cada video.
“Los textos de Silvia son muy distintos de mi idea de poesía y eso es fascinante, que dos personas que piensan en el arte de dos maneras distintas puedan juntarse y crecer con diferentes lenguajes”, finaliza.

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