Mirada poética en el Festival Internacional Santa Lucía
La exposición ‘Gabriel Figueroa. Cinefotógrafo’ le rinde homenaje a una de las figuras emblemáticas del cine mexicano
Por: Sylvia Georgina Estrada07-Octubre-2008

Como las grandes películas, la entrada a la exposición de Gabriel Figueroa es espectacular. A través de una escalera eléctrica el visitante es conducido a la magia de la fotografía, de las historias, del filme. Sobre el pasillo, que conduce a este recorrido por la mirada del cineasta mexicano, aparece una larga línea de imágenes en donde los protagonistas son los ojos de María Félix, ese rostro que para Figueroa era el máximo ejemplo de un encuadre perfecto.
Así, el visitante camina por un angosto puente que muestra, a cada lado, fotografías en gran formato de esas películas que signaron la época de oro del cine mexicano: “Los Olvidados”, “Macario”, “La Cucaracha”, y muchas otras que son proyectadas en una pantalla gigante para el deleite de los amantes del séptimo arte. Puente que finalmente conduce a la mirada de este poeta del cine, que quedó plasmada en cielos infinitos, en rostros marcados por la emoción, en composiciones perfectas.
Apenas inaugurada el pasado sábado, la exposición “Gabriel Figueroa. Cinefotógrafo” ha convertido a la antigua Nave Lewis, en el Parque Fundidora, en un paseo por el recuerdo, por la nostalgia que impregna cada una de las fotos, de los documentos y las películas que componen esta muestra que rinde homenaje a uno de los personajes más representativos del cine nacional a cien años de su nacimiento.
Gabriel Figueroa Flores, hijo del homenajeado, señaló que muchas de las piezas, en su mayoría películas, pertenecen a la colección que le dejó como legado su padre.
Y es que el cinefotógrafo dejó más de 25 mil tiras de fotogramas en sus archivos, así como cartas y fotografías de su prolífica carrera en el cine, que duró más de medio siglo.
“La diferencia es la lectura que se logra en un espacio tan generoso como éste, porque el Palacio (de Bellas Artes) es significativo, pero tiene espacios muy chicos y fragmentados; entonces (la exposición) es distinta, así se puede ver corrida porque la gente va entendiendo la curaduría de Alfonso Morales”, expresó Figueroa Flores.
“Es la misma exposición, pero mejorada, con pantallas más grandes y con salas pequeñas para que la gente vea las películas”.
Señaló que es un justo homenaje a quien es conocido como el cinefotógrafo más popular de México, además se mostró satisfecho de que la exposición viaje por muchas ciudades “para que muchos recuerden al cine nacional” o conozcan la obra de su padre.
Después de su estancia en Monterrey, la muestra estará, en el 2010, en Estados Unidos, en Los Angeles Contry Museum of Art (LACMA), informó el hijo del cineasta.
Por su parte, Ricardo Calderón Figueroa, subdirector general del INBA, afirmó que Figueroa es un espíritu contemporáneo, explorador de vanguardias y una referencia obligada del cine mexicano
“Gabriel Figueroa fue el fotógrafo más reconocido mexicano en el Siglo 20, reencarna esta mirada poética de forma plena e insuperable; el arte de Figueroa contiene un metalenguaje visual pleno de intencionalidad y fuerza dramática”.
Revisión exhaustiva
Más allá del trabajo artístico de Gabriel Figueroa, la exposición es una oportunidad para echar un vistazo a más de 50 años de la historia de la cinematografía mexicana. Esta retrospectiva es la revisión más completa que se ha hecho de la trayectoria de este fabricante de imágenes.
El recorrido por la exposición comienza con la etapa formativa de Figueroa, en la que trabajó como retratista de estudio, fotografiando a muchas de las divas mexicanas, a las que más tarde volvería a “capturar”, pero ahora con una cámara de cine.
Después se muestra su trabajo como “stillman” o fotógrafo de fijas, sus primeros pasos como iluminador y operador de cámara, hasta su conversión en figura emblemática de la fábrica de sueños, que igual trabajó con Emilio Fernández, Luis Buñuel o John Huston.
Una hora no es suficiente para apreciar el quehacer artístico de este maestro de la lente. En las más de 200 cintas que componen su filmografía, Figueroa dejó muestras de su cuidadoso manejo del encuadre, su dominio técnico, su pasión por el claroscuro, su afinidad con la estética de otros destacados artistas plásticos o Emilio “el Indio” Fernández.
De fotógrafo de estudio a referente obligado del cine, Figueroa jamás se quedó atrás, a lo largo de su carrera supo adaptar las transformaciones de un arte que era al mismo tiempo industria, expresión artística, espectáculo y medio de comunicación.
En medio de las fotos que muestran el “detrás de cámaras”, y de las pantallas, el espectador encontrará en los múltiples pasillos fotografías originales de su obra, grandes postres y cartelones de sus películas en blanco y negro o a color, tanto mexicanas como extranjeras. Además, numerosas salitas de cine se encuentran a lo largo del recorrido, en donde la oscuridad y la pantalla se convierten en la atmósfera perfecta para recordar grandes inolvidables como “María Candelaria”, “Allá en el Rancho Grande” o “La Generala”.
“Gabriel Figueroa. Cinefotógrafo” está dividida en 18 núcleos temáticos en los que se documenta, contextualiza y reinterpreta la iconografía que Figueroa aportó a la cultura visual mexicana del siglo 20. En ella se destacan los intercambios y colaboraciones que vincularon al cinefotógrafo con otros creadores: los directores Sergei Eisenstein, Emilio Fernández, Roberto Gavaldón, John Huston o Luis Buñuel; los pintores Diego Rivera y José Clemente Orozco; el grabador Leopoldo Méndez; los fotógrafos Luis Márquez y Manuel Álvarez Bravo; los escritores B. Traven, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Malcom Lowry y muchos más.
A lo largo de la muestra el espectador puede observar la variedad de géneros que Gabriel Figueroa frecuentó con el ojo de su cámara: comedias, melodramas, epopeyas épicas, adaptaciones literarias y cintas de carácter nacionalista. Imágenes de cielos, paisajes y rostros que jamás abandonarían a Figueroa, quien terminó su carrera regresando a sus raíces: la fotografía fija.
Es el vaivén del mar el que despide este paseo por la mirada y la memoria. La última sala se ha transformado en puerto y los visitantes caminan entre las maderas y pilotes hacia una de las últimas visiones de este alquimista de la imagen, que transformó película y químicos en mundos posibles, en la proyección nítida de nuestras pasiones, miedos y deseos.

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